Dublineses: Recuerdos muertos, personas moribundas

Basada en el relato de James Joyce titulado Los Muertos e incluido en el volumen Dublineses, la película de John Huston se presenta como una obra sólida, profunda y rematada con maestría. Podría parecer sencillo el trabajo de un director de cine que parte de un relato como este, de una calidad inmensa. Y no lo es. Siempre he pensado que las adaptaciones suelen arrastrar más sentido literario de lo deseable. Sin embargo, Huston traduce este relato al lenguaje cinematográfico con admirable oficio y buen gusto, haciendo una lectura muy exacta de lo que dice el texto original. Tan sólo, al finalizar la película, el discurso del personaje masculino principal es absolutamente literario y se ciñe mucho al texto de Joyce. Pero claro, es de una belleza tan abrumadora que sirve de cierre al trabajo dando más lustre (si es que eso es posible) al conjunto.
Se celebra una reunión de familiares y amigos burgueses en Dublín. Año 1.904. La película de Huston (del mismo modo que el relato de Joyce) trata de ser una fotografía de lo que eran esas reuniones y esas gentes. Decadencia, vivir de los tiempos pasados porque fueron mejores, de recuerdos, con miedo a cualquier tipo de variación en el entorno. Todos opinan sobre asuntos superficiales y cuando toca hacerlo sobre lo importante procuran no hacerlo. Lo fundamental se arrincona y allí nadie mira. Frivolidad y aislamiento respecto a otras gentes, respecto al continente, ajenos al mundo entero. Los hombres beben y desprecian los elementos cultos con los que las mujeres flirtean como si fueran juguetes.
Me gusta, especialmente, un momento en el que vemos cómo un hombre recita un poema. Para la época es vanguardista, arriesgado y extraño. Nadie entiende nada. Hasta la poesía ha llegado lo nuevo. Y conmociona a todos. El poema, por cierto, es de una belleza inmensa.
Todo parece moverse alrededor del pasado, de frases hechas que perdieron su sentido mucho antes de ser pronunciadas, frases elevadas a los altares por su ignorancia y su frivolidad.
Es verdad que aparecen algunos destellos de modernidad. Una mujer sufragista que abandona la reunión pronto, un borracho que relata lo que ve durante sus salidas pegando al mundo una reunión que roza el patetismo. Pero son sólo destellos.
Para los personajes el mundo es adorable porque lo necesitan. Pero es un deseo difícil de cumplir.
Y, finalmente, el discurso de Gabriel (Donald McCann) que habla sobre su esposa Gretta (Anjelica Huston) y sobre todo lo que ha sido su pasado. Aquí llega el gran mensaje de la película. Todos somos ahora. Y eso es tan cierto como que pronto todos seremos. Porque entre los muertos que nos precedieron y los que nos seguirán, están nuestros cadáveres jugando a vivir.
Las interpretaciones de McCann y Anjelica Huston son el ejemplo de lo que el director busca con su película. Se ven difuminados entre una fauna compuesta por iguales. No es que los trabajos se defiendan sin eficacia. Al contrario. Se logra ese efecto con un ejercicio de contención muy bien llevado.
La película (esa es la verdad) es muy lenta. Aunque su brevedad ayuda a que ningún espectador (incluso los amantes del cine de acción más exagerado) pueda llegar a aburrirse. Al contrario, la emoción arrastrada por unos diálogos muy bien construidos va creciendo según pasa el tiempo. Y a esa lentitud le acompaña una banda sonora (Alex North) exquisita y muy a juego con la decadencia que se dibuja en pantalla.
Muy bien el vestuario. Muy bien el guión. El mundo se va desnudando frase a frase sin remedio. Sin vuelta atrás. Muy bien casi todo, puesto que la puesta en escena es espartana en exceso y es ese casi.
Desde luego es una película necesaria. De un excelente director. Una película madura, exquisita. Si tienen un momento no dejen de echar un vistazo a Dublineses. Les gustará.
© Del Texto: Nirek Sabal


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