Mar Adentro: lágrimas a mogollón

Pretenciosa, tendenciosa y tramposa. No se me ocurre un calificativo diferente para definir una película que costó un montón de dinero y que sólo sirvió para que una historia compleja se redujera a una visión corta de la realidad por parte de Alejandro Amenábar. Bueno, para eso y para celebrar mucho su aparición en un mundillo del cine que anda buscando, sin parar, cosas que festejar aunque sean un paquete. Así las subvenciones parecen más justificadas.
Esta claro que cada cosa se puede contar de distinta forma. Esta claro que algunos asuntos tienen que enfrentarse con valentía por parte de la sociedad para dar solución a los problemas que hacen sufrir a las personas. Pero ¿es el cine la herramienta adecuada para canalizar las corrientes de opinión sobre aspectos determinados de la realidad? ¿Contar una historia con el fin de entender a su protagonista (que puede estar equivocado) tiene algo que ver con el cine? ¿Añadir aspectos lacrimógenos o elegir sólo una parte de la realidad es hacer buen cine? ¿No es más apropiado elegir una alternativa dentro del cine como, por ejemplo, el documental, para ventilar estas cosas?
Jugar a lo fácil -cuando hablamos de cualquier manifestación artística- suele dar como resultado un desastre. Mar Adentro lo es en muchos sentidos.
El guión de la película busca con insistencia un lugar común en el que empatizar con el espectador, en el que el personaje principal sea reflejo de las consciencias a base de filosofía barata y de una explicación del problema de la eutanasia activa bastante sesgada y, casi, vergonzosa. No se busca narrar sino convencer, enseñar la verdad de un problema (¿?). Los directores de cine deben limitarse a mostrar. Sólo eso. Lo demás es cosa de políticos y sacerdotes.
Los aspectos técnicos se quedan (todos) en normaluchos. Igual que las interpretaciones. El siempre sobrevalorado Javier Bardem no pasa de correcto. El resto del elenco, salvo alguna excepción, igual.
Una clara muestra (este Mar Adentro) de lo que es el cine de Amenábar. Salvando Los Otros y Tesis, el resto de películas se quedan en grandes promesas que no se cumplen.
Todo lo que pueda conmover de Mar Adentro se hace empalagoso al instante. Y de segunda clase. Las lágrimas de los personajes y su histrionismo intentan arrancar las de los espectadores añadiendo dosis inmensas de almíbar. Con ese guión no había otro camino, claro. Porque es mediocre y hace que los personajes terminen en la línea de salida. Ni un milímetro de evolución. Al señor Amenábar deberían explicarle que sin personaje no hay nada. No hay mundo que explicar, que no importa ese momento esencial en que el personaje debería sufrir un cambio brutal y el cosmos debería saltar hecho añicos. Si no hay personaje o hay nada.
Tal vez se libra del desastre Belén Rueda. Esta mujer da la talla, siempre. Y su personaje, a pesar del director, se beneficia de ello. El resto es para olvidar.
© Del Texto: Nirek Sabal


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