The prestige: Todo tiene truco

El más obvio de nuestros sentidos es a su vez el más caprichoso. Podemos tener algo delante y no verlo porque nuestros ojos seleccionan la realidad a su antojo. Y detrás estamos nosotros, gobernados por nuestra mente, que es simple y voluble.
The prestige o El truco final (2006), dirigida, producida y escrita por Cristopher Nolan, cuya obra maestra Memento no deja indiferente a nadie, es la historia de dos magos del siglo XIX, y antiguos compañeros, que compiten despiadadamente  entre sí por ser el mejor en su profesión y realizar el más asombroso truco final. Christian Bale y Hugh Jackman son Alfred Borden y Robert Angier, compañeros de trabajo hasta que Borden comete un error de cálculo que provoca la muerte de la mujer de Angier en pleno espectáculo de magia. A partir de entonces ambos lucharán sin plantearse límite alguno por ser el mejor mago en una época en la que la que la magia y el ilusionismo se presentan a lo grande en calles y teatros, atendiendo a la morbosidad del público. El que logre el truco final del modo más inimaginable será el mejor.
Esta magia no es más que un velo que envuelve la realidad actual en una ficción decimonónica. Obsesión, ambición, amor (sí, también tiene cabida en esta cinta de 130 minutos), orgullo y afán de victoria, son y serán siempre sentimientos universales. Pero las levitas, can-canes y sombreros de copa son la ilusión que traslada al espectador al siglo XIX. En este entorno bien conseguido, sin enfatizar, no obstante, en los rasgos característicos de esta época, nos mantendrá Nolan de principio a fin a merced de sus magos. Desapariciones y apariciones, falsos disparos, escapismos… para deleitar a su público, y a nosotros, el público de Nolan. Contemplaremos fascinados cómo desaparece un canario para después volver a aparecer, aún sabiendo que hay truco, y además querremos saber cuál es. No habremos llegado a la mitad del thriller cuándo nos demos cuenta de que éste también tiene truco, y como hace cualquier espectador en un show de magia, nos plantearemos todas las hipótesis, y esperaremos pacientemente y expectantes al final del espectáculo, ya sea más o menos predecible para el cinéfilo que llevamos dentro. Pero aún así, ¿querremos creérnoslo?
Ese es el interrogante que queda abierto en un final que, como el principio, narra Michael Caine (que repite en todas las de Nolan desde la primera de Batman) dirigiéndose directamente al espectador. El final puede satisfacer o no al que ha permanecido pacientemente ante la pantalla durante más de dos horas esperando alguna respuesta, pero no hay que olvidar que detrás de todo el artificio está Cristopher Nolan y sus ambigüedades y consiguientes debates que dan lugar a innumerables teorías . Sea cual sea la correcta, si es que la hay, para mí  The prestige (no me gusta el título en español) es un original modo de contar, una vez más, cómo el ser humano puede ser sencillamente manipulado por la realidad que lo rodea en plena consciencia y al antojo de su mente. Y es que pensemos o no más allá de lo que nuestra vista pueda alcanzar, lo que queremos es que nos engañen.
© Del Texto: Coletas


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