Buda explotó por vergüenza: Cine cristalino


Bajo presupuesto, ni una estrella del cine, todo como casi de andar por casa, una claridad expositiva difícil de encontrar hoy en día y autenticidad por todos los lados. Con eso se puede conseguir una película entrañable, deliciosa y, al mismo tiempo, inquietante.
Cada uno puede hacer la lectura que le apetezca de cada cosa de este mundo. Pero si el que narra sabe lo que tiene entre manos, poco a poco, nos veremos obligados (sin violencia alguna, salvo la que ejerce una voz narrativa coherente) a mirar y entender. Cada mirada con sus matices, pero ejerciendo de lo que es, de mirada.
Hana Makhmalbaf (siendo jovencísisma) rodó la película Buda explotó por vergüenza. Cuenta parte de un día de una niña pequeña que quiere ir a la escuela. Cómo intenta conseguir un cuaderno y un lápiz, cómo se va encontrando con un cosmos completo en un kilómetro cuadrado. La mujer frente a los talibanes, la mujer frente a las leyes religiosas entendidas por fanáticos, la mujer frente a la mujer, la mujer frente a un destino que parece labrado en piedra y que poco podrá modificarse. Y digo la mujer porque, aunque nos cuentan las cosas desde el punto de vista de una niña (una preciosidad llamada Nikbakht Noruz), el espectador adulto se encuentra (sin darse cuenta) mirando a través de los ojos de esa niña sin dejar su condición de persona formada. La niña ve a niños malos haciendo cosas que no le gustan y a las que no quiere jugar; el adulto se inquieta porque sabe que eso, al pasar unos años, será un terrible infierno para ella. La película presenta dos posibles lecturas simultáneas. Y cada una de ella es maravillosa.

Hacía muchísimo tiempo que no disfrutaba tanto viendo una película de cine. Cercana al documental; rodada, buena parte de ella, con la cámara sobre el hombro; desde lo exquisito de la sencillez; Buda explotó por vergüenza, es una cinta que puede gustar a cualquiera, que se puede ver en familia, que dejará poso en el espectador y podrá servir para entender lo que sucede en países como Afganistán.
Me ha encantado. No exagero. Me ha encantado, de verdad.
© Del Texto: Nirek Sabal


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