Balada triste de trompeta: Me llamo Javier, soy el payaso triste

No es de extrañar que la crítica, la prensa y muchos espectadores dilapiden esta obra del polémico director Alex de la Iglesia. Una película que usa el pretexto de la Guerra Civil como detonante de una etapa, que se extiende hasta nuestros días, para contarnos una historia desgarradora, violenta, de fuertes emociones, veloz como un tren a punto de descarrilar, de sentimientos encontrados, de despecho, de odio. Una oda al pagafantismo con un mensaje político y social que no a todos gustará. Es normal que sea duramente criticada y odiada, pues da una verdadera lección de humildad pero, a la vez nos advierte de una futura sensación de pesimismo, de que si esto sigue así nos vamos a ir a un pozo demasiado oscuro; de que ya es hora de dejarnos de tonterías y estúpidos debates del y yo más.
¿Que de qué coño estoy hablando? De este país. Sí, España; esa palabra en la que muchos escupen, otros adoran y a algunos como yo sólo les dice que es el sitio donde han nacido, viven, estudian y trabajan. El director arremete esta vez contra todo, republicanos, falangistas, ETA, Franco. Ya era hora de no dejar títere con cabeza. Y creo que se queda corto. Arremete contra toda esa España dejada atrás hace treinta años, pero que aún hoy sigue en una especie de lucha en silencio, una especie de guerra fría, que se ha transmitido a las siguientes generaciones con tan solo un sentimiento: odio. Un odio que ya no tiene ningún sentido ni perspectiva, digan lo que digan. Es una lección sobre lo que nos concierne ahora, lo que se debe hacer en el panorama actual, mirando al pasado para no olvidar. Es una crítica atroz a lo que lleva siendo este país desde hace más de 70 años, un completo circo, casposo y pueril, y que Alex de la Iglesia utiliza perfectamente a modo de metáfora centralizando la acción en dos payasos, Javier el ‘’Payaso Triste’’ (Carlos Areces, se come la pantalla este hombre, soberbio) y Sergio el ‘’Payaso tonto’’(Antonio de la Torre). El primero sufrirá la pérdida de su padre a manos del reclutamiento obligatorio de los republicanos en plena guerra, y luego lo volverá a perder a manos de los falangistas, lo que le marcará una vida de sufrimiento y rencor que florecerá cuando conozca a Sergio; el segundo es el jefe del circo donde trabajará Javier, un completo tirano que juega a dos caras y trata a Natalia (Carolina Bang, después de esta película creo que no veré unos pechos iguales y tan perfectos) como un mono de feria al que tirarse y maltratar cuando le dé la gana. Ambos payasos se enzarzarán en una lucha por el amor de una mujer que jugará con los dos cuando le convenga, una mujer sin personalidad, una mujer usada como la metáfora más pura de lo que ha sido este país, un completo putiferio que viene y va sin pedir ni dar explicaciones a nadie. Y que algún día, acabará quebrándose. Cáptenlo como quieran.
Alex de la Iglesia consigue una vez más una película muy personal, muy crítica, que no dejará indiferente a nadie, pero en la que deja un mensaje implícito por encima de todo lo que he hablado y que lo resume en el cameo de Fofito (conocido por todos en nuestra infancia) al principio de la película cuando los republicanos irrumpen en plena actuación obligando a los payasos a reclutarse: No me toque los cojones y dejen hacer mi trabajo. Un homenaje a todas esas personas que solo quieren dedicarse a lo que mejor saben, su arte, su trabajo, su vida. Un homenaje a toda esa gente que quiere mantenerse al margen de ideologías políticas, porque hay cosas más importantes en este mundo que estar matándonos e insultándonos unos a otros durante casi un siglo. Solo hay que abrir los ojos, y sobre todo, escuchar.
La película podría haber sido una obra maestra que por falta de presupuesto, no ha llegado a ser redonda del todo (hubo muchos problemas durante el rodaje y recortes en el presupuesto); su montaje adolece de muchos cortes y elipsis sin ton ni son, y es una pena porque podría haber dado más de sí. Es una historia con un desarrollo frenético, que muchas veces va a trompicones, y al espectador no le sobra tiempo a digerir lo que ve en pantalla, pero que contiene grandísimos momentos, con unas actuaciones notables y un elenco de personajes cuanto menos bizarro. Se queda corta en medios, pero de todas formas, el film es un espectáculo de principio a fin, serie b pura y dura señores. Ah, y genial la música de Roque Baños, como también es una maravilla la presentación de los títulos de créditos del principio, o el maquillaje en general (destaca los protagonistas, obviamente y, sobre todo, el actor Antonio de la Torre desfigurado). Una obra que con el paso de los años irá ganando, ya que como veo en muchos sitios, ha sido nulamente comprendida. Tanto por prensa como por espectadores. Eso sí, disfruté como un niño en dicho circo; en una sala abarrotada de gente, era el único que reía a carcajada limpia. No, no soy Tarantino en el festival de Venecia por si se lo preguntaban. Me llamo Javier, y soy el Payaso Triste, y seguiré leyendo El arte de la guerra en pleno centro comercial mientras escucho Raphael.
© Del Texto: Gwynplaine Thor


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