Brigadoon: Es posible

Refugiarse en mundos paralelos, imaginarios, inventados para hacer la vida más soportable no es patrimonio de los que vivimos estos años de angustia económica, de pérdida de referentes, relaciones de usar y tirar. Creamos vidas que duran un día, un minuto, incluso, a veces, tan sólo unos segundos. Todos tenemos nuestro propio Brigadoon.
Corría el año 1954 cuando Vicente Minnelli dirigió la película Brigadoon. Quienes me conocen saben que no me gustan los musicales, pero éste es uno de los pocos que me divierten y que, pese a que ya no tengo la alegría que tenía a los veinte años, sigue provocándome una sonrisa y añorar los mundos enanos.
Tommy Albright (Gene Kelly) y Van Johnson (Jeff Douglas), son turistas que viajan de Nueva York a Escocia, las Highlands. Las brumas hacen que se pierdan por el bosque y terminen en una aldea que no aparece en ningún sitio. La aldea es Brigadoon, un pueblecito anclado en las costumbres del siglo XVIII. Tras el inicial desconcierto por lo mágico del lugar, ambos se sentirán felices en aquel lugar. Allí Tommy conocerá a  Fiona Campbell (Cyd Charisse) de la que se enamorará. Pero, como no podía ser de otro modo, sobre Brigadoon pesa un encantamiento. En tiempos remotos un pastor solicitó a Dios que, para evitar el maleficio de unas brujas, durmiese a los habitantes de Brigadoon y solo les mantuviesen despiertos un día al año, esa era la única manera de salvar a la aldea de la maldad humana. Pero el amor entre Tommy y Fiona es tan grande que él no quiere abandonar la aldea. Deberán abandonar la aldea y la tragedia se cernirá sobre ellos, sobre todos; pero el amor, el de verdad, todo lo puede
Brigadoon es una fábula sobre el amor. Brigadoon no es un lugar físico, es un sentimiento. Posiblemente, estas películas, con gaitas y decorados de cartón piedra, con un argumento que algunos lo pueden considerar un pastel, no interesen a nadie hoy en día. Nos inclinamos más por los tiros, las pajas mentales y nos olvidamos de que el cine también se hace para soñar. Aprender a amar los sueños, a la buena gente, a los principios y valores que no deben quedarse en una mera declaración de principios que nos pasamos por el forro a la primera de cambio. Todo eso, aunque suene a pastel y a manido debería formar parte de nuestro aprendizaje como personas. De nada valen determinados conocimientos, posesiones e historias, si nos olvidamos de soñar, de creer en las personas, de esperar lo mejor del que tenemos al lado.
Entramos en fechas navideñas, siempre son épocas de cambio. Aprovechen para reflexionar sobre sus vidas, sobre su comportamiento con el mundo y su tolerancia a lo distinto. Se preguntarán que tiene esto que ver con la película. Y yo les digo que mucho más de lo que pueda parecer. Si tiene niños, véanla con ellos, escondan la Play, la Wii y todo eso que los está idiotizando, háganles ver cine, pasen su tiempo con ellos y háganles creer que Brigadoon es posible.
© Del Texto: Anita Noire


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