dic 19 2010

Pesadilla antes de Navidad: Encontrar el sentido de todo esto

Ando de limpieza estos días y, entre las muchas cosas que he encontrado y suponía perdidas y olvidadas, ha aparecido una copia de la película Pesadilla antes de Navidad. Una cinta de animación. Llegó a mis manos a través de un fanático de este tipo de cine y me la entregó, en su día, como si fuera una joya, una verdadera película de culto. Debo decir que en aquel momento era difícil encontrar una copia en DVD y que había removido Roma con Santiago para encontrarla. Un regalo de esos de amigo invisible que he conservado porque quien me lo regaló pretendía convencerme que la Navidad tiene su aquel.
Ayer, antes de decidir que hacer con ella, la volvía a poner en el reproductor de DVD y hasta le he encontrado mucha más gracia que la primera vez que la vi y eso que, sinceramente, ni los musicales, ni el rollo gótico me van. Pero esta cinta tiene algo que la distingue de otras películas de animación. No me preguntes lo que es porque no se lo sabría decir.
Pesadilla antes de navidad es una película prototipo de las de Tim Burton (la idea original fue de este director), dirigida en 1993 por Henry Selick. Película de corta duración, apenas poco más de una hora que, aunque no se lo crean les va a transportar de nuevo al mundo de los niños y sus miedos. No tengo yo muy claro que este tipo de películas que parecen hechas para los niños sean realmente para ellos. No por los monstruos, ni las sombras, ni nada de todo ello, sino porque en el fondo, sin dejar de ser de una sensibilidad pasmosa, tienen bastante más miga que la que parece.
En la ciudad de Halloween viven todos los monstruos que pueblan los sueños y pesadillas de los niños. Jack Skellington es el Señor de Halloween, un esqueleto elegante, encargado de preparar las fiestas más terroríficas del mundo, pero que para su pueblo (hombres lobos, momias, fantasmas, brujas, etc.) son las más alegres y divertidas. Pero Jack, pese a ser el más admirado de Halloween siente un profundo vacío interior. Marcha de la fiesta y va vagando por el bosques mientras va pensando en su insatisfacción por hacer siempre lo mismo y empiezan a aparecer sus miedos. No está contento, necesita encontrar cosas nuevas. En este deambular por el bosque, llegará hasta los árboles que le dan entrada a un nuevo mundo, la Navidad. Entra en aquel mundo que, en contraste con el suyo es luminoso, lleno de color. Jack cree haber encontrado lo que busca.
Mientras Sally una muñeca llena de costurones, sigue en el mundo de Halloween, bajo el dominio de su creador el Dr. Flinkenstein. Quisiera poder marcharse del lado del doctor y hacer su vida pero ella no es como Jack, es mucho más quieta, melancólica.
Cuando Jack vuelve entusiasmado de Navidad, intenta explicarles a todo el mundo que es eso y su propósito de mejorarla. Sin embargo, Jack, sin darse cuenta, sólo consigue transmitir detalles mundanos de regalos, etc.; sin conseguir hacerles llegar los sentimientos que le provocó Navidad. Nadie entiende nada porque todos lo ven todo desde el prisma de Halloween. Sólo cuando les habla de Santos Clavos (Santa Claus) consigue arrancarles cierto interés, cuando les dice que es el Rey de Navidad, lo mismo que el Rey de Halloween.
Jack quiere saber lo que es la navidad, comprenderla y se esfuerza para ello, buscando incluso fórmulas matemáticas, lo que le produce enorme insatisfacción pues no llega a coseguir ningún resultado. Disecciona los regalos de navidad (disecciona un osito), observa todos los objetos de navidad por el microscopio, intenta hacer un copo de nieve gigante.
Mientras Jack anda con sus estudios, Sally intenta fugarse de nuevo saltando por la ventana (no hay problema, es de trapo, cae al suelo se destroza y ella misma se recompone cosiendo). Sally correra hacia Jack que sigue obsesionado con la Navidad y ella, viendo el erróneo camino de su amado, intentará evitar que camine hacia el desastre cuando intenta suplantar, tras secuetrarlo, al propio Santos Clavos, fundiendo en una sola la noche de Halloween y la de Navidad. No va a ser bien recibido y, será entonces cuando se dará cuenta de la estupidez de abandonar su propia personalidad por transformarse en quien no es. A partir de ahí, intentará liberar a Santa de los verdaderos malos de Halloween. Finalmente, tras el rescate, algo maravilloso va a ocurrir, pero eso…, no se lo voy a contar.
La película, toda ella de una estética absolutamente gótica, es muy entretenida y la banda sonora, compuesta de diez canciones expresamente escritas por Danny Elfman, es estupenda y ajustada a cada uno de los personajes que la interpreta dentro de la filmación.
Debo decir que ayer noche, mientras veía esta película, a oscuras y en la pantalla del portátil, me pareció que los personajes terroríficos de la película, me hacían un guiño, se habían convertido en bellos y estupendos. No tenía intención de escribir nada en relación a ella, pero ahora pienso que, aunque pueda parecer una gilipollez y mi texto no consiga que les entren ganas de ver esta película, creo que debía hacerlo. Tal vez por Jack, o por Sally o por mí misma. Alguien debía colgar, en este blog de cine, esta pequeña obra de arte del cine de animación y esa sólo podía ser yo, alguien a quien en Navidad le da por cantar boleros y poner margaritas en su casa.
PD.: He decidido quedármela, la iba a regalar, pero creo que no. Hoy ya le he encontrado el sentido. Véanla, con sus hijos, estamos en Navidad, y no se queden en lo anecdótico, buceen un poquito. Feliz Navidad.
© Del Texto: Anita Noire


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dic 19 2010

Tron Legacy: En el hombre del hijo

Son las 19.30 del viernes 17 de Diciembre de 2010. Estoy sentado y completamente solo en una sala de cine en versión original subtitulada. Agarrado a la butaca tras dos horas. Empapado en lágrimas. Lágrimas que me siguen hasta mi casa. Incluso cuando escribo estas líneas. Llevaba un tiempo en el que el cine no me daba realmente ninguna alegría, ninguna satisfacción a nivel personal, ningún espectáculo que hiciera que mi sensibilidad se pusiera a flor de piel como ha pasado hoy. Un espectáculo visual, sonoro y narrativo como el que propone: Tron Legacy. Sí, esa secuela de la archiconocida película de culto que la factoría Disney creara en los años 80, una secuela de la que muchos no se esperaban gran cosa, de la que muchos me han llegado a decir que sería un fracaso y un auténtico castañazo. Muchos lo dicen y se reafirman en ello. Realmente me la suda lo que digan.
Se equivocaron. Sí, eso pienso.
El argumento nos sitúa veintisiete años después de la cinta original, exactamente la edad que tiene nuestro protagonista, Sam Flynn (un desconocido Garrett Hedlund que va a dar mucho que hablar, o eso espero) que es el hijo del archimillonario e informático que ha levantado un imperio de la nada, Kevin Flynn (Jeff Bridges, increíble como siempre). Su vida se ha echado a perder literalmente desde que su padre desapareció, dejándolo como el rico heredero de una de las mayores empresas de tecnología llamada Encom. Siendo tan joven, la empresa acabó presidida por otros socios y accionistas, viciando el mensaje primario del que Kevin Flynn quería hacer gala. Así, Sam ha pasado su vida dando tumbos, sin objetivo, pagando los pecados del padre, obstruyendo la mercadotecnia de la empresa gracias a la que vive, perseguido y odiado por todo el mundo, solo, huyendo de responsabilidades, de sí mismo. Un día, un antiguo amigo de su padre y el segundo de a bordo del negocio, Alan Bradley (Bruce Boxleitner, que también aparecía en la original, esta vez ya con unos cuantos años de más), creador del juego Tron, recibe un mensaje en su busca, un aparato que no usaba desde los años 80, desde los recreativos que regentaba Kevin. Un mensaje que no duda en comunicar a su hijo, que acudirá intrigado y descubrirá a lo que se dedicaba su padre todas las noches. Allí, en un sótano oculto, como si bajara por la madriguera de conejos en Alicia en el País de las Maravillas, nuestro héroe será transportado al universo onírico digital llamado La red, donde un programa llamado Clu hecho a imagen y semejanza de su padre y que gobierna de manera totalitaria. En su periplo se encontrará con su verdadero padre, recluido en un exilio en compañía de un programa llamado Quorra (Olivia Wilde, un bellezón de mujer) que es el último superviviente de un hecho grave llamado La Purga y por la que Kevin quedó encerrado veinte años allí. Nuestro trío de protagonistas intentará hacer caer el mundo de Clu desde sus cimientos.
Una película llena de referencias, compleja y simple a la vez, que aunque pudieran pasar desapercibidas para el público en general, están presentes:
-Literarias: como ya he mencionado la obra de Lewis Carroll, ese joven huidizo de la realidad y las responsabilidades que se evade en un mundo virtual que acabará agarrando el destino con sus manos; o Viaje al centro de la Tierra de Julio Verne; están claramente introducidas en algunas escenas de la película, entre otros relatos de otros autores.
-Religiosas: la Santa Trinidad, Padre-Hijo y Espíritu Santo. Kevin, Sam y Quorra respectivamente, y es que ésta última sirve como el elemento salvador de nuestros protagonistas, una fuente pura, inocente y llena de sabiduría, un eje al que agarrarse cuando todo va mal. Y esa referencia al número tres en múltiples elementos del decorado o el vestuario, que aunque subliminal, aporta una descripción a ese mundo y esos personajes. O la oposición cielo-infierno y cómo se plasma la división con tonos azules y blancos, y tonos cálidos y naranjas respectivamente para diferenciar unos personajes de otros.
-Filosóficas: el eterno retorno de Nietzsche como elemento de causalidad, un principio y un fin que a su vez genera un nuevo principio, una nueva era, un traspaso generacional de padre a hijo que tiene su mayor simbología en el aro o círculo que llevan los protagonistas a sus espaldas, que simboliza lo infinito. Es curioso como una película con un trasfondo religioso se contrapone con esto que acabo de decir. Bueno, no tanto…
-Cinéfilas/musicales: Aunque bebe de su propia fuente estética creada hace más de dos décadas, se reverencia u homenajea (algunos dicen que es una parodia barata, en fin…) a películas como Blade Runner (esa ciudad virtual sumida en una oscuridad latente y decadente bajo luces de neón, humo y lluvia constante), 2001: Una odisea en el espacio (en lo que se refiere a decorados interiores), Star Wars (Jeff Bridges recuerda a Sir Alec Guinness haciendo de Obi-Wan Kenobi; es casi anecdótico) por poner ejemplos conocidos. Y en música ese magnífico tema Sweet Dreams de Eurythmics en un momento dado, o la referencias a obras de Vangelis y Hans Zimmer.
-Sociales: Una crítica, aunque superficial, a empresas que no tienen en cuenta a los usuarios y que monopolizan el mercado con productos de dudosa calidad, como una que todos conocemos y saca un sistema operativo cada tres años;   reflejada en el cinismo de los accionistas e informáticos (curioso el cameo de Cillian Murphy) que no dudan en vender mierda para hacerse ricos. Una crítica a la ambición desmesurada que acaba convirtiéndose en un monopolio, en un régimen totalitario, por culpa de la búsqueda de una perfección utópica, infantil, pero que existe en nuestra realidad. Una crítica a la sociedad que hemos creado, de la herencia de valores de padres a hijos, del qué estamos aportando a nuestros jóvenes (que no es más que odio y miedo y que acaba derivando en la evasión de la realidad a través de alcohol, drogas y un largo etc.). De la enorme magnitud y lo complicada que puede ser nuestra infancia y cómo un hecho determinado puede ser la causa y el principio de grandísimos complejos que derivarán en nuestros actos cuando seamos mayores de manera casi inconsciente. De la aceptación del yo como una entidad individual y no grupal (al contrario que los regimenes totalitarios). Para ser claros, del perdón entre una generación y otra.
Técnicamente la película es sublime, aunque creo que me quedo corto con este adjetivo; con una estética que ya es una marca en sí misma, una franquicia generadora de todo tipo de merchandising; un diseño de vestuario y de elementos del decorado brutal, con identidad propia; con una fotografía espléndida a pesar de que prácticamente toda la película son efectos especiales y chroma, pero si os doy mi sincera opinión, en la que los personajes están tan perfectamente integrados con lo que ocurre en pantalla que uno se mete de lleno en la acción; incluso revoluciona el hecho de ver a Jeff Bridges (el papel del doble maligno, Clu) hecho totalmente por ordenador con aspecto de joven; no quiero pensar cómo será el cine de aquí a veinte años, da hasta miedo, es demasiado real; una banda sonora original creada por el famoso grupo de ritmos electrónicos Daft Punk que es una absoluta maravilla; y un apartado sonoro en general absolutamente genial. La gente que le motive todo esto, disfrutarán con el espectáculo. Quizás falle la frialdad de las actuaciones, y alguna cosilla de guión, pero no creo que sea para tanto, su objetivo es entretener, y lo consigue con creces. Y un consejo, véanla en V.O.S., el doblaje a nuestro idioma es más que patético, por no decir de risa.
En definitiva, puedo equivocarme, puede ser una película más del montón y haber hecho mella en mí la nostalgia de mi niñez y haber visto una paja mental que me ha encandilado de principio a fin. Puede que incluso dentro de unos años, cuando la vuelva a ver no la mire con los mismos ojos. Pero sí que puedo decir una cosa, he sido feliz durante dos horas, y eso no me lo va a quitar nadie. Debo dejar de ser tan moralista. No va conmigo.
© Del Texto: Gwynplaine Thor

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