La gran final: Me gusta er furgol

Se me ocurren pocas cosas por las que el mundo entero se pueda llegar a mover como si fuera un todo. Tal vez la doce campanadas del último día del año sea la ocasión que más personas hacen lo mismo en el mismo instante. Aunque no todos comemos uvas a la vez. La tierra es redonda y tiene esos problemas de horarios. ¿La final de la copa del mundo de fútbol? Eso sí. Sea donde sea, a la hora que sea. Todo se convierte en un partido de fútbol. Es muy difícil comprender cómo algo tan simple como este deporte puede movilizar a millones y millones de personas en cualquier parte del mundo.
Gerardo Olivares rodó, el año 2.005, La Gran Final. Rozando casi el documental, intenta que echemos un vistazo dónde, cuándo y cómo (el por qué no se incluye en el desarrollo de la película) el fútbol mueve a los seres humanos hasta hacer cosas insólitas para disfrutar de él. Elige, para ello, tres escenarios diferentes entre sí y alejados por miles de kilómetros. En estos escenarios se moverán personajes de lo más pintorescos. Los mongoles en las montañas de Altai, los nigerianos en el desierto del Tenere y los indígenas en la selva amazónica. Diferentes hombres y mujeres, diferentes motivaciones, diferentes culturas y un solo objetivo compartido: ver la final de la copa del mundo de fútbol que jugarán las selecciones de Alemania y Brasil.
El mundo se detiene durante el tiempo de juego. A partir del final del encuentro, todo vuelve a ser como era noventa minutos antes (en el país ganador el cambio se mantiene durante unos días más por la euforia y eso).
La Gran Final es una película sin grandes pretensiones narrativas. Arranca con la idea del individuo solitario, autónomo e independiente de los demás. Y termina con la misma. Pero hay cosas poderosas que podrían hacer de la humanidad otra cosa y por ello hay que tenerlas localizadas. Algo tan absurdo como el fútbol, por ejemplo. Lo importante es que nos muestran lo iguales que somos unos y otros aunque nos separen culturas, kilómetros o el progreso.
La fotografía es espléndida. Los escenarios por su grandeza se tornan en protagonistas desde el comienzo. Los actores, todos aficionados o primerizos, pasan desapercibidos en su actuación aunque no por lo que representan en sí. Porque eso que representan es la normalidad del hombre, lo corriente de la humanidad. Lo que vemos por las calles de todo el mundo.
La Gran Final es muy divertida. Y, sobre todo, muy original. Echar un vistazo a la película es, con toda seguridad, pasar un buen momento frente a la pantalla. Con niños y jóvenes (a estos les encantará). Con las chicas de la casa porque la película no ve de fútbol. Va de personas. Nadie se aburrirá.
© Del Texto: Nirek Sabal

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