Topaz: Las cosas serias desde el ridículo

Si tuviera que dar el nombre de una película que vi siendo niña, de la que no entendí nada, pero de la que sea capaz de recordar alguna escena que me impactara especialmente; esa es, sin duda, es Topaz. Una tarde de domingo, con no más de diez años, en una sesión doble del cine de mi barrio,  fue cuando la vi. Y me enfadé porque yo no entendía nada y mis hermanos mayores hablaban sin parar de ella, sin que yo pudiera decir ni media.
Una película sobre la guerra fría, sobre espías, traiciones y un lío descomunal sobre secretos militares y políticos, sobre Cuba, sobre la ex-Unión Soviética y sobre todas esas cuestiones que durante años preocuparon al mundo y que un día dejaron de importar. Todo eso lo sé ahora, pero lógicamente no cuando por primera vez pude ver, en una sala de cine, de esas de reestreno, esta película dirigida por Alfred Hitchcok.
Creo que muy pocas personas la recuerdan y creo que muchísimas menos saben que es el genio del cine de intriga y suspense quien la dirigió. Creo que ni siquiera yo recordaría nada si no fuera porque me empeñé en tener una copia de esta cinta y, hace ya algún tiempo, me senté a buscar esa escena que recordaba con una claridad meridiana; la de una mujer a la que le sangra abundantemente y deja un rastro que la traicionará y la encaminará a un final fatal.
En 1962, un oficial de los servicios de espionaje soviéticos, Boris Kusenov deserta a Estados Unidos desde Dinamarca junto con su esposa e hija, llevando con el información sobre los acuerdos de misiles entre los rusos y Cuba, así como de la existencia de una organización llamada Topaz, controlada por los franceses, que pasa información de la OTAN a la a la Unión Soviética. Nordstrom (John Forsythe) es el agente de la CIA encargado de interrogar a Kusenov, y solicita la ayuda de su amigo, el agente francés André Devereaux (Frederick Stafford). El francés, junto a su mujer Nicole (Dany Robin), su hija Michèle (Claude Jade) y a su yerno, el periodista François Picard (Michel Subor) viajará a Nueva York, para trabajar en la investigación e interrogar al representante de Cuba que debe hablar ante la ONU. Tras un plan complicadísimo, Devereaux consigue robarle a Rico Parra (John Vernon), el representante cubano, los datos que permiten confirmar las sospechas sobre la existencia de Topaz y la fuga de información. Con todo ello, volará hasta Cuba, donde se encontrará con su amante, Juanita de Cordoba (Karin Dor), una espía contrarevolucionaria, relacionada también con Parra que terminará muerta a manos de éste último. Devereaux regresa a Francia y allí descubre que su mujer, Nicole, es la amante de Jacques Granville (Michel Piccoli), compañero suyo en la resistencia francesa. El yerno, Picard, por su lado, continúa sus investigaciones e interroga al funcionario de la OTAN, Harri Jarré (Philippe Noiret), quien aparece muerto al poco tiempo. Finalmente Picard muestra a la familia un retrato de Jarré y Nicole termina admitiendo que le conoce y, confiesa el nombre del jefe de Topaz, que no es otro que su amante Granville, el topo.
Topaz es una de las últimas películas que dirigió Hitchcok. Una película de traiciones en lo político y en lo personal. Una película que creo que no ha sido demasiado comprendida dentro de la filmografía de este director. La película está basada en la novela de Leon Uris (creo que por mi casa corre un ejemplar, comprada en una librería de lance por el mismo motivo que por el que adquirí la cinta, un impacto infantil).
Puede que una de las cuestiones que llama la atención en esta película es el hecho de que el director renunció a que la misma fuera protagonizada por actores de relumbrón y que apoyara gran parte del desarrollo de la doble trama de la película (la amorosa y la política) sobre los actores secundarios que intervienen. Puede que también sea que, por primera vez, deja de lado a su compositor musical habitual y se hace acompañar por Maurice Jarre o porque el guión, pese a quien le pese (incluso a Truffaut), es bueno, muy bueno.
En su día obtuvo unas críticas fatales (eso me dijeron mis mayores). Sin embargo, cinematográficamente hablando contiene unos estupendísimos planos que son incluso novedosos en la manera de filmar de Hitchcok (pese a que ya estaba llegando al final de su carrera). En todas y cada una de las escenas relevantes de la película encontrarán una doble intención, nada es lo que parece y eso, pese a que dicen que es la película menos hitchcokiana, nos devuelve al maestro una y otra vez.
En su día me impactó la mano sangrante. Hoy me quedo con la muerte de Juanita de Cordoba a manos de Parra. Una muerte vista desde arriba con un despliegue del vuelo de su falda morada que quita el hipo. Una de las imágenes más bonitas de toda la película.
Puede que esta cinta la guarde en mi haber por aquello de las cuestiones sentimentales pero se la recomiendo para que puedan ver como caricaturizando al mundo (no se pierdan el aspecto de los cubanos -todos toscos y, y el de los franceses muy refinados y preparados para dar para el pelo) pueden contarse cosas tan serias como lo hace el genio Hitchcok; la traición, se dé donde se dé, siempre tiene un precio.
Véanla.
© Del Texto: Anita Noire


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