Marchando otra de castañas

Wasteland

Un tal Lucy Walker firma un documental que retrata la vida de un artista brasileño llamado Vik Muniz, cuyas obras se realizan reciclando materiales, y esta vez ha decidido irse al mayor vertedero del mundo, el cual es un islote por el que solo se puede llegar a través de un puente y que está en Río de Janeiro. Todo muy bonito, los ecologistas están de enhorabuena, pueden sacar el champán. Los snobs y cantamañanas también. Pero yo no soy tonto, tal y como rezaba la promoción de una importante franquicia de hipermercados tecnológicos. Es un documental tramposo, hipócrita, falso, y todos los sinónimos que queráis encontrar del mismo estilo. Vale, lo admito, me salí a los 50 minutos, pensé en algún momento si aquello era de verdad una campaña ecologista, incluso tuve esperanza. Pero no, esta obra no es más que un despropósito egocentrista para hacer lucir y promocionar al llamado artista Vik, haciéndose pasar por mártir, creyendo que va a cambiar la vida de la gente que vive hacinada entre montañas de basura, posando para cámara mientras sus congéneres le hablan como si lo hicieran a una pared, un tal Vik que me la suda si es bueno haciendo su trabajo, porque lo único que quise en los 50 minutos que aguanté en la sala fue darle una buena paliza a ese hombre de sonrisa fría, falsa, estúpida. Lo dicho, ecologistas y snobs, seguid premiando este despropósito en festivales como Sundance, pero para mí, esto no es la realidad, es una publicidad de casi dos horas.
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The Temptation Of St. Tony

El argumento nos sitúa en la vida de un hombre que poco a poco lo va perdiendo todo, pero que a pesar de ello, intenta no perder su dignidad, un viaje hacia el infierno donde lo intentarán seducir pecados como la gula o  la lujuria. Una obra basada y estructurada en el Infierno de Dante (La Divina Comedia) llena de metáforas y paradojas sobre nuestra sociedad, una película que nos habla sobre la crueldad del ser humano, de cómo sucumbimos rápidamente a los distintos placeres, una crítica a la falta de moral, todo visto a través de nuestro protagonista que poco a poco se va derrumbando y sumiendo en una locura sin fin, donde las personas que lo rodean están aún peor y lo pondrán entre la espada y la pared. Una historia sobre la pérdida del amor, la frialdad de los sentimientos, pero también de la falta de la lógica, de la razón. La de un mundo sin valores y principios. Ciertamente, tengo sentimientos contradictorios con esta película ya que tiene momentos realmente buenos si vemos las escenas por separado (incluso brillantes, gracias a la música, muy grande ese tema musical y que podéis escuchar en el trailer, y la excelentísima fotografía), pero que en conjunto acaba resultando espesa al espectador menos avispado; y por otro lado, es claramente un ejercicio de rollo yo solo me lo guiso y yo mismo me lo como que encantará a bohemios y demás estamentos sociales pseudoculturetas que parece que solo han visto cine de Haneke y Lynch, y que le van estas películas checoslovakas como digo sarcásticamente a este tipo de películas que no conoce ni Dios. Ni Buda. Ni siquiera Espinete, joder.
© Del texto: Gwynplaine Thor
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