Amanece que no es poco: Spain is diferent

Por una constante aversión a lo que es nuestro, el españolito de a pie tiende a considerar que el cine español es una porquería. No seré yo quien diga que todo lo que se rueda en este país es bueno y genial; porqué no lo es. El partidisismo, el seguidismo y las subvenciones amiguistas han hecho mucho daño la cine, es cierto. Sin embargo, existen algunas películas que uno no puede dejar de ver.
Una de estas películas es Amanece que no es poco. Una de las grandes del cine español que te hace reír sin necesidad de faltar a nadie y que se ríe de todo y de todos aplicando el desquicie por donde puede. Si uno quiere pasar un buen rato no se la puede perder, es una verdadera obra maestra del humor, tan disparatada que nada es previsible. Olvídense de verla aplicando las leyes de la lógica. Creo que su director, José Luis Cuerda, la encerró en una vasija que selló con pez y la tiró al fondo del mar.
Aquí no hay ninguna lógica, la sucesión de gags y de escenas desternillantes es continua. La sociedad española del topicazo deformada hasta el absurdo sin que por eso nos dejemos de ver reflejados en ella. Una película para pasar una tarde tan divertida que sin lugar a duda no van a olvidar.
En Amanece que no es poco, el elenco de actores es grande y variado, una película coral en mitad de un pueblo absolutamente surrealista. Todos y cada uno de los que intervienen en este chaladura de película están espléndidos: Antonio Resines, Cassen, Luis Ciges, Enrique SanFrancisco, Manuel Alexander, José Sazatornil, Chus Lampreave, Gabino Diego, Maria Isbert y muchos otros son los que nos van a transportar a esa locura de pueblo.
Teodoro (Antonio Resines) es un ingeniero español que trabaja en los EEUU y vuelve a España a pasar un tiempo. Cuando llega a España, descubre que su padre Jimmy (Luis Cignes) ha matado a su madre y, para compensarle de tan grande pérdida le regala una motocicleta Vespa. Juntos emprenden un viaje que les llevará a un pueblo de montaña de donde es oriunda la familia. Al principio les parecerá que está vacío, pero eso es porque todos los vecinos del pueblo están en misa. A partir de ahí, empieza la locura con la aparición de los sujetos más variopintos que puedan imaginar. Un cura que dice la misa en latín ante un público totalmente entregado que ovaciona al cura como si fuera un artista. Los mozos del pueblo que exigen que la querida del Alcalde, una jamona de buen ver, sea para todo el pueblo como si fuera un bien común. En el bar del pueblo, donde los vecinos se emborrachan a base de anís, un cantante de ópera esboza sus arias mientras en el fondo del local los habitantes del pueblo se meten mano sin piedad. El maestro del pueblo imparte sus lecciones a golpe de góspel, el pregonero del pueblo lee lo bandos haciendo saber que por orden de la autoridad que la divinidad es una y trina. Una mujer pare gemelos a los diez minutos de haberlos concebido. Un pueblo completamente disparatado en el que se eligen incluso por sufragio universal quien va a ser la puta del pueblo, un pueblo estrambóticamente culto donde todos hablan latín y son adoradores de Faulkner. Una locura. Podría seguir relatando las cientos de escenas disparatadas de la película y no acabaría.
Recomiendo a todos aquellos que creen que la vida son sólo las cosas sesudas, que son incapaces de reírse con las cosas más absurdas, que dejen de lado el estiramiento y el envaramiento pseudo-intelectual que suele darse en muchos casos y se partan de la risa frente al televisor. Creo que es una de las mejores maneras utilizar el tiempo, echarse unas risas aunque sean por un rato y vestidas de la locura que ojala tuviéramos siempre a mano. Presten atención a los diálogos si la risa se lo permite.
© Del Texto: Anita Noire


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