nov 22 2010

Amanece que no es poco: Spain is diferent

Por una constante aversión a lo que es nuestro, el españolito de a pie tiende a considerar que el cine español es una porquería. No seré yo quien diga que todo lo que se rueda en este país es bueno y genial; porqué no lo es. El partidisismo, el seguidismo y las subvenciones amiguistas han hecho mucho daño la cine, es cierto. Sin embargo, existen algunas películas que uno no puede dejar de ver.
Una de estas películas es Amanece que no es poco. Una de las grandes del cine español que te hace reír sin necesidad de faltar a nadie y que se ríe de todo y de todos aplicando el desquicie por donde puede. Si uno quiere pasar un buen rato no se la puede perder, es una verdadera obra maestra del humor, tan disparatada que nada es previsible. Olvídense de verla aplicando las leyes de la lógica. Creo que su director, José Luis Cuerda, la encerró en una vasija que selló con pez y la tiró al fondo del mar.
Aquí no hay ninguna lógica, la sucesión de gags y de escenas desternillantes es continua. La sociedad española del topicazo deformada hasta el absurdo sin que por eso nos dejemos de ver reflejados en ella. Una película para pasar una tarde tan divertida que sin lugar a duda no van a olvidar.
En Amanece que no es poco, el elenco de actores es grande y variado, una película coral en mitad de un pueblo absolutamente surrealista. Todos y cada uno de los que intervienen en este chaladura de película están espléndidos: Antonio Resines, Cassen, Luis Ciges, Enrique SanFrancisco, Manuel Alexander, José Sazatornil, Chus Lampreave, Gabino Diego, Maria Isbert y muchos otros son los que nos van a transportar a esa locura de pueblo.
Teodoro (Antonio Resines) es un ingeniero español que trabaja en los EEUU y vuelve a España a pasar un tiempo. Cuando llega a España, descubre que su padre Jimmy (Luis Cignes) ha matado a su madre y, para compensarle de tan grande pérdida le regala una motocicleta Vespa. Juntos emprenden un viaje que les llevará a un pueblo de montaña de donde es oriunda la familia. Al principio les parecerá que está vacío, pero eso es porque todos los vecinos del pueblo están en misa. A partir de ahí, empieza la locura con la aparición de los sujetos más variopintos que puedan imaginar. Un cura que dice la misa en latín ante un público totalmente entregado que ovaciona al cura como si fuera un artista. Los mozos del pueblo que exigen que la querida del Alcalde, una jamona de buen ver, sea para todo el pueblo como si fuera un bien común. En el bar del pueblo, donde los vecinos se emborrachan a base de anís, un cantante de ópera esboza sus arias mientras en el fondo del local los habitantes del pueblo se meten mano sin piedad. El maestro del pueblo imparte sus lecciones a golpe de góspel, el pregonero del pueblo lee lo bandos haciendo saber que por orden de la autoridad que la divinidad es una y trina. Una mujer pare gemelos a los diez minutos de haberlos concebido. Un pueblo completamente disparatado en el que se eligen incluso por sufragio universal quien va a ser la puta del pueblo, un pueblo estrambóticamente culto donde todos hablan latín y son adoradores de Faulkner. Una locura. Podría seguir relatando las cientos de escenas disparatadas de la película y no acabaría.
Recomiendo a todos aquellos que creen que la vida son sólo las cosas sesudas, que son incapaces de reírse con las cosas más absurdas, que dejen de lado el estiramiento y el envaramiento pseudo-intelectual que suele darse en muchos casos y se partan de la risa frente al televisor. Creo que es una de las mejores maneras utilizar el tiempo, echarse unas risas aunque sean por un rato y vestidas de la locura que ojala tuviéramos siempre a mano. Presten atención a los diálogos si la risa se lo permite.
© Del Texto: Anita Noire


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nov 22 2010

Marchando otra de castañas

Wasteland

Un tal Lucy Walker firma un documental que retrata la vida de un artista brasileño llamado Vik Muniz, cuyas obras se realizan reciclando materiales, y esta vez ha decidido irse al mayor vertedero del mundo, el cual es un islote por el que solo se puede llegar a través de un puente y que está en Río de Janeiro. Todo muy bonito, los ecologistas están de enhorabuena, pueden sacar el champán. Los snobs y cantamañanas también. Pero yo no soy tonto, tal y como rezaba la promoción de una importante franquicia de hipermercados tecnológicos. Es un documental tramposo, hipócrita, falso, y todos los sinónimos que queráis encontrar del mismo estilo. Vale, lo admito, me salí a los 50 minutos, pensé en algún momento si aquello era de verdad una campaña ecologista, incluso tuve esperanza. Pero no, esta obra no es más que un despropósito egocentrista para hacer lucir y promocionar al llamado artista Vik, haciéndose pasar por mártir, creyendo que va a cambiar la vida de la gente que vive hacinada entre montañas de basura, posando para cámara mientras sus congéneres le hablan como si lo hicieran a una pared, un tal Vik que me la suda si es bueno haciendo su trabajo, porque lo único que quise en los 50 minutos que aguanté en la sala fue darle una buena paliza a ese hombre de sonrisa fría, falsa, estúpida. Lo dicho, ecologistas y snobs, seguid premiando este despropósito en festivales como Sundance, pero para mí, esto no es la realidad, es una publicidad de casi dos horas.
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The Temptation Of St. Tony

El argumento nos sitúa en la vida de un hombre que poco a poco lo va perdiendo todo, pero que a pesar de ello, intenta no perder su dignidad, un viaje hacia el infierno donde lo intentarán seducir pecados como la gula o  la lujuria. Una obra basada y estructurada en el Infierno de Dante (La Divina Comedia) llena de metáforas y paradojas sobre nuestra sociedad, una película que nos habla sobre la crueldad del ser humano, de cómo sucumbimos rápidamente a los distintos placeres, una crítica a la falta de moral, todo visto a través de nuestro protagonista que poco a poco se va derrumbando y sumiendo en una locura sin fin, donde las personas que lo rodean están aún peor y lo pondrán entre la espada y la pared. Una historia sobre la pérdida del amor, la frialdad de los sentimientos, pero también de la falta de la lógica, de la razón. La de un mundo sin valores y principios. Ciertamente, tengo sentimientos contradictorios con esta película ya que tiene momentos realmente buenos si vemos las escenas por separado (incluso brillantes, gracias a la música, muy grande ese tema musical y que podéis escuchar en el trailer, y la excelentísima fotografía), pero que en conjunto acaba resultando espesa al espectador menos avispado; y por otro lado, es claramente un ejercicio de rollo yo solo me lo guiso y yo mismo me lo como que encantará a bohemios y demás estamentos sociales pseudoculturetas que parece que solo han visto cine de Haneke y Lynch, y que le van estas películas checoslovakas como digo sarcásticamente a este tipo de películas que no conoce ni Dios. Ni Buda. Ni siquiera Espinete, joder.
© Del texto: Gwynplaine Thor
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