Joy y Naufragio: Marchando un paquete de castañas

La película habla de una mujer que lleva buscando a su madre (que la había abandonado al nacer) durante mucho tiempo. Película de corte social, absurda, mal dirigida, de esas que se pasan por múltiples festivales y que no se entiende cómo es que gana menciones especiales o premios, y que probablemente les encante a snobs y pseudoculturetas de pacotilla. Guión estúpido, personaje irritante, sin progresión, por no hablar de que toda la película enfoca en primer plano a la protagonista (si, aunque parezca increíble, la cámara no quita ojo a la mujer en cuestión, llega a rozar algún plano medio, y de milagro), haciendo que el espectador se le canse la vista o se maree, y le haga pensar si es porque la directora no tenía imaginación o presupuesto (fíjense que la protagonista siempre lleva la misma ropa, absoluto). Prescindible a todos los niveles, porque no cuenta nada de nada. Decir que la gente salió espantada (incluido un servidor y su preciosa acompañante) antes de que empezase el turno de preguntas a la realizadora, una tal Mijke de Jong, seguramente conocida allá donde Van Gogh pintaba girasoles, o no. La historia en manos de cualquier otro realizador, habría resultado ser una película más humilde y menos pretenciosa. Lástima.

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Cuando en una película pasan cinco minutos y se te caen los párpados, es que muy mala ha de ser. La cinta va de un inmigrante subsahariano que da con sus huesos en nuestro país, y poco más que decir. El tal Pedro Aguilera, el realizador de la cinta dice que quería dotar de cierto simbolismo el viaje de nuestro protagonista. Yo solo sé que entre sueñecito y sueñecito veía pueblerinos del norte de España haciendo el garrulo, al subsahariano en rollo trance epiléptico, un gay que perdía aceite por el protagonista, una familia que comía horriblemente fatal, una prostituta que pasaba por allí, y un macarrilla. Simbología pura y dura. Ah, y el prota se llama Robinson, viva la imaginación. En definitiva, no hay por donde coger esta película y lo peor son unas declaraciones que he leído a raíz de su paso (y el de la película Joy) por el Festival de Cine Europeo de Sevilla que dice así: Ambas películas eran demasiado buenas para no mencionarlas; demasiado relevantes para las cuestiones fundamentales que se plantean en la sociedad actual, atrevidas y originales en cuanto a la forma de abordar dichas cuestiones. No podían pasar desapercibidas. Esperamos ver más obras de estos directores en el futuro.

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NOTA ACLARATORIA: Ambas han ganado una mención especial en el Festival de Cine Europeo de Sevilla. Y no, no quiero ver más obras de estos directores. No, por favor, Pedro Aguilera y tú, Mijke como se llame, dedicaos a otra cosa, el cultivo de cacahuetes en Alaska, o lo que sea, todo menos hacer cine. Es justo y necesario. Y vosotros espectadores, huid de estas dos películas, a no ser que las queráis usar como somníferos.
© Del Texto: Gwynplaine Thor


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