Copia certificada: Las dos parejas de Pompeya

Copia Certificada es la primera incursión en el cine europeo del director iraní Abbas Kiarostami, protagonizada por la lineal Juliette Binoche y el barítono Willian Shimell (una de las mejores voces de la lírica actual). Un escritor inglés James (Willian Shimell) se encuentra en la Toscana presentando un libro sobre las copias en el arte. Durante la presentación coincide con una galerista Ella (Juliette Binoche). El interés de Ella por James aparece desde el primer instante que le ve. Con la excusa de su tienda de arte y el libro escrito por James sobre el valor de la copia, la galerista le invitará a visitarla. Durante el dia que pasan juntos, inician una relación extraña en la que simulan ser un matrimonio del que ambos ambos se sienten profundamente insatisfechos, en la que ella reclama una mayor atención del supuesto marido que dedica todo su tiempo al trabajo,debiendo encargarse ella sola del cuidado de un supuesto hijo común. Durante la jornada en la que discurre la película, se plantea qué ocurre con el amor, con el matrimonio, si los sentimientos siguen perdurando pese al tiempo, sobre si se renuevan, mueren o mutan para, tras una crisis en el supuesto matrimonio, llegar a la conclusión de que no pueden estar uno sin el otro . Y ello porque, en definitiva, el matrimonio se sostiene en el tiempo asumiendo que todo cambia, que los sentimientos evolucionan, pero que la conciencia y la voluntad de continuar juntos es lo que hace que la unión permanezca. No sé si esto último es realmente el mensaje de la película en cuanto a las relaciones personales, al matrimonio y al compromiso de dos que unen sus vidas, pero esa es la idea que a mí me transmite. Sin embargo, bajo esta primera idea directa que la película muestra subyace otro tema distinto que, a mi parecer es el auténtico, el que de verdad interesaba a su director, el valor de la copia, de lo que no es original. ¿Vale más una buena réplica que un mal original? El titulo ya nos indica la temática, pero la complejidad del film hace que nos perdamos en esa idea y nos recreemos sólo en la que es meramente anecdótica.

Una película muy compleja pese a que aparentemente es de una sencillez abrumadora. Si la desligamos de las dos ideas que he mencionado (las relaciones perdurables y el valor de lo que no es original, de lo repetido) parece la historia de dos tarados que se inventan una vida que no tienen. Hay un tercer elemento que es fundamental en esta película y que sólo el cinéfilo o el que tenga verdadera memoria cinematográfica y que conozca los clásicos puede llegar a relacionar. Copia Certificada no tiene demasiado sentido si no la ponemos en relación con la película que allá por los años 50 rodó Roberto Rosellini. Me refiero a Te amaré siempre protagonizada por Ingrid Bergman y George Sanders. Solo a partir de la interrelación de estas dos filmaciones podemos entender la de Kiorastami y hacia dónde nos quiere llevar, no podrán evitar pensar que el centro de la película de Abbas Kiarostami es precisamente la de Rosellini. Las escenas, aunque en distintos contextos, son de contenido muy idéntico, una verdadera réplica.
Me explicaré. En la original, Te amaré siempre, Rosellini nos hablaba del amor, sobre el reconocimiento del compañero de vida por encima del hastió momentáneo que las parejas sufren. Esto lo explicaba a través de la historia de los Joyce. Un matrimonio británico que se trasladaba a Italia, para vender una villa que han heredado. Se plantean un viaje de placer pero, en cuanto salen de Londres y llegan a Italia ambos empiezan a experimentar un cambio vital en su relación, empiezan a sentirse como dos extraños. La incomunicación e indiferencia termina por instalarse entre ellos. Acabarán cada uno por su cuenta; ella quiere visitar monumentos, los lugares deliciosos que imagina encontrar; por el contrario, el quiere divertirse con unos amigos en Capri. La relación se torna imposible y en una discusión deciden divorciarse. Un amigo común les invita a visitar Pompeya, una propuesta que no pueden rechazar, lo que hace que, de mala gana, se trasladen hasta aquel lugar. Allí, mientras siguen instalados en su crisis personal descubren los restos de una pareja que quedo sepulta bajo la lava del Vesubio. La conmoción que ambos sufren al ver aquellas personas que permanecerán eternamente unidas crea una fuerte impresión en la mujer. Posteriormente, el vehículo en el que viajan queda atrapado entre las personas y los Joyce desconcertados bajan del vehículo viéndose arrastrados por la multitud hasta que se pierden. Es en ese momento, cuando uno queda sin el otro, al albur de un estado que no controlan, se vuelven a necesitar.
Pues bien, Copia Certificada es la réplica de esta magnífica película de Roberto Rosellini. El mal rollo que se genera entre los cónyuges de Rosellini es el mismo que fingen o recrean los de Abbas Kiarostami; la necesidad de atención que Ingrid Bergman reclama es la misma por la que Binoche batalla toda la película; la impresionante escena en la que el matrimonio de Rosellini tropieza con la pareja fundida en lava y deja a la mujer estupefacta ante la representación de la unión amorosa de dos hasta el final, es similar a la que siente Elle (J. Binoche) frente a la escultura de una mujer que reposa sobre el hombro del amado; el traslado a Pompeya se sustituye por la excursión a un pueblo de la Toscana. Los paralelismos, por no decir la copia, es total y la finalidad, creo yo, generar precisamente el debate sobre la bondad de la copia.
No creo que Abbas Kiarostami quisiera hacer una simple réplica actualizada, un remake adapatado de aquel film, sino que precisamente lo que quería era hacer era una copia que se viera como tal, no mejor que la película original (sinceramente no lo es), sino que nos acerque a la idea de la copia en sí misma, de la reproducción y de la repetición del todo. La línea argumental, si bien es distinta de la original Viaggio a Italia anda a la par.
Una película, como digo, muy compleja. No me ha gustado la sobreactuación de Juliette Binoche quizá porque no consigue transmitir nada. El aspecto físico de descuido con el que la caracteriza el director no me gusta tampoco. Sin embargo, no puedo decir lo mismo de Willian Shimell. Deben tener en cuenta que es la primera película que protagoniza, lo suyo es la opera y al parecer lo pasó francamente mal en el rodaje por la inseguridad que le generaba protagonizar esta película a lado de Binoche. Sin embargo su interpretación de británico estirado, que se cree por encima de todo, en posesión de la distancia que permite medirlo todo ,sin involucrarse ni sufrir; lo borda.
Una película dificil de digerir. Si no se ve relacionándola con la de Rosellini puede que pierda gran cantidad de su interés. De esta relación creo que se debería avisar o, al menos, hacer un guiño, para que el espectador encontrara la relación y dotase, a partir de ello, de un cierto sentido a determinados momentos de la película. Sin conocer la conexión creo que la película queda a medio gas. Pese a todo, estéticamente es una película preciosa, intimista, recreada en el detalle (el permanente pelo despeinado de Ella, en contraste con el siempre correcto James, esos labios pintados con un rojo intenso como la sangre que la protagonista pinta en atención al hombre que tiene frente a ella y termina limpiando en un gesto de renuncia, mil detalles para no perderse). La fotografía esplendida en un entorno encantador en contraste con la dureza de la relación que los protagonistas mantienen a lo largo de la filmación. El paisaje de la Toscana siempre es agradecido y luce como en pocas ocasiones en esta película ciertamente extraña.
Podría concluir que es una película excelente si quisiera dármelas de intelectual que rasca por encima de lo evidente y calificarla de perfecto debut del director iraní en el cine europeo pero, saben qué ocurre, que ni soy una intelectual, ni tengo un buen día. Hoy para colgarle la estrella de peliculón había que currárselo mucho. A pesar de ello, se la recomiendo como un ejercicio mental y como curiosidad. Eso sí vean primero Te amaré siempre de Roberto Rosellini y así le encontrarán la sustancia a la de Abbas Kiarostami.
© Del Texto: Anita Noire

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