The Matrix: El mesianismo entre bits

Platón ya defendía la existencia de dos mundos. El real (lo que conocemos a través de los sentidos) y el de las ideas. El griego no disponía de luz eléctrica ni nada que se le pareciese. Por eso utilizaba lo que tenía a mano para explicar su filosofía. A través del mito. Así lo hacía. Esto, en concreto, a través del famosísimo mito de la caverna que  intenta dejar claro eso de los dos mundos que conviven entre nosotros.
En La Biblia encontramos la más fascinante narración jamás escrita sobre el mesías y sobre qué papel tendría que interpretar en este mundo.
Budismo y taoísmo en oriente; Marx y Nietzsche (principalmente) en occidente ya nos avisaron sobre el peligro, sobre las terribles consecuencias de la alienación del hombre, de la renuncia que hace de sí mismo ante circunstancias determinadas.
En fin, desde el principio de los tiempos el ser humano se ha preguntado, ha intentado encontrar respuestas a sus máximas preocupaciones. Las diferencias han sido, sobre todo, estéticas ya que se han ido dando vueltas y más vueltas a las mismas cosas, profundizando aquí y allá, retrocediendo o avanzando para colocar las cosas en lugares comunes. Sólo Kant produjo una verdadera conmoción al inaugurar lo que conocemos por idealismo.
Y como modificación estética magnífica (por lo inquietante, sorprendente y perturbadora de la propuesta) apareció en 1.999 la película The Matrix. Que conste que no es mi intención comparar a los Hermanos Wachowski (directores del film) con Platón o con Nietszche; sólo quiero decir que todo lo que se cuenta ya lo habían dicho otros mucho mejor, tal vez mucho más difícil, seguro que con una carga filosófica abrumadora respecto a lo que se dice en The Matrix, pero sin una cámara de cine al lado, sin ordenadores y esas cosas. Y que conste, también, que no quiero (con esto último) rebajar los méritos de la película. Todas las películas, todas las novelas, cuentan lo mismo desde Homero. Era por centrar un poco el asunto.
En The Matrix está lo que ya he apuntado. Pero, también, la novela de Stanislaw Lem (el autor de Solaris) que tituló Ijon Tichy. Los parecidos son muy claros. Y la Alicia de Carroll se deja ver con insistencia entre los personajes (¿Recuerdan eso de elegir entre una píldora u otra, eso de seguir al conejo blanco? Se trata de la referencia literaria más explícita de la película). Hay en The Matrix muchos tipos de harina que llegan en diferentes costales.
Las mayores y más terribles críticas llegaron por este lado. La película se recibió como un refrito de películas y obras literarias que ya se conocían y que las recogía de mala manera para montar un numerito circense de muy poca calidad cinematográfica. Escenas espectaculares, peleitas y cosas así. Como ya he dicho cualquier película podría ser criticada por esa misma razón. No se salvaría ni una.
Mi opinión es, desde luego, muy distinta. Los Hermanos Wachowski lograron unir un guión mucho mejor de lo que podría parecer en un principio (es verdad que no es fácil de entender, pero eso es un problema del que mira la película y no del que lo escribe cuando el guión es bueno), cargado de frases que nos obligan a pensar sobre lo escuchado; una banda sonora muy notable; un montaje extraordinario y una puesta en escena espectacular. Lograron un conjunto difícil de superar si hablamos del género de ciencia ficción. ¿Es Solaris de Tarkovsky mejor película? Es otra cosa bien distinta, es casi imposible comparar a una con otra. Y esa pregunta formulada con respecto a cualquier otro film tendría la misma respuesta. Lo original de The Matrix es su mejor aliado.
Sí creo que se ha exagerado algo al valorar las interpretaciones del reparto. Parecen algo más de lo que son al mezclarse con tanto alarde técnico. Keanu Reeves es muy limitado al actuar y esta vez no iba a ser menos. Es un actor al que le falta mucho para llegar a ser uno de los grandes. Laurence Fishburne se limita a demostrar que las artes marciales están al alcance de todos, pero tampoco hace nada del otro mundo. Hugo Weaving lo mismo. Joe Pantoliano muy discreto. Tal vez la única que logra algo más notable es Carrie-Anne Moss. Sin grandes aspavientos consigue que veamos a su personaje con claridad y solvencia. Muy contenida en todo momento a pesar de que su papel invitaba al alarde facilón (digo tal vez porque la belleza de esa mujer me puede y, es posible, que me deje llevar por mi entusiasmo).
¿Qué cuenta The Matrix? El hombre, ante una situación extrema, destruye el sol para que las máquinas no puedan continuar con su dominación. Pero esas máquinas sustituyen la energía solar por la de los propios seres humanos. A partir de un momento determinado, se crean plantaciones de hombres y mujeres para poder conseguir la energía necesaria y seguir adelante. Sólo unos pocos son los que nacen en libertad y se refugian en Zion (ciudad inaccesible para las máquinas y situada cerca del núcleo del planeta porque es allí donde todavía hace calor). Las máquinas crean una realidad virtual que hace creer al ser humano que el mundo sigue siendo tal y como era antes de la guerra. Lo que vemos en la película es un segundo intento puesto que el primero fue un fracaso. Era un mundo en el que todos podían ser felices e iguales, pero la condición humana lo convierte en un fracaso. The Matrix es el mundo que oculta la verdad, la cárcel de las consciencias humanas. Es, en realidad, un programa informático de una potencia colosal aunque millones de hombres esclavos creen que es la realidad que viven. Thomas Anderson (Keanu Reeves) es informático e intuye que algo no es lo que parece. Termina contactando con Morfeo (Laurence Fishburne) que es un humano liberado en busca del que llama El Elegido, una especie de mesías que salvará al mundo de Matrix. Anderson se convierte en Neo. Y, tras un buen número de aventuras en el ciberespacio, comprende que se enfrenta a un programa informático, que todo está construido sobre parámetros y bits, que se puede hacer trampa y transgredir el sistema. Entre medias, combates, imágenes rodadas a cámara lenta en las que los personajes pueden superar cualquier dificultad que tenga que ver con la fuerza de la gravedad, explicaciones de lo que ha sucedido, huidas por las cloacas del mundo. Todo lo que uno puede imaginar.
Pero ¿de qué habla The Matrix? Los Hermanos Wachowski ya se encargan de formulan preguntas sin respuestas explícitas. Aunque, claramente, esta película habla de la esperanza, de esa que tiene el ser humano al mirarse el ombligo, esa misma que nos dice si destruís el planeta, si algo convierte vuestro mundo en imposible seréis capaces de salir adelante. Habla de la capacidad del hombre para destruir y para crear al mismo tiempo. Lo hace desde ese mesianismo tan antiguo en el que la humanidad siempre creyó. Pero no un mesianismo cristiano (el hombre se salva a través del mismo Dios). No, Neo es el Hombre, todos los hombres. Es el esfuerzo personal que siempre generará una posibilidad. Es el hombre que mira y sabe entender (para vencer a Matrix hay que entender lo que se tiene delante). No hay futuro si no somos capaces de intuir ese futuro. Ese es el sentido de The Matrix. Ya lo decía Platón.
Para los que disfruten con estas cosas, algunos detalles. El nombre del protagonista, Neo, proviene del griego (néos- joven, nuevo). El de Morfeo proviene del griego (morfé-forma). El de Trinity del latín trinitas. El joven, el guardián de los sueños y la trinidad encarnada por uno de los personajes. Paganismo, cristianismo y el propio hombre. Zion es casi lo mismo que Sión (lo que conocemos por Jerusalén, צִיּוֹן ciudad prometida por Dios a los judíos). Todo esto está muy bien (son algunos detalles, busquen más) y es difícil no levantar la ceja cuando se ve la película. Pero, francamente, creo que son guiños que dan lustre a la película. Si están por otra razón todo se desmorona en esta película.
Decir algo más sería repetir lo que se ha dicho un millón de veces sobre The Matrix. Ahora lo que toca es echar un vistazo de nuevo y buscar respuestas. Manta, sillón y una buena merienda.
© Del Texto: Nirek Sabal.

Imagen de previsualización de YouTube


1 Respuesta en “The Matrix: El mesianismo entre bits”