Dos Caras (I): Armadillo o la guerra de las consolas


Armadillo es un documental realizado por Janus Metz que nos cuenta una vez más la situación del conflicto afgano generado por la caída de dos famosas torres gemelas que ya son historia, y el disparate creado por un presidente americano que aún hoy perdura y carece de sentido alguno. Para ello, el autor decide narrar la historia de unos jóvenes soldados de la ISAF daneses que van a pasar 6 meses en dicho país, en un fortín que da pie al título de la cinta que nos ocupa. Una historia que se adentra psicológicamente en los efectos y consecuencias del conflicto, a través de diferentes visiones, la de los civiles que sufren el chantaje de los talibanes y tienen miedo de los aliados; y unos soldados ávidos de acción que creen estar en misión de paz y nunca arreglan nada, solo generan más muerte y miseria de la que ya hay. Un film que analiza de manera muy subliminal la tecnología punta del ejército aliado, y es que tan solo hay que darse cuenta de todos los aparatos electrónicos que llevan encima cada uno de ellos, de los instrumentos utilizados para captar talibanes desde el cielo y un largo etcétera que a más de uno se le quedará la boca abierta si es buen observador, y es que la guerra ya no es una guerra como las de antes, cada día todo está más informatizado, monitorizado, vigilado (sublime el momento captado desde una cámara en el casco de un soldado…).
Sin embargo, la crítica se centra en la inutilidad de todos esos aparatos frente a un enemigo fantasma (como se nos muestra en diversos pasajes), donde los soldados están siempre con el miedo presente en el cuerpo porque no saben distinguir entre un talibán de un civil, todo el mundo es sospechoso, todo el mundo puede ser un soplón, y a medida que transcurre el relato uno se sorprende de lo listos que son los talibanes a los que nunca se les ve pero que debido a sus estrategias de atacar, esconderse y camuflarse llegan a desgastar a sus enemigos, nuestros aliados; es sorprendente cómo en 6 meses los soldados que protagonizan esta historia acaban psicológicamente más inestables de lo que ya eran antes de entrar en batalla. Por no hablar del aburrimiento que es estar allí en medio de la nada recibiendo órdenes que tienen poca o ninguna coherencia, y es que ya tengo que llegar a la pregunta más obvia:
¿Por qué los aliados siguen allí? ¿Por qué tras casi 10 años no se ve ningún avance?

No es más que una guerra de guerrillas, y lo peor es que no son soldados de verdad los que se envían a aquel inhóspito lugar, sino unos niños hormonados y atolondrados queriendo jugar a videojuegos. Un videojuego donde los enemigos prácticamente van con lanzas y piedras, pero donde nunca se gana. Increíble. Destacar también el hermetismo del ejército en un momento dado, y cómo se insinúan las torturas y actos burlescos que allí se cometen, pero sin caer en lo explícito, una doble cara que no se ve, cruel, inquietante, que se intuye a lo largo del film y cómo se oculta a los medios. Por lo demás, el documental a nivel técnico es sublime, impactante, prácticamente las imágenes de los momentos de batalla parecen sacadas de una película bélica y el apartado sonoro lo acompaña y refuerza. En ese sentido es excelente.
Sin más, sólo les digo que es imprescindible verla para entender en qué se está convirtiendo el mundo en el que vivimos. No se la pierdan.
Game over.
© Del Texto: Gwynplaine Thor

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