Robert Mitchum Is Dead: Sobre la ilusión y el desengaño

Franky Pastor (Pablo Nicomedes) es un actorucho en paro, tímido, solitario, y bastante feo; que tiene un manager (llamado Ársene e interpretado por Olivier Gourmet) que es poco menos que un sinvergüenza, un ladrón y un estafador que cree tener el papel idóneo para relanzar la carrera del pobre Franky, que vive sus días imitando los diálogos de las películas antiguas en la intimidad de su casa. Un día, Ársene roba un coche a punta de pistola, coge a Franky y le ilusiona con la idea de ir a ver a un gran productor y director de cine que está en un festival más allá del Polo Ártico. Un viaje que les hará plantearse si es tan importante el objetivo como ellos piensan o disfrutar del camino.
La película nos presenta un dúo de personajes muy bien diferenciados, Franky por un lado es un ser dependiente, de pocas palabras, enamoradizo, que vive bajo la ‘’tutela’’ de su manager, hace y dice todo lo que acata éste último, sabiendo siempre que Ársene lo hace por su propio bien. Por el otro lado, el representante es un ser contradictorio, vive sumido en su nube de que podrá conseguir el éxito de Franky con el guión que porta en su maletín, pero a su vez vive en la realidad, y no duda en chantajear, extorsionar y robar para conseguir su objetivo, un ser de carácter fuerte. En su recorrido se encontrarán con personajes variopintos como un músico que parece salido de una peli de vampiros, una femme fatale con buenas intenciones, entre otros.
Una cinta claramente pesimista sobre el mundo del cine, con un metadiscurso destinado a todas esas personas que trabajan o quieren trabajar del medio que por h o por b nunca llegan a conseguir el reconocimiento que deberían merecer, todo ello a través de un género loco como las road movies. Es una película sobre el desengaño, sobre la desilusión, un film que nos está contando que hay que tener los pies sobre la tierra, ser humilde (algo que hace falta mucho en el medio cinematográfico). Un guión muy bien estructurado, con un buen arco de transformación para los personajes, dejándose de efectismos. Una película honesta sobre la otra realidad que no queremos ver, y esa verdad es que cuesta llevar algo a la pantalla grande, de conseguir los medios necesarios, de que confíen en ti a la hora de presentar un proyecto y financiarlo. Una fotografía notable, y una música sublime, así como el vestuario a la hora de presentar a cada personaje como un todo; completan el aspecto técnico de esta obra. Una historia para dejarse llevar, como los protagonistas, en búsqueda de una gran verdad que todos sabemos que está ahí pero no nos atrevemos a verla. Y es entonces cuando surge la pregunta que ya dejaba caer al principio del texto: ¿Es más importante el objetivo o disfrutar el camino? Os lo dejo a vuestra decisión. Si tienen la oportunidad de verla, no se la pierdan.
© Del Texto: Gwynplaine Thor

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