Los ángeles de Charlie o las cosas que nunca deberían cambiar

Ondas en el pelo, pantalones de campana, pistolas al cinto. Todas queríamos ser Los Ángeles de Charlie; bueno no, debo confesar que yo en realidad me moría por ser Los hombres de Harrelson. Originariamente Los ángeles de Charlie fue una serie concebida para la televisión. Tres mujeres que abandonan el cuerpo de policía para ponerse al servicio de una agencia de detectives privados capitaneada por el invisible Charlie que tenía como intermediario a Bosley. La serie fue un exitazo, durante casi tres años; nos amenizaba las noches de los sábados o las tardes de los domingos. Las tres Ángeles de Charlie:  Sabrina Duncan, Jill Munroe y Kelly Garret, hicieron archifamosas a las actrices: Kate Jackson, Farrah Fawcett y Jaclyn Smith. La primera y la tercera quedaron como actrices de películas de serie B, de esas que vemos los domingos en la sobremesa. Sin embargo, la segunda, Farrah Fawcett (fallecida hace muy poco tiempo) se convirtió en un verdadero mito erótico. Con posterioridad, a medida que cada una de los ángeles iba desapareciendo de la serie, por el motivo que fuera, se incorporaba una nueva actriz pero, sinceramente,  no era lo mismo.
Un exitazo en su momento que quedó residente en la mente y el recuerdo de muchos.  Así que en el año 2000, para gozo y solaz de los que crecimos a su sombra, imitando ante los espejos a las reinas de la pistola, se rueda la versión cinematográfica de Los ángeles de Charlie, (hubo una segunda parte), protagonizada por Cameron Diaz, Drew Barrymore y Lucy Liu.
Vi la película, las aventuras de estas muchachas pero, que quieren que les diga, no fue lo mismo. Es cierto que en pantalla gigante todo es mucho más espectacular, que los efectos especiales pueden ser especiales, pero, yo, aunque parezca una verdadera cutrez, me quedo con aquella serie de finales de los setenta, principio de los ochenta. No sabían artes marciales, ni sus armas eran tan sofisticadas, pero eran mucho más auténticas.
Una película entretenida pero tan alejada de las verdaderas Ángeles de Charlie que bien habrían hecho en llamarlas de cualquier otro modo. Hay cosas que están bien como están, que en su momento fueron geniales, no hace falta volver a ellas, su tiempo pasó y su fórmula también. Poca imaginación demuestran los que intentan volver al pasado haciendo un machambrado de cosas que no pegan ni con cola.  Yo me quedo con Farran Fawcett y esos pistolones gigantescos que no había manera de esconder en los pantalones con pata de elefante, y me quedo con un Charlie que se le presumía un señor pese a su invisibilidad permanente.
© Del Texto: Anita Noire


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