oct 21 2010

Cuando menos te lo esperas: Vida y amor más allá de los 60

Uno de los actores más camaleónicos y con más cara de perturbado mental que podemos encontrar en el panorama cinematográfico es Jack Nicholson. Una bestia parda de actor y que no es de mis favoritos. Su participación en películas que pasarán a la historia del cine es indiscutible: Alguien voló sobre el nido del cuco, Chinatown, EL honor de los Prizzi, etc. Lo mismo podemos decir de Diane Keaton. Quien no recuerda su intervención en películas como: El padrino, El dormilón, La última noche de Boris Grushenko, Annie Hall, Manhatan, etc.
Dos actores que trabajaron, en los 70, en los 80, 90, en el 2000 y que hoy en día siguen haciéndolo. Actores que se han mostrado solemnes, insolentes, indolentes, magistrales, pero a los que no se les han caído los anillos por participar en producciones con menos solera y empaque que algunas de las nombradas, como en la película Cuando menos te lo esperas, una comedia de principio del siglo XXI. Unas risas rodadas en el otoño de la vida de dos actores, que interpretan a dos maduritos,  para goce y deleite de todos. Alguien podrá decir que no estamos ante una gran película, es cierto, podrá decir que ambos actores han caído del Olimpo para terminar rodando peliculitas que bien pueden ser calificadas de buñuelo cinematográfico, pero ¿qué más da? A estas alturas de sus carreras, creo que los dos pueden hacer dos importantes cortes de mangas a quien pretenda que todo el día vayan de solemnes y creo se han ganado el derecho a  divertirse haciendo una película. Y es que por lo visto, ambos, los dos, se lo pasaron en grande rodándola. No sé si será cierto o no, prefiero pensar que fue así (cosas mías).
Cuando menos te lo esperas es una comedia de enredo, divertida, ingeniosa en la que sus  actores principales se encuentran en permanente estado de gracia.  Harry Sanborn (Jack Nicholson), el madurito viejo verde, sólo piensa en ligarse a treintañeras que estén de buen ver aunque tengan el cerebro totalmente hueco, tropieza con Erica Barrry (Diane Keaton), la madre de su última conquista. Y digo tropieza porque el motivo del encuentro es un achuchón cardiopático en la patata (corazón), de Sanborn cuando pasa el fin de semana con su última conquista, la treintañera Marin (Amanda Peet), en la casa que la madre de la chica tiene en los Hamptons. La encargada de cuidar al madurito achacoso es la mamá madurita de la conquista. Y como no podía ser de otro modo, cuando menos se lo esperan, se dan cuenta de que se molan. Así, de sencillo. Los maduros, los que ya están de vuelta de muchas cosas, que tiene achaques, también se enamoran y se dan cuenta de que la patata que tiene ahí cerquita del esternón pues aún funciona, no por la joven y esbelta Marin, ni por el guapísimo doctor Harry (Keanu Revees), sino por dos abueletes achacosos.
La gracia de la película, ver el enamoramiento de dos tipos en la madurez de su vida, ver el cómo afronta sus relaciones sexuales y como se ponen el mundo por montera frente a la evidencia del nacimiento de unos sentimientos que creían desaparecidos de la faz de la tierra. Puede que estemos frente a una película menor, sin grandes argumentos, aunque sí con unas interpretaciones buenísimas de sus protagonistas bajo la dirección de Nancy Meyers, directora de auténticos buñuelos, pero que, en este caso, acertó ofreciéndonos una comedia romántica que se sostiene por los dos grandes pilares que son Nicholson y Keaton. En realidad, ellos lo son todo en esta película.
Una película para desconectar, pasar un rato agradable y disfrutar pensando que en nuestra cabeza y en nuestra patata cardiaca habrá vida más allá de los 60 o incluso de los 70 si la cosa se nos pone de cara.
© Del Texto: Anita Noire

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oct 21 2010

Julia, el ensimismamiento por un recuerdo

Julia, (1977), de Fred Zinemann, interpretada por Jane Fonda, Vanessa Redgrave y Jason Robards. Como anécdota, un pequeño papel para una jovencísima Meryl Streep en su debut en la gran pantalla. Nominada a 11 Oscars de la Academia de Hollywood de los que finalmente consiguió 3, Julia está basada en un capítulo de Pentimento, la novela que relata una parte de las memorias de la escritora y dramaturga progresista Lillian Hellman, (Nueva Orleans, 1905 – Martha’s Vineyard, 1984).
Narra la historia de la extraordinaria amistad entre dos mujeres, Julia, (Vanessa Redgrave) perteneciente a una excéntrica, aristocrática y multimillonaria familia escocesa, y la propia Lilly, (Jane Fonda) desde su infancia, adolescencia y primera juventud, hasta que Julia se marcha a estudiar Medicina en Oxford y más tarde Psicología en la Universidad de Viena con Sigmund Freud. Lilly se queda en Estados Unidos y se convierte en una escritora de éxito. Cuando Julia se involucra en la batalla contra el fascismo y la causa judía en los oscuros años 30 que preceden a la barbarie nazi, le pide a su amiga Lilly que haga un largo viaje desde París a Berlín para llevar a cabo una peligrosa misión, más aún para una intelectual de izquierdas de origen judío.
Es Lilly, temperamental, insegura y reflexiva, quien inicia el relato en su vejez narrando en un tono intimista y objetivo su relación de amistad con tintes de atracción entre ambas mujeres, sus duros principios como escritora con el apoyo de su amante y mentor, el escritor de novela negra Dahsiell Hammet (El Halcón Maltés), el intrigante y comprometido viaje en tren para volver a ver a su amiga y demostrarle su amor incondicional, y el trágico desenlace de la muerte de Julia y la búsqueda por toda la región de Alsacia de la hija que ésta había tenido.

Me gusta esta película por el ritmo pausado, la banda sonora de Georges Delerue, los escenarios naturales, -esa casa en la arena frente a la playa de Nueva Inglaterra-, la excelente interpretación de los tres actores principales, los continuos flashbacks, los ojos inquietos de Lilly, la personalidad y el amor desinteresado de Hammet en esa relación increíble con su discípula, la lucha por las libertades y la igualdad de las clases sociales con las que los tres personajes se sienten comprometidos, y sobre todo, por la pulcritud y elegancia con que se narra la fuerte y peculiar relación entre las dos mujeres.
Cuenta Angel S. Harguindey que cuando Fred Zinneman elaboraba el guión de Julia, albergó dudas sobre si ambas habían o no mantenido una relación sexual. El propio Zinemann se lo preguntó a la escritora, y ésta, tras permanecer un buen rato ensimismada, le contestó que no se acordaba de ese detalle, pero que en cualquier caso, eso no cambiaba los sentimientos hacia su amiga.
¿No es una respuesta extraordinaria?
© Del Texto: pyyk
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