El escritor de Roman Polanski o como intentar convertir un juego de niños en algo serio

Decir, a estas alturas, que El Escritor es una película menor en la carrera de Roman Polanski, no descubre nada nuevo.
Decir que para Ewan McGregor esta interpretación no significará mayor reconocimiento tampoco es ninguna sorpresa.  Y que se constatan las limitaciones de Pierce Brosman es algo poco original.
El escritor es una película previsible. Hasta el aburrimiento. Si el espectador ha visto un par de películas de este corte sabrá en el minuto diez (siendo generoso) lo que va a pasar del once en adelante. Está llena de clichés e incluso aparecen cosas ya vistas en otras ocasiones. Debe ser que la novela de Robert Harris (en la que se basa todo este desastre) les gustó mucho a Polanski. Será eso. Sabemos, desde muy pronto, los líos de alcoba que existen, los que existirán los intuimos; que en el manuscrito de la novela hay algo que es importante aunque la apariencia de ese documento sea inofensiva; incluso (los que ya hemos visto alguna película que otra) sabemos que los principios de los capítulos pueden tener un sentido si los unimos (el más casposo de los espías no utilizaría ese método por nada del mundo puesto que se conoce desde hace muchos años; sólo falta en esta película que alguien escriba con agua de limón y que aparezca el mensaje secreto al pasar un mechero por debajo). Los malos parecen malos, los buenos parecen buenos y los tontos son, realmente, tontos. Lo lamentable es que casi todos los personajes pasarían un casting con nota. Para tontos, digo. Pues eso, el guión roza lo estúpido. La fotografía es lo más notable. Más que nada porque el resto es muy limitadito y un buen trabajo parece el mejor de los trabajos. La música intenta acompañar la acción aunque, por ejemplo, si la cosa se pone chunga para los personajes, la música se pone histérica para el espectador. Algo así. Montaje, sonido, vestuario o decorados pasan desapercibidos.
Lo peor de todo es que todavía me pregunto qué es lo que Polanski quería ventilar con esta película. ¿Intentaría decirnos que allá donde miremos encontraremos un espía? ¿Que el poder del lenguaje es extraordinario? ¿Que la política es una mierda? ¿Que los malos son peligrosos? ¿Que los buenos mueren siempre a manos de los malvados? Es que no tengo ni idea y, me temo, que él tampoco. Desde luego, un tema de importancia y en el que se centra la carga narrativa no existe. eso se lo digo yo.
Seré buen fan de Polanski y lo dejaré aquí. Puestos a mirar las cosas cargado de energía positiva, El Escritor es una buena película para ver una tarde lluviosa de un domingo cualquiera. En casita, con la mantita sobre las rodillas, como preámbulo a una siesta de campeonato. Esto no se lo perdono señor Polanski.
© Del Texto: Nirek Sabal

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