Scream 2 y el síndrome de Casandra


Un año después de haber impresionado a las masas con Ghostface y reventar las taquillas de medio mundo volvió el fenómeno para asentarse aún más si cabe y dejar una huella más que palpable. Wes Craven y Kevin Williamson vuelven a ponerse tras la cámara y el libreto respectivamente, dándole una continuidad a la historia de los supervivientes de la anterior masacre, viendo cómo sus vidas han cambiado desde el incidente, en la que algunos la han aprovechado para beneficiarse mientras otros viven cansados de aguantar la fama de una tragedia. Sydney, nuestra protagonista, ha entrado en la Universidad, ha hecho nuevos amigos, no sin antes saber que le persigue el fantasma de lo que sufrió años antes. Otros supervivientes como Randy (el freak que se conoce todas las películas habidas y por haber) sigue siendo ese personaje comodín al que se recurre y se empatiza con él rápidamente por pensar como el espectador, o Dwight el ayudante del sheriff que de ser un bobalicón en la primera entrega aquí se nos presenta como alguien maduro que aconseja a Sydney e intenta protegerla por todos los medios, y finalmente tenemos a Gale Weathers, la fría y egocéntrica reportera la cual ha sacado provecho de la tragedia en la que ella misma participó, escribiendo un libro de éxito y del cual se ha acabado adaptando a una película llamada ‘’Puñalada’’.
Y es que Gale es uno de los ejes de la trama que se nos presenta en esta secuela, debido a todo lo que ha hecho tras la matanza, los protagonistas viven acosados constantemente por gente perturbada que no tiene ni un ápice de misericordia. Kevin Williamson firma un libreto que bien podría haberse unido a la primera parte y formar un todo de 4 horas seguidas pues nada más empezar esta segunda parte, de una forma u otra, se critica la mala prensa y el poco tacto por los medios de comunicación al tratar cualquier hecho que haya dejado victimas, así se nos presenta a dos estudiantes en el detonante de este film que van a ver a un multicine la película de ‘’Puñalada’’, (si bien, Wes y Kevin idearon una autoparodia de la primera secuencia de la primera peli), y en la que la productora regala disfraces de Ghostface al entrar en la sala…¿y qué vemos? Una jauría de máscaras y gente anónima que da más miedo que otra cosa, una crítica a las masas que se dejan llevar por un fenómeno (y que realmente pasó, solo hay que recordar cualquier Halloween o Carnavales de finales del siglo pasado para ver a que mucha gente se disfrazaba de Ghostface) que deja más muertes a su paso que gloria, y entre esas máscaras, está de nuevo el asesino, que mata a nuestros dos incautos entre la confusión, más bestia que en la primera parte, y mucha más sangre. Un detonante que a mi me dejó perplejo al verla hace muchos años y que hoy me sigue pareciendo una maravilla, y que resume lo que es Sydney, una tragedia.
Otro punto a destacar en el guión es el arco de transformación de nuestra protagonista y el principal eje de la historia, de ser una dulce y alegre muchacha en la primera parte a una mujer atormentada por el incidente, en la que su vida se torna en una pesadilla porque apenas puede confiar en gente nueva. Kevin Williamson nos hace referencias (a modo de metáfora) al ‘’síndrome de Casandra’’, esa mujer de la mitología griega que atrae a los hombres, predice el futuro (aunque nadie le hace caso) y que se queda sola. Nuestro guionista introduce a Sydney como actriz principal en la obra de teatro del mito de Casandra que prepara su Universidad, como adelanto para lo que ella tiene que afrontar, y es que su destino es estar sola, el principal objetivo de nuestra heroína es aislarse completamente del mundo para que no haya más muertes alrededor de su persona por culpa de los pecados de la madre, que cinta tras cinta, se nos detalla aún más el por qué dejó atrás un currículo de gente perturbada. Toda la obra, tanto la primera parte como la segunda es una aútentica tragedia griega donde se nos detalla la caída al infierno de una persona completamente inocente que paga por lo que hicieron otros en el pasado.
Pasando a otros detalles del film y en un intento por darle una continuidad a la saga en el homenaje al mundo del cine, se nos habla de las secuelas de una saga, nuevamente enfocado desde nuestro freak y sabio Randy, que no termina de cuajar a medida que se desarrolla la película, pues ésta se va tornando en algo más serio (o Wes y Kevin se la tomaron en serio) que va perdiendo fuelle, y más cuando eliminan al personaje cinéfilo del que he hablado hace unas líneas, que bien podría haberse convertido en el héroe de la historia, pues ama a Sydney por encima de todas las cosas pero siempre está relegado a un segundo plano mientras ve como otros machos alfa se la ganan a base de tonterías y supermacherías, un personaje que se desaprovechó totalmente y que los creadores acabaron matando para que el espectador le diera un shock en medio de la cinta. Una pena, porque a partir de ahí, la saga empezó a perder cierto interés.
En cuanto al plano técnico se nota que tiene mucho más presupuesto, no ya porque incluso se cometen asesinatos de día, sino porque hay más extras, hay más conflictos, más localizaciones y más personajes. Hay más complejidad a nivel de planificación. Es más grande en todo. La música sigue una línea parecida o igual a la primera parte, sin grandes novedades y se vuelven a introducir temas musicales de grupos del momento como en la cinta original en un intento de atraer más público y de vender más, obviamente.
En definitiva, una más que digna secuela, que tiene como principal baza saber qué pasó con los supervivientes de la primera y poco más, que se disfruta simple y llanamente, como todo el cine de este género, y que no hace daño a nadie estando ahí como cualquier otra saga, por mucho que los gafapastas y snobs intenten dilapidarla.
© Del Texto: Gwynplaine Thor

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