Scream: El neoboom de un género crepuscular

Al ver una filtración por Internet del trailer de Scream 4 que ya se prepara, sentí el ineludible deseo de volver a revisitar esta saga que comencé a ver en el cine cuando tan sólo tenía diez años y me encantaba la sangre. No, no estoy loco. Eran otros tiempos.
El argumento: Hace un año que fue asesinada y violada la madre de Sidney, una atractiva adolescente que vive en un pequeño condado llamado ‘’Woodsboro’’. Ahora vuelve a atravesar una situación angustiosa, pues se acerca el aniversario de la muerte de su madre, y un psicópata disfrazado anda suelto por el barrio intentando matarla a ella también, poniendo en jaque a la policía (que llega a aplicar el toque de queda). Solo hay una cosa clara: todo el mundo es sospechoso.
Este podría ser el tema de cualquier peli de terror al uso de los años 80, con asesino esquizoide de por medio que sólo quiere una enorme carnicería y mucha sangre. Pero estamos en 1996, el género del psycho killer está prácticamente condenado al olvido, apenas se hacen películas de este tipo y en la televisión han perdido todo el interés del espectador, era un género crepuscular. Y entonces surgió Scream, de la mano del director Wes Craven y gracias al guión de Kevin Williamson para terminar de enterrarlo (o no), algo parecido a lo que hizo Sergio Leone con el western. Y mucha gente se preguntará…¿Qué hay de original en esta cinta? ¿Qué hay de original en otro psicópata disfrazado que mata adolescentes?
No es importante el qué sino el cómo. Scream no sería nada si no fuera por su brillante (y honesto, como diría un amigo mío) guión. Ghostface es la satirización y el homenaje al género puro, el último gran asesino del cine, los diálogos de la película son magníficos porque rompen con todos los clichés de las películas de terror, los mismos personajes creen que no están en una película, todos hablan de lo que pasa en esta o cual cinta (se mencionan grandes sagas que no voy a poner aquí porque no terminaría) y se bromea sobre ello, Kevin Williamson nos está contando la última manera de revitalizar este género, desde la ironía y el recuerdo. Para ello introduce una serie de personajes adolescentes que disfrutan de cualquier peli de terror, como haríamos nosotros en aquellos años, cuando aún no existía Internet propiamente dicho, y disfrutábamos en casa consumiendo VHS’s de alquiler sentados en nuestro sofá a oscuras un viernes por la noche. El libreto también es una crítica al cine falto de ideas en esa década, al cine falto de generador de fenómenos, el cine que se quedó en los 80 y que por h o por b perdió la esencia en los 90. Pero también a la televisión (y bastante destructiva), a los medios de comunicación como explotador de desgracias ajenas y que en cierto modo ya vaticinaba lo que se nos venía encima en años posteriores. Kevin Williamson creó un fenómeno anti-fenómenos, o antisistema (aunque no me guste esta palabra y se saque de contexto cada dos por tres).
En cuanto al plano técnico, vamos a lo de toda la vida, ambientes muy oscuros y fríos como cualquier otra de terror, nada destacable, pero que juegan un buen papel en la creación de cierta atmósfera. La música y los efectos de sonido juegan un papel importante, incluso a la hora de describir a los personajes(por ejemplo, Billy, uno de los dos asesinos es presentado con el sonido de un trueno justo al principio de la película y después del primer asesinato, cometido en plena tormenta, por lo que ya nos está contando algo de ese personaje), aunque en la obra completa llega a perderse y se acaba recurriendo al susto gratuito de la música alta, eso si, la mayoría de las veces que pasa esto es cuando un personaje hace una burla a otro, para luego pegarnos el verdadero susto. Guiño de Williamson al espectador. En cuanto a la dirección, Wes Craven hace un muy buen trabajo, sabiendo lo que tiene entre manos, cada escena está perfectamente rodada y estudiada al milímetro, en todo momento te está contando qué va a pasar, ya sea por el plano escogido (esos aberrados, por ejemplo…) o por la actuación y diálogos de cualquier personaje (grande Jamie Kennedy como el empleado del videoclub que se conoce todas las peliculas de terror y las reglas del género), por no hablar de un plano especial, el de la puesta de sol rojiza antes de la matanza, no sé si lo rodó pensando en que era una película crepuscular o por simple narrativa, sea cual sea su significado, está ahí. Como anécdota, en el videoclub, sale la peli Frankestein en el momento en que todos conocemos y dice el doctor ‘’está vivo,vivoooooo’’, aludiendo al engendro de criatura llamada Ghostface que crearon Wes y Kevin, que no es más que un compendio de todos los asesinos del cine de terror en uno.
Ambos cineastas no sé si supieron en algún momento lo que tenían entre manos, pero gracias a esta película, generaron un neo-boom del género que sigue dando que hablar hasta nuestros días, con más o menos calidad, pero ahí sigue, y cada vez con propuestas más variopintas. Como Leone hizo en su día…
Y para terminar, como diría uno de los asesinos y que resume perfectamente la mente de estos dos genios La vida es una película aunque no puedes elegir tu género.
© Del Texto: Gwynplaine Thor

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