Buried (Enterrado) o cómo siempre la cagan los mismos

Rodrigo Cortés ya propuso en su primera película (Concursante) una trama en la que intentaba dejar claro que la gestión del mundo es un horror. Y que pagan el pato los individuos anónimos que andan por el planeta tierra tranquilamente aunque sin ninguna posibilidad cuando la cosa se pone fea. Si alguien espera ayuda del poder establecido, lo tiene crudo porque la cagada es segura. En esa ocasión, la cagó todo el mundo. Incluso él, puesto que la película hacía aguas por todos los lados. Sin embargo, con Buried la cosa se queda en desastre para su protagonista (Paul Conroy al que interpreta Ryan Reynolds) porque la película resulta ser un producto de gran calidad. Técnica e interpretativa. Y esto último (la calidad interpretativa) no deja de ser un milagro que se apunta Cortés en su curriculum, ya que Reynolds es un actor con unos registros muy, muy, limitados y es campeón del mundo en destrozar papeles. El director hace una dirección, con él, sobresaliente. Durante toda la película logra que se contenga, dotando de credibilidad lo que el personaje es.
Con una caja de madera, un tipo dentro (Paul es un contratista civil que trabaja en Irak para una multinacional), y algunos objetos que todos usamos en nuestro día a día, Cortés intenta demostrar que se puede hacer cine. Lo consigue sin despeinarse. El guión de Chris Sparling se va desarrollando entre zonas de intensidad narrativa muy bien resueltas por el actor y las secuencias que el director montó con gran habilidad; entre la introducción de elementos que impiden un bajón en la tensión y las elipsis que dibujan el drama del personaje. Demuestra que es posible hacer cine con poco tiempo y poco dinero, pero, sobre todo, intenta un dibujo trágico en el que la incomunicación humano en agobiante en situaciones límites. Es la misma forma de comunicarse a diario aunque hay momentos en que eso se convierte en un desastre. Una de las conversaciones que se escuchan dentro de esa caja es la que mantiene Paul con el jefe de personal de la empresa para la que trabaja. Aterradora. De verdad que es delirante. Y, encima, creíble.
Entré en el cine pensando que iba a ver una muy buena película o un auténtico tostón. No había puntos intermedios. Hubo suerte y me encontré con lo primero.
© Del Texto: Nirek Sabal

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