oct 2 2010

Belle Epoque. Inolvidables (2)

Reparto de lujo. Guión impecable. Una dirección de actores que roza la perfección. Eso es Belle Epoque. Se estrenó el año 1.992 y fue premiada con el óscar a la mejor película extranjera y, además, con nueve premios Goya.
Divertidíma y entrañable. Ambientada en ese momento previo a la proclamación de la Segunda República española (el título pudiera ser algo engañoso puesto que lo que se conoce como belle epoque es anterior al ese momento histórico) muestra un dibujo de lo que podría ser la sociedad civil que sostenía una España lanzada hacia el progreso, sin complejos, abierta a cualquier libertad de tipo intelectual, social y religiosa. Es por eso por lo que esta película, con aspecto de comedia, termina dejando un poso amargo en el espectador. Todos sabemos lo que sucedería un poco después. Guerra, retrocesos en las libertades individuales, atrocidades y desaparición de buena parte de la identidad de un país. La pregunta inevitable cuando aparecen los créditos en pantalla es qué hubiera sido de nosotros si aquello se hubiera quedado como estaba.
En cualquier caso, la trama que presenta Fernando Trueba es brillante, no sólo por el guión magistral de Rafael Azcona, sino por un montaje muy inteligente, un uso de la cámara delicioso y unas interpretaciones inolvidables (mezcla de talento y dirección). Fernando Fernán-Gómez o Gabino Diego bordan su papel. Entre las actrices destaca Ariadna Gil que construye desde la credibilidad más absoluta el personaje de una lesbiana desinhibida. Al que escribe le gusta, especialmente, el papel de Penélope Cruz. En ese momento, era muy joven, le tocó interpretarse a sí misma y el resultado es muy amable. Frescura y naturalidad.
Todo lo que nos cuentan se encuentra salpicado de un fino humor que (rozando una aparente inocencia) nos va colocando frente a los rasgos fundamentales de la sociedad española en ese momento. Por ejemplo, es inolvidable esa primera escena en la que una pareja de la Guardia Civil topa con una maleta en medio de la carretera y con su dueño. Y, de paso, con una muerte disparatada, salvajemente divertida. Inolvidable, también, la interpretación de Agustín González. Hace de cura párroco que acumula todos los tópicos posibles (comilón, aprovechado, vago…), pero añade una mentalidad abierta, muy alejada del pensamiento eclesial. Y eso le convierte en un personaje fundamental. Quizás su final representa con claridad cómo acabaría en el seno de la iglesia cualquier desvío respecto del magisterio dominante y dominador.
Algo que me gusta especialmente de esta película es el vestuario. Es perfecto. Si, además, añades esas perchas para lucirlo, el resultado es demoledor. Y el atrezzo. Eso también.
Trueba consigue una cosa importante. Sin decir nada de forma expresa presenta una ilusión colectiva antes de convertirse en una catástrofe (colectiva también). Por eso el poso de amargura aparece entre risas. Por qué no decirlo: presenta una España única, la de todos, sin quebrar. Es aquí, aparte de las cuestiones técnicas y narrativas, donde la película se hace enorme. Todo, la película entera, está al servicio de un homenaje: a nuestro pasado y, seguro, que a nuestro futuro.
© Del Texto: Nirek Sabal

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oct 2 2010

El americano impasible: Crónica de un conflicto

Hace algunos años leí la novela de Graham Greene El americano impasible.  Conocía la existencia de la adaptación cinematográfica que protagonizó Michael Caine junto a Brendan Fraser, pero no la vi en su momento, allá por el año 2002. Este verano, estando en la ciudad de Ho Chi Minh, la antigua Saigón, me acerqué al mausoleo del que fue el primer Presidente de la República Democrática de Vietnam, Nguyễn Sinh Cung (entre muchos de los apodos que utilizó mientras estaba en la clandestinidad está el de Ho Chi Minh, con el que fue rebautizada la antigua ciudad Saigón).  Pues bien, estando en aquel museo encontré,  de nuevo, la novela de Graham Greene. Compré la versión en inglés porque poco más podía adquirir que me fuera comprensible. Debo reconocer con humidad que mi vietnamita no pasa de cảm ơn (gracias) y del chào buổi sáng (buenos días). Días antes me había desprendido de todos los libros que llevaba encima, por lo que me pareció una buena opción comprar  y volver a releer aquella novela. Me atrapó de nuevo. Mientras la leía, me recordaron la existencia de la película y me hablaron de la fidelidad que la misma guardaba con el libro. Durante días, el libro viajó conmigo y me permitió fijarme en cuestiones que de otra manera me habrían pasado desapercibidas. Me acerqué al Hotel Continental (escenario en el que se desarrollan algunas de las escenas de la novela ), a la  Gran Plaza, asome la cabeza en el Hotel Caravelle, visité la localidad de Da Nang y Hoi an (lugares todos ellos donde se desarrolla la acción de la novela). Por eso, en cuanto llegué a casa,  no dudé en hacerme con una copia de aquella cinta que sabía existía y aún no había visto.
El americano impasible de Phillip Noyce es un peliculón. Son muchas las adaptaciones cinematográficas de novelas. Algunas son buenas, pero lo más habitual es que sean regular. En este caso, no es así, estamos frente a una muy buena película que mantiene la esencia de la novela de Greene que, alejándose de las habituales historias que hablan Vietnam, nos explica el origen del origen del conflicto bélico que conmocionó el mundo en los años 60 y que  se inició, no con los americanos, sino con los franceses.
The quiet american, que se sitúa en el Vietnam de los años 50, cuando la influencia colonial francesa lo impregnaba todo, es una historia política, la historia de un romance, una historia de traiciones en la que permanentemente flota la pregunta sobre si el fin justifica los medios. Para la realización de esta película Noyce contó con la presencia de Michael Caine interpretando el papel de Thomas Fowler (el periodista corresponsal del London Time) y con Brendan Fraser como Alden Pyle (el voluntario, el verdadero hombre impasible que da título a la película) y Do Hai Ye (la joven Phuong). La película fue filmada casi íntegramente en Vietnam, en los escenarios reales que se recogen en la novela de Greene y los actores y extras que intervienen son prácticamente todos vietnamitas, vecinos de Saigón que se prestaron a actuar en una película que recrea momentos que aún se encuentran muy presente en las familias vietnamitas pues prácticamente todas ellas han perdido algunos de sus miembros en aquella cruenta guerra cuyo inicio nos muestra el film de Noyce.
A principio de los años 50, los franceses ocupaban Vietnam. En aquellos años se libraba una auténtica guerra entre franceses y vietnamitas que pretendían acabar con la ocupación francesa y el conflicto se encontraba en su momento más álgido.
Thomas Fowler (Michael Caine) periodista británico del London Times, estaba destinado en Saigón donde los comunistas ejercían una feroz resistencia a la ocupación francesa, cubriendo el conflicto.  Fowler vive en Saigon junto a su amante, la joven vietamita Phuong (Do Thi Hai Yen), mientras su esposa continúa viviendo en Gran Bretaña. Hasta la ciudad llegará Alden Pyle (Brendan Fraser), un médico americano, en misión humanitaria que, en realidad,  tiene encomendada, la misión evaluar e informar sobre la situación del país para evitar que el mismo caiga en manos de los comunistas.
Pyle se enamorará de Phuong quien aspira a convertirse en la esposa de Fowler esperando que éste se divorcie de su esposa. La mentira y la traición rondará el triangulo amoroso que entre los tres se formará y que irremediablemente les llevará al desastre. Encadenando la historia personal de los tres personajes principales de la película, se narrará  el conflicto político entre los colonialistas franceses, los americanos decididos, en plena guerra fría, a no permitir el avance del comunismo y los propios vietnamitas.
La fotografía de esta película es espectacular, fue dirigida por Christopher Doyle ( The Mood For Love, Chung King Express) que muestra siempre una excelente sensibilidad hacia el mundo asiático y  garantizó la belleza de la fotografía de la filmación, su perfecta recreación de la atmosfera brumosa con la permanente humedad que impregna la vida vietnamita.
Los actores lo bordan, fueron tan minuciosamente escogidos que uno cree poder intuir que Graham Green los hubiera aprobado y la historia, que en la novela se protagoniza más por la voz narrativa que por los personajes que la integran, está tan bien resuelta y llevada a cabo, que sólo merece un sobresaliente.
Dicen que esta película es un remake de otra anterior que ya filmó Mankiewicz en 1958, pero desde luego, aquella que sí había visto en su momento, no puede ni compararse con la versión realizada por Philip Noyce que es mucho más fiel a la novela, está mejor ambientada y roza la genialidad.
Una película que no deben perderse porque el conflicto de Vietnam es algo más que lo que las películas bélicas al uso nos han mostrado y todo ello con la garantía que transmite y muestra el Vietnam que existió en su día y que aún hoy se respira y ve cuando uno cruza aquel país. Pueden creerme.
© Del Texto: Anita Noire

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