sep 25 2010

Agua fría de mar: Esperpento

AGUA FRÍA DE MAR – PAZ FÁBREGA – COSTA RICA – (HORIZONTES LATINOS)

Agua Fría de Mar es lo que le deberían echar por encima a la directora de esta película, antes de irse de San Sebastián, si es que se ha atrevido a venir.
Porque Paz Fábrega, con la colaboración necesaria de un equipo numeroso, ha perpetrado un despropósito de una magnitud desconocida. Yo, al menos, no recuerdo haber asistido, recientemente, a nada semejante.
El guión es espeluznante, eso suponiendo que hubiera guión y que no se le hayan ido ocurriendo los diálogos a la propia Paz sobre la marcha, porque da esa sensación. Concordando con ello, todo parece ser fruto de la desgana y el desconcierto más absoluto.
Por cierto, no se entiende ni una palabra de los diálogos y no se engañen, no es que los ticos hablen un español con un acento especialmente oscuro, es sencillamente que en esta película, los actores, si es que son actores, rumian en vez de hablar y el sonido es nefasto. No tiene ninguna importancia puesto que los subtítulos en inglés eran incapaces de transcribir la demencia de los diálogos.
Imagino que esta película significará el fin de la carrera de su protagonista, Montserrat Fernández; que no se preocupe, hay profesiones interesantísimas y medios muy honrados de ganarse la vida. No se acaba el mundo. Da la impresión de que haya rodado bajo los efectos de fármacos o sometida a algún tipo de chantaje.
Ella es, en la cinta, una mujer aburrida que no sabe lo que le pasa –seguramente un trasunto de la directora-. Después está su novio que tampoco sabe lo que le pasa a su amada. Yo sí. Que no han follado desde que llegaron a ese hotel cutre, lejos de la playa, con la piscina llena de hojas secas y el césped descuidado. Y no me digan que forma parte de la atmósfera ¡por favor! Las atmósferas se pueden crear bien o mal, como aquí. Si Costa Rica, famosa por ser el paraíso, quisiera hundir su economía, debería enviar con urgencia esta película de festival en festival, y verían como no volvía nadie nunca más. Él está bastante bueno por lo que el hecho de no follar es aún más perturbador.
Por otra parte –como si dijéramos el correlato- hay una niña que es un bicho, instalada con su familia en la playa de una forma gitanesca. Si -a lo mejor- todo esto les parece poco, aún hay más: la playa se llena de bichos que salen del mar, serpientes para más señas. Símbolos, ¿se dan cuén? Pero todo con desgana, como quien no quiere la cosa.
Con todos esos ingredientes, lo deseable sería que no hubiéramos entendido nada, así, yo al menos, me quedaría tranquilo. Lo prefiero. Siempre quedaría la compensación de pensar que hay gente inteligentísima que maneja unos códigos oscuros, pero no, encima es que te enteras de lo que quiere contar desde el primer momento y ha hecho el resto de la película para hacerse la profunda y la misteriosa.
Los lectores de guiones, si es que había guión, de los coproductores y los numerosos organismos que han participado en la financiación deberán estar orgullosos de haber despilfarrado así el dinero. Lo único que demuestra es que hay, en los lugares donde se toman decisiones, personas de una incompetencia olímpica que no tienen la más mínima idea de nada, y para los que repartir el dinero es un trámite burocrático y loteriesco, si me permiten la expresión. La película obtuvo el premio VPRO Tiger Award del Festival de Rotterdam, ¡que Dios nos asista! Ha sido coproducida con Francia, España y Méjico ¿no podían haberse declarado la guerra al estilo clásico?
Hay momentos, como la llegada al hospital con la protagonista, que se ha lastimado una pierna, que rozan el esperpento. Un esperpento colectivo que la directora jamás hubiera conseguido sin el valioso apoyo del iluminador, de los vestuaristas y de los decoradores. Los actores han hecho un esfuerzo titánico para estar lo peor posible. La recepcionista del hospital podría convertirse, si quisiera, en la nueva musa del cine costarricense, aunque es muy posible que no hayan contratado a nadie para el papel y que sea la propia secretaria de la clínica la que actúe. En ese caso, se ve que se ha dirigido a sí misma y está soberbia.
Por primera vez en una proyección en este Festival, no se ha atrevido a aplaudir nadie. Por las caras que se veían, seguramente le hubieran asesinado para bailar después sobre sus cenizas.
Yo salí del cine deseando escribir esta reseña para mandársela a la directora.
© Del Texto: Ivor Quelch

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sep 24 2010

Genpin: Cuando falta algo más allá de la pantalla

GENPIN – NAOMI KAWASE – JAPÓN – SECCIÓN OFICIAL A CONCURSO


Genpin es una película documental que compite en la sección oficial. Viene de Japón. Se basa en la labor del anciano y sabio Tadashi Yoshimura, un tocólogo que sigue los métodos de la escuela tradicional, para preparar a las mujeres para un parto natural. Lleva a cabo su labor en un sencillo consultorio rural.
Alrededor de ésta figura, la directora-guionista, Naomi Kawase, ha estructurado con imágenes, pensamientos del médico y testimonios de diferentes mujeres, una película que pone el foco sobre la maternidad y el nacimiento, contando con la deshumanización de la medicina moderna y la necesidad de recuperar hábitos de vida perdidos en nuestras sociedades.

Será muy útil para futuros padres que encontrarán identificación, apoyo y consejos interesantes. Debe de ser especialmente necesario poner este tema sobre la mesa en la superpoblada y estresada sociedad nipona, pero también las mujeres en Europa buscan cada vez más alumbramientos responsables y sin traumas.
Sobre estas premisas, la directora desvela los claroscuros de la testaruda personalidad del médico y pequeños dramas humanos. El montaje compone una sugestiva narración que soporta una fotografía que no siempre es de la mejor calidad debido a la utilización de la luz natural.
Las imágenes de un parto y los primeros momentos de la vida de un niño, nos maravillan siempre; y más cuando son recogidas, como aquí, con intimidad y un pudor realista.
El documental está bien planteado desde una posición humilde y respetuosa.
Fue aplaudido, pero el público pide algo más a la pantalla de cine.
A mí me dejó indiferente.
© Del Texto: Ivor Quelch

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sep 24 2010

Gesher: Valentía y trabajo

GESHER – VAHID VAKILIFAR – IRÁN – ZABALTEGUI, NUEVOS DIRECTORES

Gesher es una película con una doble lectura, eso no es difícil de deducir, casi todas las películas iraníes han bordeado tradicionalmente la censura utilizando los símbolos y la metáfora; y parece mentira que lo consigan porque hay claves que son evidentes y temas peligrosos de tocar, aunque todo es permitido mientas no se diga y no se muestre.
Cuenta la historia de tres hombres, trabajadores marginales, auténticos parias de la sociedad, que comparten las noches y los sueños, las desgracias y la solidaridad en unas circunstancias hostiles. En un momento en el que coinciden sus vidas, en una situación que no viene de ningún sitio, ni va a parte alguna. Detenidos en la inacción. Los actores componen sus personajes con pinceladas, de manera sutil.
Detrás de esto hay una crítica implacable de la situación en la República Islámica de Irán, del mesianismo de su régimen, del abandono por parte del poder de la sociedad civil, del desamparo y del sueño constante de huir del ese clima asfixiante, que es parte del día a día de los ciudadanos; del endiosamiento de los clérigos omnipresentes.
Vahid Vakilifar consigue esto mediante imágenes que son como poemas o enigmas que hay que descifrar, algunos son evidentes y otros quedan abiertos a la imaginación. El ritmo es lento y los diálogos del guión escasos, para crear esa sensación de tiempo detenido y de corrupción mental. Para ser su opera prima es una demostración de poder y de ambición enorme de la que sale airoso con una película de una hermosura rara y factura impecable.
Sabemos lo difícil que es hacer cine en Irán y los iraníes saben que el mundo busca en sus creaciones artísticas el pulso de la sociedad civil.
Son símbolos poderosos que conforman un universo apocalíptico: una titánica explotación de gas, en los yacimientos del Golfo Pérsico; los trabajadores hacinados, acampados en las secciones sobrantes del gasoducto; un petrolero anclado mar adentro, inmóvil, permanente, amenazante; un desierto abrasado por el sol y por las llamas gigantescas de los quemadores de gas residual; el mar. La factoría iluminada en unas noches con el cielo teñido de un rojo de sangre. Los crepúsculos.
Leo en el dossier que la película está rodada en las tres lenguas que se hablan en Irán: persa, kurdo y azerí, y sospecho que es un símbolo más.
Había muy poca gente en la sala que apenas aplaudió; si no se busca, por desconocimiento o por descuido, lo que el filme oculta, debe de ser una película aburrida y decepcionante.
A mí me interesó y me dejó con la sensación de ver un trabajo valiente y bien hecho.
© Del Texto: Ivor Quelch


sep 24 2010

A Jamaâ: El lustre de la escasez de medios

A JAMAÂ – DAOUD AOULAD-SYAD – MARRUECOS – SECCIÓN OFICIAL A CONCURSO

¿Cuál es la responsabilidad social del cine, del artista?
La película marroquí A Jamaâ, está basada en una situación real y parece que rodada con actores no profesionales. Es genial.
Su director, Daoud Aoulad-Syad, marrakchí, realizó su anterior película en un pueblo cercano a Zagora, en el sur de Marruecos, se titula En Attendant Pasolini y obtuvo el premio a la mejor película árabe en el Festival de El Cairo en 2008. Para el rodaje, como es habitual, se construyó con decorados el simulacro de un pueblo y de sus construcciones. Es el caso que al irse la troupe del cine, la gente del pueblo derribó los decorados pero la mezquita (A Jamaâ) se había convertido ya en lugar real de culto para los paisanos; el problema es que el infeliz Moha, (Adbelhadi Touhrach) había alquilado para el rodaje el huerto en el que se levantó la construcción, con el que daba de comer a su familia, así que el asunto se convierte en un drama personal que Daoud regresa para fijar en este filme.
Como se pueden imaginar la situación es kafkiana y rocambolesca, y da lugar a una película muy divertida, animada por la participación de la gente del pueblo que se toma a pecho sus interpretaciones.
Pero detrás de la ficción hay una carga de profundidad contra un sistema arbitrario y unas cuestiones que se quedan en el aire: ¿Cuál es la misión de la religión en las sociedades? ¿Corresponde a las autoridades velar por la justicia, lo hacen? ¿Son impunes los medios de comunicación de los problemas de nuestras comunidades?
En esta película tan pequeña están reflejados, con ironía, pero implacablemente, todos los problemas de la sociedad marroquí.
La ejecución es brillante y la fotografía limpia. Los que puedan verla podrán además disfrutar de los hermosos paisajes del valle del Draá, y sobre todo de sus cielos asombrosos, en este pequeño retrato de una convivencia. Detrás de la pantalla se ve un equipo unido y con talento y eso no es habitual.
Bien por el director, por asumir su responsabilidad ante Moha y ante nosotros, por provocar el debate y por hacernos pensar. Por estudiar de una manera tan simpática dónde termina la ficción y qué es la realidad.
La filmación tiene guiños al lenguaje de Pasolini y al neorrealismo, y en ocasiones recuerda a Berlanga.
Impresiona saber que una película hecha con pocos medios, y seguramente grandes dificultades, no se le pueda reprochar defectos técnicos ni artísticos. Supongo que la podrán ver en las salas habituales de las grandes ciudades, porque es brillante y se distribuirá.
Los marroquíes son nuestros vecinos ¿recuerdan?, en general son ingeniosos y muy divertidos y nos lo demuestran en cuanto les damos ocasión para hacerlo.
La gente en la sala, poca, aplaudió brevemente aunque no era el pase oficial.
Para mí ha sido un gustazo verla.
© Del Texto: Ivor Quelch


sep 23 2010

Cometas en el cielo: Pastelón en el cielo

Convertir una novela en un guión cinematográfico tiene cierta complicación. Se trata de traducir el lenguaje literario (compuesto por palabras y la falta de estas, los silencios) a un lenguaje cinematográfico (imagen y una estructura que no permite que las palabras sean la única herramienta posible). La cosa se complica si la novela es ambiciosa, si narra una vida entera. Sin inteligencia y maestría, el guión puede abundar en lo que podría ser importante dentro de una estructura literaria, pero vano en una pantalla de cine. Ese es uno de los problemas de Cometas en el cielo, película dirigida por Marc Forster. Se incluye en el guión todo aquello que la (floja) novela de Khaled Hosseini dice, sin tener en cuenta que, en literatura, hay cosas imprescindibles para construir lo importante (la voz narrativa) que en cualquier otro ámbito sobran.
No había visto yo esta película y esperaba encontrarme con menos situaciones que la arrastrasen a territorios blandengues y facilones para pasar de puntillas por encima de lo importante y quedarse apalancada en la lágrima, las nubes de algodón y las sonrisas de última hora algo incomprensibles. La película habla de la culpa, de cómo puede destrozar una vida y de la posibilidad de una posible expiación. De paso nos muestra un país tan machacado como lo es Afganistán, el destrozo que se produjo con la invasión rusa a finales de los años setenta y el destrozo mayúsculo que vivieron mientras los talibanes campaban a sus anchas por allí. Y digo que lo hace de paso porque, en realidad, que la acción transcurra en buena parte allí, no es demasiado importante. En cualquier país del mundo podría ocurrir algo similar y los personajes evolucionarían de la misma manera. Pero claro, el conjunto (la trampa narrativa) funciona a base de golpes efectistas y efectivos.
La trama es algo previsible y, cuando no lo es, demasiado rebuscada. Un folletín, vaya. Y, además, se llena de moralina (barata) que no termina de funcionar bien debido a la excesiva carga dramática que se le da a situaciones mucho más normales que lo que quiere que veamos el director. Otras (situaciones) son en sí mismas terribles y pozos sin fondo para buscar ese discurso que debería hacer reflexionar al espectador y que, curiosamente, son rodeadas sin pudor alguno.
Quizás vista en la televisión, un domingo por la tarde, como telefilm, pudiera colar. Pero colocarla como película de premio me parece un engaño. Dentro de lo normalucho que resulta todo, destacaría la interpretación de Homayoun Ershadi por su credibilidad. El resto no lo voy a destacar porque no me da la gana. Y es que a mí estos pastelazos no me gustan nada. Lo siento, de verdad.
© Del Texto: Nirek Sabal

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sep 23 2010

Misterios de Lisboa: De por qué las cosas de la tele no funcionan en el cine

MISTÉRIOS DE LISBOA – RAÚL RUIZ – PORTUGAL – SECCIÓN OFICIAL A CONCURSO

Mistérios de Lisboa es una producción engañosa. Se presenta como una película muy larga, cuatro horas, que también se dividirá en varios capítulos para la televisión. La primera duda es si es una selección oportuna para este festival internacional de cine, y esa duda recae sobre los seleccionadores y no sobre el productor, lógicamente.
Porque lo que puede ser un valor en una producción televisiva, puede ser un fallo enorme en una cinematográfica.
Lisboa no aparece por ningún lado y misterio no hay ninguno salvo la resolución de varios enredos folletinescos.
Siglo diecinueve, un muchacho de catorce años, huérfano en un convento, reconstruye su vida desde una voz en off adulta, a partir de ahí, la estructura es la de un culebrón televisivo de época, ambientado entre la aristocracia portuguesa, con los ingredientes típicos: hijos cuyos padres re revelan en el momento más inesperado, pecados del pasado que regresan, amoríos, seducciones y afrentas de honor, divididos en tramas diversas. Para una película es un material narrativo muy pobre en calidad, e inabordable por su extensión para el espectador.
Lo que en televisión podría ser una realización eficiente, aquí se transforma en una mala dirección, el director se empeña en jugar a esconder la cámara detrás de los objetos, moviéndola continuamente como si el espectador estuviera espiando a los personajes, no funciona, cansa y no tiene sentido. Cansan los personajes atisbando detrás de las ventanas y cansa el teatrillo de cartón que seguramente marcará los capítulos de la serie, donde se representa simbólicamente cada cuadro.
No querría ser injusto con los actores, son muchos y es difícil procesar sobre la marcha la información y contrastar los nombres, pero podemos decir que de la primera parte solo se salva el muchacho, que tiene madera de actor y promete un atractivo importante y en la segunda no hay ninguna interpretación reseñable. Parte de la culpa es del director que ha construido las secuencias en contra de los intérpretes. Las secuencias con extras de la primera parte son abominables, Nadie sabe qué hacer y demuestran la improvisación más absoluta. Pero lo que se lleva la palma es la iluminación que es nefasta.
La ambientación a veces pobre y desangelada cuando en televisión será efectista. Hay demasiadas velas encendidas todo el tiempo, de día y de noche. Aún con todo, ambientación y vestuario es lo que se podría salvar de la quema con un poco de buena intención y la dirección de producción parece haber hecho esfuerzos considerables, porque se detecta cierta falta de medios.
En general tiene todo un punto un poco antiguo. Debemos tener en cuenta que el director, Raúl Ruiz, tiene casi setenta años y ha dirigido más de cien películas, lo que tiene su mérito pero explica muchas cosas.
Se aguanta en el asiento porque el guión es efectivo y ágil, va encadenando unas historias con otras y casi todos los exteriores y los interiores, sobre todo en la segunda parte, son notables.
La primera parte está rodada en portugués, un idioma que da gusto oír y la segunda casi entera en francés.
Pocas personas aguantaron en un pase con público para dar un aplauso ahogado por la extenuación. Porque no nos engañemos, a pesar de la envergadura del proyecto, como película no es buena y como serie tampoco es que sea Los Borgia.
Yo me resistí a la tentación de irme al final de la primera parte, lo cual es mucho decir.
© Del Texto: Ivor Quelch


sep 22 2010

Home for Chrismas: Humor ácido y grotesco… del bueno

HOME FOR CHRISMAS (A CASA POR NAVIDAD) – BENT HAMER – NORUEGA/SUECIA/ALEMANIA – SECCIÓN OFICIAL A CONCURSO

Lo de hacer una película con historias cortas y sin conexión unas con otras, que se van contando en paralelo, ya lo conocíamos, a mí personalmente, no es el tipo de cine que más me guste.
También conocemos el juego del cuento de Navidad, donde se mezcla lo agridulce, lo melancólico y se focaliza lo más tierno de los sentimientos. Y la nieve y todo eso.
Lo que no sabíamos es que hay ingenio suficiente para seguir explotando ambos asuntos sin complejos, ni tampoco que los noruegos tuvieran un sentido del humor tan ácido y tan grotesco.
Puesto que son varias narraciones paralelas, que Bent Hamer no ha caído en el error de intentar cuadrar como un rompecabezas, son bastante irregulares en tono e intensidad, pero todas funcionan.
La película, además, nos permite, gracias a una dirección artística y una iluminación naturalistas, -y como suele ocurrir en los festivales- viajar por el mundo y que las personas ignorantes de Noruega, como es mi caso, podamos conocer que lejos de la sociedad perfecta y opulenta que imaginamos, con casas como tiendas de muebles de diseño – o además de esa sociedad- hay una comunidad austera que debe de estar horrorizada con el despilfarro de las tramas de la Europa del Sur, que deberían darnos vergüenza.

El filme exalta la solidaridad y la amistad y denuncia la hipocresía, el engaño y la dureza de corazón, como debe de ser en cualquier buen cuento de navidad.
El final es un poco cursi, pero la clausura de alguna de las historias roza la genialidad. Hay dos o tres momentos sublimes, para recordar en casa y llorar de risa.
El público aplaudió por compromiso.
A mí me ha gustado verla y he pasado un buen rato.
© Del Texto: Ivor Quelch


sep 22 2010

Podslon: La justificación de todo un festival

PODSLON – DRAGOMIR SHOLEV – BULGARIA – SECCIÓN ZABALTEGUI, NUEVOS DIRECTORES

Por fin veo en este Festival algo talentoso e inteligente, y como suele ocurrir llega del lugar más inesperado, de Bulgaria, y demuestra que cuando hay verdadero talento, como es el caso de Dragomir Sholev, se puede hacer algo bueno, interesante, que nos entretenga, nos divierta y nos haga pensar, y reflexionar sobre nosotros, nuestras sociedades y su futuro. Sobre la incomunicación entre los seres humanos y el diálogo social e intergeneracional.
Las distintas administraciones, que tanto dinero se gastan en gilipolleces culturales, deberían estar obligadas a poner a disposición de la Comunidad películas así. (En parte lo han hecho aquí, hay que reconocerlo, pero no basta)
El talento del director lo salpica todo: el guión, conjunto con Razvan Radulescu y Melissa de Raaf, es una obra maestra; la fotografía y la ambientación son descarnadas, realistas y feístas, como corresponde al tema, y las interpretaciones, impecables y honestas. Todas, adolescentes y adultos. Cvetan Daskalov, Yanina Kasheva, Kaloyan Siriiski, Irena Hristoskova y Silvia Gerina.
Además, después de revolvernos un montón de cosas dentro y de provocarnos la sonrisa, y aún la carcajada, con un humor negro y finísimo, termina con un mensaje positivo y esperanzador. Porque todos podemos escuchar a los demás y aprender para conseguir un futuro mejor, para nosotros y para nuestros hijos, si los tenemos, y si no, plantearnos si no será mejor prescindir de la generación, si antes no somos capaces de articular sociedades más abiertas y dialogantes.

El adolescente Radustín, de doce años, vuelve a casa después de dos días fuera -y de darles a sus padres, lógicamente el gran disgusto- y vuelve con un par de amigos con los que está dispuesto a irse de nuevo. Sus padres no lo entienden, posiblemente tampoco los amigos y menos que nadie el adolescente Radustín.
A estas alturas, el espectador ya lo entiende todo gracias a una explosión, perdonen que me repita, de talento, y estamos en situación de pasar ochenta y ocho minutos inolvidables.
Busquen la película, presionen para que se distribuya a sus centros culturales y sus mediatecas, y si no es posible, no sean cutres y no la pirateen, así no solucionarán nada, pídanla a la productora o al director, insistan. Esta película se ha traído a España y se ha subtitulado con recursos públicos, su dinero, de sus impuestos. Merece verdaderamente la pena y es obligada para padres de adolescentes.
Es una película pequeña y honesta. Filmada casi entera en un interior. Hecha con pocos medios por un equipo joven, se merece premios y promoción. Una sola película así justifica un festival entero.
Desafortunadamente el público que aplaudió con ganas en el Teatro Principal era escasísimo.
A mí me ha entusiasmado.
© Del Texto: Ivor Quelch


sep 22 2010

V. O. S.: Lo que hay detrás

Siempre me han gustado las cosas originales. Sobre todo si son inteligentes, interesantes o transgresoras. Si reúnen las tres cosas al mismo tiempo, mucho mejor. Ya sé que no es nada del otro mundo decir algo así. ¿O sí lo es? Millones de personas consumen lo que les dicen que hay que comprar. Sin pensarlo dos veces. Es increíble cómo los gustos de todo lo que tiene que ver con el arte se ha convertido más en un consumo que en cualquier otra cosa. Se ha hecho universal una parte (la más lamentable) y otra se ha convertido en un coto ocupado por defensores del purismo (esto también es lamentable porque los que se parapetan en ese territorio suelen ser unos mediocres). Es decir, casi todos a un lado. Casi nadie al otro. Y todo lo que tiene que ver con el arte y la cultura derrumbándose con rapidez.
Yo, que soy protestón por naturaleza, no me creo nada de esto. Ni que el arte ha de ser universal, accesible para cualquiera aunque sea un zopenco, comprensible hasta para el más tonto; ni que sea una reserva destinada a mentes cultas y exquisitas. Todo eso me parece una majadería. Las cosas funcionan de otra forma. Planteado tal y como lo está, lo único que se consigue es que todos crean ser capaces de, por ejemplo, rodar una película de cine o escribir una novela; que unos pocos ganen dinero a base de decir cosas incomprensibles. Y, lo peor, unos por tragar con los que les echan y otros por ser tan finolis y maravillosos, impiden que se conozcan a una serie de autores de los que podríamos disfrutar de lo lindo.
Si preguntásemos a los asistentes de un buen partido de fútbol o a los de una ópera excelente o a los viajeros del tren Madrid-Sevilla, sobre un tal Cesc Gay, les garantizo que muy pocos sabrían de quién les estábamos hablando. Pero muy pocos. Si lo hiciéramos en la puerta de un cine el resultado sería más o menos el mismo. Y si preguntásemos por la película V. O. S. nos pasaría lo mismo. Una pena.
Cesc Gay es director de cine y guionista. Un tipo que hace cine inteligente, interesante y, desde una aparente normalidad, transgresor.
V. O. S. es una de sus películas. Una de esas que pasa desapercibida para el gran público. Una excelente película de un director con un futuro por delante más que esperanzador. Si no se estropea por el camino y se deja cegar por un puñado de euros o si no le destroza la crítica ramplona que tanto debe a los grandes grupos de comunicación.
La película cuenta la historia de dos parejas. Habla de cómo las cosas llegan sin ser esperadas y el destrozo que ocasionan para unos u otros, de cómo las miradas sobre la misma cosa hace de ella un universo exclusivo. Cosas que en otras circunstancias serían motivo de celebración, pero que se convierten en infiernos personales. Y, además, la película cuenta cómo se cuenta todo esto. Podemos ver a los actores descansar entre toma y toma, cómo se barren los platós, cómo la frontera entre actor y personaje se va haciendo mínima, la trasera de los decorados, cómo se discute el vestuario, el trabajo del fotógrafo, las relaciones que se establecen entre los miembros del equipo de rodaje, a los ayudantes de producción yendo y viniendo. Incluso a los actores interpretando a sus personajes después de interpretarlos. Dicho de otro modo, a los personajes interpretándose a sí mismos. Se cuenta, todo esto, desde la ruptura de la linealidad narrativa. Todo empieza desde el final. Sin ocultaciones.

Habla la película de la incomunicación, de la falta de complicidad en la pareja que siempre es sustituida por la complicidad con un tercero. Los personajes llegan a pensar en alto porque es igual. El de enfrente no va a escuchar.
Habla la película de lo que nos podemos encontrar detrás. Detrás de la relación entre un hombre y una mujer. Detrás de la cámara.
La elección de los temas musicales, como siempre en las películas de Gay, es muy acertada. En V. O. S. destaca el tema Algo contigo por ser troncal en la narración. y por su calidad, claro.
Destacan las interpretaciones femeninas. Tanto Ágata Roca como Vicenta Ndongo están formidables. Andrés Herrera y Paul Berrondo están más discretos en sus papeles. Quizás lo exagerado del acento vasco de ambos termina siendo una búsqueda facilona de sonrisas que deja de funcionar dos minutos después de comenzar la película por parecer artificial en exceso. Todo hay que decirlo. Es la dirección de actores lo más flojo del director. Cuando trabaja con gente de primera línea las cosas salen mucho mejor, más por el talento de los actores y actrices que por el trabajo de Gay.
V. O. S. es una muy buena película. Cesc Gay es un muy buen director. ¿Quién espera con inquietud su próxima película? ¿Quién ha escuchado el nombre de este director en una mesa en la que se habla de cine? Una pena.
© Del Texto: Nirek Sabal
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sep 22 2010

Ives Saint Laurent, L’Amour fou: Homenaje a un amor

IVES SAINT LAURENT, L´AMOUR FOU – PIERRE THORETTON – ZABALTEGUI (ESPECIALES)

Excepcional este documental Ives Saint Laurent l´Amour Fou, que habla de muchas cosas más que de la vida y la obra de Yves Saint Laurent, modisto legendario y creador del pret-á-porter.
Siguiendo el hilo de la subasta del siglo, celebrada en el Grand Palais de París, en la que se dispersó la fabulosa colección del diseñador y de su compañero de cincuenta años, Pierre Bergé, el director, Pierre Thoretton, elabora un documento que un testimonio de amor y una reflexión sobre el poder y el espíritu de los objetos, sobre la creación y la belleza (y sobre la creación de la belleza y la belleza de la creación) y sobre el infierno que engendran el éxito y la fama. Estudia el trasfondo del mundo de la moda, plasmando una época dorada que se extinguió.
La película se inicia con las dramáticas imágenes de un Saint Laurent, anímicamente destruido, anunciando el abandono de la profesión que fue su vida, que se funden con los funerales del gran coutourier, celebrados en París con honores de Estado. Después es el propio Bergé el que nos muestra la casa que habitaron durante más de veinte años en la rue Babylone, nos habla de los objetos y de lo que representaron, los vemos luego inspeccionados, catalogados y expuestos a la curiosidad del mundo en Londres, en Nueva York.
Hay lujo y glamour como debía de ser, pero también imágenes y fotografías de archivo conmovedoras, como la presentación en triunfo de su primera colección, en los años cincuenta, en la que empuñó el cetro del desaparecido Dior, su maestro, o el homenaje a toda una vida de creación, celebrado en loor de multitudes en el Stade de France a los compases del Bolero de Ravel.
Hay secuencias bellísimas del Chatêau Gabriel, en Normandía, y de la casa del jardín de Majorelle en Marraquesh, sus residencias.
Pero lo que brilla sobre todas esas cosas y atenúa su frivolidad, dándoles un sentido, es la personalidad de Pierre Bergé y su alma literaria en un diálogo consigo mismo, plagado de citas y pensamientos inolvidables e inteligentes. Es un homenaje a un amor inmenso, sin falsas ternuras ni hipocresías, sincero, que se convierte en un monumento. Bergé se muestra –el director nos lo muestra- como un caballero y un hombre de una fortaleza de carácter y una lucidez extraordinarias.
El documental es perfecto. Mantiene la unidad narrativa y la tensión emocional, la música de Milhaud, de Tchaicovsky, y de Mehendelson, acompaña a las imágenes acertadamente. Y tanto la utilización de la grabación de la subasta, como los materiales de archivo, es mesurada y conveniente.
Solamente acompañan a Bergé en este lamento fúnebre dos voces, las de Betty Catroux, una de las maniquíes favoritas de Saint Laurent, y Loulou de la Falaise, celebrity y musa del modisto; son los ángeles perverso y benéfico que le acompañaron en el brillo de los éxitos y en la noche del alcohol y de las drogas. Jack Lange, Ministro que fuera de la Cultura de Francia, habla con admiración en las salas del Louvre, entre los mármoles antiguos.
Es una gran historia de amor y el retrato de un artista, de un hombre y de una soledad. El testimonio sincero, valiente y despiadado de una vida compartida.
Como no podía ser menos en San Sebastián, con la sombra de Balenciaga sobrevolando el Kursaal y la tradicional elegancia de la ciudad y de sus señoras, el público, que llenaba la sala grande hasta el último asiento, aplaudió con ganas al director que se encontraba en la sala, hasta en tres ocasiones, éste declaró después sentirse muy emocionado.
A mí la película ha conseguido conmoverme y me ha encantado.

© Del Texto: Ivor Quelch

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