How Much Does Your Building Weigh, Mr. Foster?: Corrección sin vida

HOW MUCH DOES YOUR BUILDING WEIGH, MR. FOSTER? (¿CUANTO PESA SU EDIFICIO, SEÑOR FORSTER?) – NORBERTO LÓPEZ AMADO y CARLOS CARCAS – GRAN BRETAÑA/ESPAÑA – ZABALTEGUI, NUEVOS DIRECTORES

Un documental sobre Norman Foster producido por su mujer, Elena Ochoa. No piensen que es una maldad, pero no deja de ser un hecho cierto. El resultado es lo que podíamos esperar: una cuidada producción, una fotografía impecable con la que las grandes obras de arquitecto, lucen con un esplendor y una grandiosidad incomparables, y un guión encaminado a ensalzar la figura del artista como un visionario, y su dimensión humana, casi como un superhéroe.
El propio Foster es quien lleva las riendas de la narración de esa construcción de sí mismo y del mundo. Es un hombre con una presencia y una elegancia, singulares, gran aplomo como orador y fotogenia. Debe de ser inteligente para llegar a donde ha llegado. La película llega al espectador sin un fallo. Para apoyar la narración aparecen, por aquí y por allá, varios artistas y asociados, cuidadosamente seleccionados, vestidos y maquillados.
El recorrido por la trayectoria vital y profesional de Foster es lineal y previsible: su infancia en una vivienda obrera suburbana de Manchester, sus primeros dibujos y su primera empresa y éxitos; y después un recorrido por sus trabajos más emblemáticos. Aparece en una secuencia muy breve como padre atento y en otras dos recordando momentos vitales decisivos. Sin emoción.
El resultado es un documental… ¿perfecto?
Admiro mucho a Norman Forster. Creo que es un genio como arquitecto y como artista y entiendo que sus grandes construcciones se han convertido en paradigma de un mundo nuevo y referente inevitable. Creo que es una de las mentes que en este momento, en estos últimos años, ha movido la manera de entender el mundo y participado de manera singular en su construcción. Lo ha hecho con sus grandes obras, como el aeropuerto internacional de Pekín, el edificio más grande de la tierra, en las más reducidas actuaciones simbólicas como la reconstrucción del Reichtag, con su cúpula emblemática; y también en los edificios de pequeño formato como el creado para la sede de la municipalidad de Londres, junto al puente. Me parece además que no hay que tener un importante conocimiento de la arquitectura y basta con extender una mirada curiosa sobre sus obras para entender que son maestras, y grandes logros arquitectónicos, y pienso en el viaducto de Millau. Todo esto queda muy bien retratado en la película.
También Elena Ochoa merece mis respetos como productora de cine y editora de arte, labores  ejemplares, a las que debemos un reconocimiento.
Pero falta algo. Lo que previmos que iba a ocurrir al tener conocimiento de cómo surge la gestación de este documental. No hay conflictos ni claroscuros. No hay una parte humana que nos interesa mucho más que las obras a las que podemos acceder con otros recursos y otros audiovisuales. ¿es que nunca ha tenido un fracaso?
A mí, personalmente, me hubiera gustado –y para eso me acerqué al cine- saber cómo vive y como duerme, verle en su entorno familiar o en sus reuniones de trabajo. Recorriendo alguna de sus obras en el detalle de las infraestructuras; en el recuerdo de momentos de dificultad o de ingenios súbitos que hicieron crecer un proyecto. Verle nervioso, triste o desesperado ante el fallo adverso de un concurso. Creo que a ustedes también les hubiera gustado.
Se ve un intento claro de manipulación de imagen, de crear un producto perfecto. Conseguir una imagen, o mejor: pulirla y perfeccionarla. Lo han conseguido.
Imagínense lo que hubiera sido acompañarle en un viaje por el mundo visitando sus obras, hablando con gente que las habita para vivir o trabajar, con los ciudadanos que las sufren y las disfrutan. O recorrer su vida por un día, una semana o un mes de trabajo; en la preparación de un proyecto desde su origen. Para ello hubiera sido necesario que la idea surgiera de alguien más lejano al personaje, capaz de arrojar un foco sobre él que nos iluminase. A nosotros.
Es una pena. Una oportunidad perdida. Aunque se agradece el trabajo y se aprecia. También se entiende el proceso y el resultado.
Se aplaudió brevemente.
A mí me gustó, decepcionándome.
© Del Texto: Ivor Quelch

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