Elle S’appelait Sarah: Recarga de sensibilidad para todos

ELLE S´APPELAIT SARAH – GILLES PAQUET-BRENNER – FRANCIA – SECCIÓN OFICIAL A CONCURSO

Elle s´appelait Sarah, Se Llamaba Sara, me ha parecido una buena película. El planteamiento no es una novedad, pero el guión es sólido y sostiene la ficción, que mezcla dos momentos históricos paralelos. Uno en la actualidad, en París, donde una periodista americana, afincada en la ciudad desde hace veinte años, inicia una investigación que le lleva a un momento del pasado. Ambas historias se mezclan y se cruzan implicando emocionalmente a la protagonista –y al espectador- y relatándonos sucesos ocurridos en el tiempo de la Guerra Mundial.
Hay un par de giros de guión algo forzados y la ambientación de época no es notable, pero ninguna de las dos cosas impide que permanezcamos en la butaca conteniendo la respiración, mientras se resuelve un argumento interesante que no decae en ningún momento y que nos lleva de París, con Julia Jarmond (Kristin Scott Thomas), la protagonista, a Nueva York y a Florencia, donde se completan los retazos de unas vidas rotas más de medio siglo atrás.
Y es que la participación emotiva del espectador con Julia, con su momento personal y sus circunstancias vitales, es un primer peldaño que nos permite implicarnos por completo en el foco de su investigación.
Kristin Scott Thomas es una actriz que me gusta mucho, es guapa, elegante y tiene un aire enigmático capaz de resolver cualquier papel complicado. Aquí defiende un personaje con técnica y cercanía, e incluso ese punto de frialdad que le caracteriza, juega a favor de la interpretación que se ve arropada por un grupo de actores eficientes.
El filme está basado en una novela de Tatiana de Rosnay.
Todo esto está muy bien, sí. Les animo a que la vean si tienen esa oportunidad.
Pero lo que importa es lo que hay detrás.
A lo largo de 1942, setenta y cuatro trenes especiales salieron de Francia con destino al campo de concentración de  Auschwitz, cargados de judíos. Más de setenta y seis mil personas, once mil niños. La mayor parte de ellos no regresaron nunca. Personas. Como ustedes y como yo, niños como sus hijos. Esta película cuenta la biografía posible de una de ellas y de su familia. Una niña arrojada en el pozo del horror. Los que han hecho posible esta película, lo cuentan para recordarnos que no fueron los nazis malditos los que participaron en ese crimen masivo, sino ciudadanos franceses, en un clima viciado de prejuicios y de oprobio, los que activamente o por omisión permitieron que sucediera. Hace algo más de una decena de años, Jacques Chirac, el Presidente de la República, limpiaba en parte la vergüenza de Francia, reconociendo y pidiendo perdón por esos hechos, que este filme traslada a la sociedad por medio de una ficción que posiblemente tenga mucho de cierto.
Es una película notable, por lo que dice y por cómo lo dice. Está hecha con sensibilidad y tiene tensión dramática. Cualquier premio que reciba será un premio para la Humanidad que no debe olvidar nunca un solo minuto de aquel drama.
Recibió en mi opinión menos aplausos de los que se merecía en el pase para la prensa. Seguramente recibirá un caluroso saludo mañana, en la gala de clausura en la que se proyectará.
A mí me mantuvo atento y me emocionó.
© Del Texto: Ivor Quelch

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