sep 26 2010

Apart Together: Un aplauso sincero para el cine honesto

TUAN YUAN (APART TOGETHER) – WANG QUAN AN – CHINA – ZABALTEGUI (PERLAS)


Después de más de cincuenta años de separación, forzada por los sucesos de la guerra civil china, Liu regresa a Shangai para buscar a la que fue su esposa, Quiao. En todos esos años, ella ha formado una familia. El recibimiento da lugar a reacciones diferentes por parte de cada miembro de ese grupo familiar que en el transcurso de los días irán mudando hasta recomponer una trama de sentimientos.
Tuan Yuan, provoca una mirada sobre la pareja, la familia y la vejez pero también es un canto a la reconciliación de dos Chinas que conviven superpuestas: la del continente y la de Taiwan, la de la modernidad y de la tradición, de los jóvenes y de los mayores.
El guión se desenvuelve imprevisto y con gran naturalidad, lo que nos permite apreciar, a pesar de los diferentes códigos de comunicación orientales, las actuaciones realmente buenas de tres actores mayores, capaces de transformar en un mundo cada uno de los instantes y de los recuerdos.
El guión obtuvo el Oso de Plata en el último Festival de Berlín. La película es un homenaje a una generación que se perdió en una guerra fratricida, cuyas heridas aún no se han cerrado, una generación que ayudó a construir un mundo que ya no les comprende. Da lugar a innumerables pensamientos y es el tipo de película que provoca conversación y debate.

Y es que, si parece que la vida se termina con la vejez, aquí se abre una puerta a la ilusión y al futuro, un campo de sentimientos que los mayores están en posición de afrontar con la valentía con la que enfrentaron los malos tiempos.
Es una película entretenida, con momentos muy simpáticos y todas las reflexiones las produce desde una posición cercana y entrañable, demostrando que los mismos mensajes son válidos para todas las culturas.
Esta historia de amor con mayores, recibió un aplauso sincero en el pase para la prensa del Teatro Victoria Eugenia.
Yo la viví como una película honesta comprobando un trabajo bien hecho.
© Del Texto: Ivor Quelch


sep 26 2010

Los siete magníficos. Inolvidables (1)

Los niños de mi generación quisimos ser vaqueros. Tipos duros, capaces de lo mejor y lo peor con un revolver en la mano; hombres que enamoraban a las chicas guapas, que bebían sin inmutarse, que podían dormir sobre una roca como si lo hicieran en la mejor cama del oeste. Creo yo que deseábamos serlo para poder montar un caballo con destreza, sí, pero, al mismo tiempo, porque esos vaqueros de película (sobre todo los buenos, claro) era tipos honestos, valientes, llenos de valores como el honor, la amistad o la justicia. Era mejor que ser oficinista. Las películas del oeste marcaron a toda una generación.
Pocas veces me emociono tanto como cuando la música de Los siete magníficos comienza a sonar al comenzar la proyección. Esa partitura, la que firmó Elmer Bernstein para acompañar por los caminos polvorientos a Yul Brynner, Steve McQueen, Charles Bronson, Robert Vaughn, Brad Dexter, James Coburn y Horst Buchholz, es una de las mejores de la historia del cine. Pocas veces me emociono como cuando dos de ellos dejan el pueblo mejicano por el que han tenido que pelear sabiendo que su destino es perder, siempre perder. Un hombre con revolver sólo puede aspirar a eso. Es esta una película que hace aflorar los sentimientos más nobles a cualquiera que la vea.
Los siete magníficos, dirigida por John Sturges, es deudora absoluta de Los siete samuráis de Akira Kurosawa. Pero esto no hace que la película sea menos. Dentro del género ha ocupado siempre un lugar preferente y lo seguirá llenando por siempre jamás.
Calvera (Eli Wallach) y sus hombres roban las cosechas de los campesinos. Son forajidos mejicanos. Los hombres de uno de los pueblos afectados deciden pedir ayuda. Cruzan la frontera y allí encuentran a nuestros siete magníficos. Cada uno de ellos participa movido por una motivación distinta. La búsqueda de una riqueza que no existe en ese pueblo, la expiación por ser cobarde, la percepción de que en ese momento no es mala idea embarcarse en algo tan absurdo, la inconsciencia de la juventud o un vínculo que se crea con los campesinos difícil de romper para un hombre con principios. Preparan el pueblo para resistir un ataque seguro de los forajidos. Y todo se llena de hombres a caballo, disparos, rifles, mujeres enamoradas, polvo, traición, valentía y muerte.

Una vez llegado a este punto, recuerdos de niñez. Muchachos corriendo por las calles del barrio intentando liberar a las damas, emboscadas al pasar la esquina, disparos imaginarios que siempre acababan con los malos. O las figuritas de plástico distribuidas por el pasillo. Siempre dispuestas a cumplir las órdenes del vaquero más valeroso de todos. es decir, yo mismo.
Ni se trata de una maravilla de guión, ni de una fotografía magnífica, ni las interpretaciones son inolvidables. La música sí, la música es todo lo anterior. Pero el conjunto funciona perfectamente.
Una película para ver con los más pequeños de la casa, con los jovencitos, con algún amigo de la niñez. Una película inolvidable. Ah, por cierto, siempre me pedía ser Steve McQueen.
© Del Texto: Nirek Sabal

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sep 26 2010

Cerro Bayo: Otra decepción para olvidar

CERRO BAYO – VICTORIA GALARDI – ARGENTINA – SECCIÓN OFICIAL A CONCURSO



Cerro Bayo es una comedia negra bastante extraña. Argentina. Ambientada en un pueblo cerca de Bariloche, bajo la estación de esquí de las montañas que se va a inaugurar y que da lugar al título.
Se inicia la película con la presentación de los personajes y el intento de suicidio de la matriarca, una mujer hosca y anciana, que permanecerá ya en coma todo el relato, como fondo al retrato del grupo familiar. Lo que viene después no procede explicarlo, pero la familia se va reuniendo como una serie de seres egoístas, en la que cada uno va a lo suyo, salvo excepción.
Los actores no terminan de estar mal, pero interpretan a espaldas unos de otros, creando una atmósfera de improvisación en la que se han dado por buenos incluso planos fallidos o mal resueltos, en aras de un naturalismo equivocado; cierto que esto resulta efectivo en los momentos de humor que salpican lo que realmente es una drama.

Porque lo que ocurre es que la comedia y el drama están mal compensadas y mal compuestas. Esto tiene su punto porque nunca terminamos de entender en qué momento llega la broma, hasta que ya es irreversible en la cabeza y la carcajada surge súbita, pero el momento es breve y escaso y la parte seria no tiene profundidad y no termina de arrancar. El resultado es que no funciona de ninguna de las dos maneras, aunque no se puede negar el interés que consigue mantener el guión hasta el final, en la espera de un remate brillante de la narración que nunca se produce.
Hemos seguido, pues, una serie de pequeñas mezquindades personales sin conexión ni coherencia, nos hemos reído en algún momento, pasamos un rato agradable y no tenemos nada que reprochar a los técnicos, y a los actores falta de empatía, de ensayos o de entendimiento con la directora, Victoria Galardi. Las interpretaciones se acercan más al psicodrama o a la constelación que a la construcción del personaje.
El cine argentino suele presentar productos más elaborados que éste, aunque parece que hay cantera en la dirección para futuros proyectos más sólidos.
Como hubo risas, el público aplaudió, pero ya habrá olvidado la película.
A mí me decepcionó.
© Del Texto: Ivor Quelch