Agua fría de mar: Esperpento

AGUA FRÍA DE MAR – PAZ FÁBREGA – COSTA RICA – (HORIZONTES LATINOS)

Agua Fría de Mar es lo que le deberían echar por encima a la directora de esta película, antes de irse de San Sebastián, si es que se ha atrevido a venir.
Porque Paz Fábrega, con la colaboración necesaria de un equipo numeroso, ha perpetrado un despropósito de una magnitud desconocida. Yo, al menos, no recuerdo haber asistido, recientemente, a nada semejante.
El guión es espeluznante, eso suponiendo que hubiera guión y que no se le hayan ido ocurriendo los diálogos a la propia Paz sobre la marcha, porque da esa sensación. Concordando con ello, todo parece ser fruto de la desgana y el desconcierto más absoluto.
Por cierto, no se entiende ni una palabra de los diálogos y no se engañen, no es que los ticos hablen un español con un acento especialmente oscuro, es sencillamente que en esta película, los actores, si es que son actores, rumian en vez de hablar y el sonido es nefasto. No tiene ninguna importancia puesto que los subtítulos en inglés eran incapaces de transcribir la demencia de los diálogos.
Imagino que esta película significará el fin de la carrera de su protagonista, Montserrat Fernández; que no se preocupe, hay profesiones interesantísimas y medios muy honrados de ganarse la vida. No se acaba el mundo. Da la impresión de que haya rodado bajo los efectos de fármacos o sometida a algún tipo de chantaje.
Ella es, en la cinta, una mujer aburrida que no sabe lo que le pasa –seguramente un trasunto de la directora-. Después está su novio que tampoco sabe lo que le pasa a su amada. Yo sí. Que no han follado desde que llegaron a ese hotel cutre, lejos de la playa, con la piscina llena de hojas secas y el césped descuidado. Y no me digan que forma parte de la atmósfera ¡por favor! Las atmósferas se pueden crear bien o mal, como aquí. Si Costa Rica, famosa por ser el paraíso, quisiera hundir su economía, debería enviar con urgencia esta película de festival en festival, y verían como no volvía nadie nunca más. Él está bastante bueno por lo que el hecho de no follar es aún más perturbador.
Por otra parte –como si dijéramos el correlato- hay una niña que es un bicho, instalada con su familia en la playa de una forma gitanesca. Si -a lo mejor- todo esto les parece poco, aún hay más: la playa se llena de bichos que salen del mar, serpientes para más señas. Símbolos, ¿se dan cuén? Pero todo con desgana, como quien no quiere la cosa.
Con todos esos ingredientes, lo deseable sería que no hubiéramos entendido nada, así, yo al menos, me quedaría tranquilo. Lo prefiero. Siempre quedaría la compensación de pensar que hay gente inteligentísima que maneja unos códigos oscuros, pero no, encima es que te enteras de lo que quiere contar desde el primer momento y ha hecho el resto de la película para hacerse la profunda y la misteriosa.
Los lectores de guiones, si es que había guión, de los coproductores y los numerosos organismos que han participado en la financiación deberán estar orgullosos de haber despilfarrado así el dinero. Lo único que demuestra es que hay, en los lugares donde se toman decisiones, personas de una incompetencia olímpica que no tienen la más mínima idea de nada, y para los que repartir el dinero es un trámite burocrático y loteriesco, si me permiten la expresión. La película obtuvo el premio VPRO Tiger Award del Festival de Rotterdam, ¡que Dios nos asista! Ha sido coproducida con Francia, España y Méjico ¿no podían haberse declarado la guerra al estilo clásico?
Hay momentos, como la llegada al hospital con la protagonista, que se ha lastimado una pierna, que rozan el esperpento. Un esperpento colectivo que la directora jamás hubiera conseguido sin el valioso apoyo del iluminador, de los vestuaristas y de los decoradores. Los actores han hecho un esfuerzo titánico para estar lo peor posible. La recepcionista del hospital podría convertirse, si quisiera, en la nueva musa del cine costarricense, aunque es muy posible que no hayan contratado a nadie para el papel y que sea la propia secretaria de la clínica la que actúe. En ese caso, se ve que se ha dirigido a sí misma y está soberbia.
Por primera vez en una proyección en este Festival, no se ha atrevido a aplaudir nadie. Por las caras que se veían, seguramente le hubieran asesinado para bailar después sobre sus cenizas.
Yo salí del cine deseando escribir esta reseña para mandársela a la directora.
© Del Texto: Ivor Quelch

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