Gesher: Valentía y trabajo

GESHER – VAHID VAKILIFAR – IRÁN – ZABALTEGUI, NUEVOS DIRECTORES

Gesher es una película con una doble lectura, eso no es difícil de deducir, casi todas las películas iraníes han bordeado tradicionalmente la censura utilizando los símbolos y la metáfora; y parece mentira que lo consigan porque hay claves que son evidentes y temas peligrosos de tocar, aunque todo es permitido mientas no se diga y no se muestre.
Cuenta la historia de tres hombres, trabajadores marginales, auténticos parias de la sociedad, que comparten las noches y los sueños, las desgracias y la solidaridad en unas circunstancias hostiles. En un momento en el que coinciden sus vidas, en una situación que no viene de ningún sitio, ni va a parte alguna. Detenidos en la inacción. Los actores componen sus personajes con pinceladas, de manera sutil.
Detrás de esto hay una crítica implacable de la situación en la República Islámica de Irán, del mesianismo de su régimen, del abandono por parte del poder de la sociedad civil, del desamparo y del sueño constante de huir del ese clima asfixiante, que es parte del día a día de los ciudadanos; del endiosamiento de los clérigos omnipresentes.
Vahid Vakilifar consigue esto mediante imágenes que son como poemas o enigmas que hay que descifrar, algunos son evidentes y otros quedan abiertos a la imaginación. El ritmo es lento y los diálogos del guión escasos, para crear esa sensación de tiempo detenido y de corrupción mental. Para ser su opera prima es una demostración de poder y de ambición enorme de la que sale airoso con una película de una hermosura rara y factura impecable.
Sabemos lo difícil que es hacer cine en Irán y los iraníes saben que el mundo busca en sus creaciones artísticas el pulso de la sociedad civil.
Son símbolos poderosos que conforman un universo apocalíptico: una titánica explotación de gas, en los yacimientos del Golfo Pérsico; los trabajadores hacinados, acampados en las secciones sobrantes del gasoducto; un petrolero anclado mar adentro, inmóvil, permanente, amenazante; un desierto abrasado por el sol y por las llamas gigantescas de los quemadores de gas residual; el mar. La factoría iluminada en unas noches con el cielo teñido de un rojo de sangre. Los crepúsculos.
Leo en el dossier que la película está rodada en las tres lenguas que se hablan en Irán: persa, kurdo y azerí, y sospecho que es un símbolo más.
Había muy poca gente en la sala que apenas aplaudió; si no se busca, por desconocimiento o por descuido, lo que el filme oculta, debe de ser una película aburrida y decepcionante.
A mí me interesó y me dejó con la sensación de ver un trabajo valiente y bien hecho.
© Del Texto: Ivor Quelch


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