A Jamaâ: El lustre de la escasez de medios

A JAMAÂ – DAOUD AOULAD-SYAD – MARRUECOS – SECCIÓN OFICIAL A CONCURSO

¿Cuál es la responsabilidad social del cine, del artista?
La película marroquí A Jamaâ, está basada en una situación real y parece que rodada con actores no profesionales. Es genial.
Su director, Daoud Aoulad-Syad, marrakchí, realizó su anterior película en un pueblo cercano a Zagora, en el sur de Marruecos, se titula En Attendant Pasolini y obtuvo el premio a la mejor película árabe en el Festival de El Cairo en 2008. Para el rodaje, como es habitual, se construyó con decorados el simulacro de un pueblo y de sus construcciones. Es el caso que al irse la troupe del cine, la gente del pueblo derribó los decorados pero la mezquita (A Jamaâ) se había convertido ya en lugar real de culto para los paisanos; el problema es que el infeliz Moha, (Adbelhadi Touhrach) había alquilado para el rodaje el huerto en el que se levantó la construcción, con el que daba de comer a su familia, así que el asunto se convierte en un drama personal que Daoud regresa para fijar en este filme.
Como se pueden imaginar la situación es kafkiana y rocambolesca, y da lugar a una película muy divertida, animada por la participación de la gente del pueblo que se toma a pecho sus interpretaciones.
Pero detrás de la ficción hay una carga de profundidad contra un sistema arbitrario y unas cuestiones que se quedan en el aire: ¿Cuál es la misión de la religión en las sociedades? ¿Corresponde a las autoridades velar por la justicia, lo hacen? ¿Son impunes los medios de comunicación de los problemas de nuestras comunidades?
En esta película tan pequeña están reflejados, con ironía, pero implacablemente, todos los problemas de la sociedad marroquí.
La ejecución es brillante y la fotografía limpia. Los que puedan verla podrán además disfrutar de los hermosos paisajes del valle del Draá, y sobre todo de sus cielos asombrosos, en este pequeño retrato de una convivencia. Detrás de la pantalla se ve un equipo unido y con talento y eso no es habitual.
Bien por el director, por asumir su responsabilidad ante Moha y ante nosotros, por provocar el debate y por hacernos pensar. Por estudiar de una manera tan simpática dónde termina la ficción y qué es la realidad.
La filmación tiene guiños al lenguaje de Pasolini y al neorrealismo, y en ocasiones recuerda a Berlanga.
Impresiona saber que una película hecha con pocos medios, y seguramente grandes dificultades, no se le pueda reprochar defectos técnicos ni artísticos. Supongo que la podrán ver en las salas habituales de las grandes ciudades, porque es brillante y se distribuirá.
Los marroquíes son nuestros vecinos ¿recuerdan?, en general son ingeniosos y muy divertidos y nos lo demuestran en cuanto les damos ocasión para hacerlo.
La gente en la sala, poca, aplaudió brevemente aunque no era el pase oficial.
Para mí ha sido un gustazo verla.
© Del Texto: Ivor Quelch


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