sep 24 2010

Genpin: Cuando falta algo más allá de la pantalla

GENPIN – NAOMI KAWASE – JAPÓN – SECCIÓN OFICIAL A CONCURSO


Genpin es una película documental que compite en la sección oficial. Viene de Japón. Se basa en la labor del anciano y sabio Tadashi Yoshimura, un tocólogo que sigue los métodos de la escuela tradicional, para preparar a las mujeres para un parto natural. Lleva a cabo su labor en un sencillo consultorio rural.
Alrededor de ésta figura, la directora-guionista, Naomi Kawase, ha estructurado con imágenes, pensamientos del médico y testimonios de diferentes mujeres, una película que pone el foco sobre la maternidad y el nacimiento, contando con la deshumanización de la medicina moderna y la necesidad de recuperar hábitos de vida perdidos en nuestras sociedades.

Será muy útil para futuros padres que encontrarán identificación, apoyo y consejos interesantes. Debe de ser especialmente necesario poner este tema sobre la mesa en la superpoblada y estresada sociedad nipona, pero también las mujeres en Europa buscan cada vez más alumbramientos responsables y sin traumas.
Sobre estas premisas, la directora desvela los claroscuros de la testaruda personalidad del médico y pequeños dramas humanos. El montaje compone una sugestiva narración que soporta una fotografía que no siempre es de la mejor calidad debido a la utilización de la luz natural.
Las imágenes de un parto y los primeros momentos de la vida de un niño, nos maravillan siempre; y más cuando son recogidas, como aquí, con intimidad y un pudor realista.
El documental está bien planteado desde una posición humilde y respetuosa.
Fue aplaudido, pero el público pide algo más a la pantalla de cine.
A mí me dejó indiferente.
© Del Texto: Ivor Quelch

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sep 24 2010

Gesher: Valentía y trabajo

GESHER – VAHID VAKILIFAR – IRÁN – ZABALTEGUI, NUEVOS DIRECTORES

Gesher es una película con una doble lectura, eso no es difícil de deducir, casi todas las películas iraníes han bordeado tradicionalmente la censura utilizando los símbolos y la metáfora; y parece mentira que lo consigan porque hay claves que son evidentes y temas peligrosos de tocar, aunque todo es permitido mientas no se diga y no se muestre.
Cuenta la historia de tres hombres, trabajadores marginales, auténticos parias de la sociedad, que comparten las noches y los sueños, las desgracias y la solidaridad en unas circunstancias hostiles. En un momento en el que coinciden sus vidas, en una situación que no viene de ningún sitio, ni va a parte alguna. Detenidos en la inacción. Los actores componen sus personajes con pinceladas, de manera sutil.
Detrás de esto hay una crítica implacable de la situación en la República Islámica de Irán, del mesianismo de su régimen, del abandono por parte del poder de la sociedad civil, del desamparo y del sueño constante de huir del ese clima asfixiante, que es parte del día a día de los ciudadanos; del endiosamiento de los clérigos omnipresentes.
Vahid Vakilifar consigue esto mediante imágenes que son como poemas o enigmas que hay que descifrar, algunos son evidentes y otros quedan abiertos a la imaginación. El ritmo es lento y los diálogos del guión escasos, para crear esa sensación de tiempo detenido y de corrupción mental. Para ser su opera prima es una demostración de poder y de ambición enorme de la que sale airoso con una película de una hermosura rara y factura impecable.
Sabemos lo difícil que es hacer cine en Irán y los iraníes saben que el mundo busca en sus creaciones artísticas el pulso de la sociedad civil.
Son símbolos poderosos que conforman un universo apocalíptico: una titánica explotación de gas, en los yacimientos del Golfo Pérsico; los trabajadores hacinados, acampados en las secciones sobrantes del gasoducto; un petrolero anclado mar adentro, inmóvil, permanente, amenazante; un desierto abrasado por el sol y por las llamas gigantescas de los quemadores de gas residual; el mar. La factoría iluminada en unas noches con el cielo teñido de un rojo de sangre. Los crepúsculos.
Leo en el dossier que la película está rodada en las tres lenguas que se hablan en Irán: persa, kurdo y azerí, y sospecho que es un símbolo más.
Había muy poca gente en la sala que apenas aplaudió; si no se busca, por desconocimiento o por descuido, lo que el filme oculta, debe de ser una película aburrida y decepcionante.
A mí me interesó y me dejó con la sensación de ver un trabajo valiente y bien hecho.
© Del Texto: Ivor Quelch


sep 24 2010

A Jamaâ: El lustre de la escasez de medios

A JAMAÂ – DAOUD AOULAD-SYAD – MARRUECOS – SECCIÓN OFICIAL A CONCURSO

¿Cuál es la responsabilidad social del cine, del artista?
La película marroquí A Jamaâ, está basada en una situación real y parece que rodada con actores no profesionales. Es genial.
Su director, Daoud Aoulad-Syad, marrakchí, realizó su anterior película en un pueblo cercano a Zagora, en el sur de Marruecos, se titula En Attendant Pasolini y obtuvo el premio a la mejor película árabe en el Festival de El Cairo en 2008. Para el rodaje, como es habitual, se construyó con decorados el simulacro de un pueblo y de sus construcciones. Es el caso que al irse la troupe del cine, la gente del pueblo derribó los decorados pero la mezquita (A Jamaâ) se había convertido ya en lugar real de culto para los paisanos; el problema es que el infeliz Moha, (Adbelhadi Touhrach) había alquilado para el rodaje el huerto en el que se levantó la construcción, con el que daba de comer a su familia, así que el asunto se convierte en un drama personal que Daoud regresa para fijar en este filme.
Como se pueden imaginar la situación es kafkiana y rocambolesca, y da lugar a una película muy divertida, animada por la participación de la gente del pueblo que se toma a pecho sus interpretaciones.
Pero detrás de la ficción hay una carga de profundidad contra un sistema arbitrario y unas cuestiones que se quedan en el aire: ¿Cuál es la misión de la religión en las sociedades? ¿Corresponde a las autoridades velar por la justicia, lo hacen? ¿Son impunes los medios de comunicación de los problemas de nuestras comunidades?
En esta película tan pequeña están reflejados, con ironía, pero implacablemente, todos los problemas de la sociedad marroquí.
La ejecución es brillante y la fotografía limpia. Los que puedan verla podrán además disfrutar de los hermosos paisajes del valle del Draá, y sobre todo de sus cielos asombrosos, en este pequeño retrato de una convivencia. Detrás de la pantalla se ve un equipo unido y con talento y eso no es habitual.
Bien por el director, por asumir su responsabilidad ante Moha y ante nosotros, por provocar el debate y por hacernos pensar. Por estudiar de una manera tan simpática dónde termina la ficción y qué es la realidad.
La filmación tiene guiños al lenguaje de Pasolini y al neorrealismo, y en ocasiones recuerda a Berlanga.
Impresiona saber que una película hecha con pocos medios, y seguramente grandes dificultades, no se le pueda reprochar defectos técnicos ni artísticos. Supongo que la podrán ver en las salas habituales de las grandes ciudades, porque es brillante y se distribuirá.
Los marroquíes son nuestros vecinos ¿recuerdan?, en general son ingeniosos y muy divertidos y nos lo demuestran en cuanto les damos ocasión para hacerlo.
La gente en la sala, poca, aplaudió brevemente aunque no era el pase oficial.
Para mí ha sido un gustazo verla.
© Del Texto: Ivor Quelch