El refugio: Incoherencia para adultos

Algunos guionistas y directores de cine deben pensar que los adultos, esos para los escriben y ruedan sus películas, nos chupamos el dedo y que nos lo podemos tragar todo. Me explico. Los contadores de historias pueden recrear mundos fantásticos o mundos reales. Cuando crean mundos reales creo que deben sujetarse a determinadas reglas, siendo la más importante, que lo que nos cuenten se sujete a la verdad (la verdad de la ficción que no es otra que la coherencia), es decir, que el hecho A tiene las consecuencias B y eso es así porque no cabe otra posibilidad. Si no están dispuestos a sujetarse a eso tan sencillo, nos están engañando y la película se convierte en una tomadura de pelo que no se la cree ni el potito por mucho que le den manitas de pintura de modernidad y exquisitez.
Sitúense: Dos heroinómanos. Ricos y guapos, eso sí. Que viven en París en un apartamento estupendo de grande, luminoso y bien situado. Que se meten heroína hasta cuando van a hacer pis y que no dan un palo al agua (¿para qué?). Todo de lo más pijo. Seguimos: el guaperas va y palma de una sobredosis y, como es muy pijo, se muere en el apartamento, en una posición que ya me gustaría a mí que me la explicara un forense. Seguimos: llega la mamá del guapito heroinómano y se encuentra al niño frito, con la babita colgando y todo, y a la nuera con un colocón del quince (no se ha enterado de lo malito que se puso el chaval) durmiendo a pata suelta en la cama del apartamento propiedad de mamá. Con los días, vaya por Dios, la guapita heroinómana se entera de que está embarazada y, ¡Oh!, la suegra como que le recomienda que aborte. La pijita decide que no, que va a continuar contra viento y marea con su embarazo y se va a una casita a la playa, junto al mar (las penas mirando el azul siempre son más poéticas, es cierto). Hasta allí se acercará a visitarla el hermano del muerto (nos enteraremos que lo adoptaron al nacer lo cual no tiene mayor trascendencia para la película, pero así el director le da un tono más profundo a las cositas de la criatura) que encuentra el amor en el frutero del pueblo. Todo muy poético, hasta el cerdo que se le arrima a la guapita porque le gustan las embarazadas (según nos cuenta, quedó tocado porque durante el embarazo de su esposa no se le podía ni arrimar) es poético. Bueno, pues como la heroína que la guapita tomaba hasta ayer al parecer no es problema alguno, ni para el embarazo ni para su adicción, pues como que sólo tiene que preocuparse de gozar su pena, la muerte del guapito. Vamos que ni un mono se le ve a la muchacha, así que lleva un embarazo de lo más placido. Con pena, eso sí, a fin de cuentas su compañero palmó un poquito antes. Seguimos: Nace la criatura, una niña la mar de sana, sin complicaciones, todo muy bien. Todo fenomenal. Estando en la clínica, la guapita, recibe la visita del cuñado, el gay que encontró a su amor en el pueblo costero. Que felicidad, el tito que va a conocer a la sobrinita y nos encontramos con que la mama, que heroína no se mete pero sigue fumando, deja a la criatura en compañía del tito en cuestión y toma las de Villadiego y se va a por tabaco. Fin.
Eso es El refugio. El bodrio dirigido por François Ozon y que tuvo a bien escribir junto al guionista Mathieu Hippeau. Los actores: Isabelle Carré en el papel de Mousse (la guapita), Melvil Poupaud en el papel de Louis (el guapito heroinómano) y Louis-Ronan Choisy en el papel de Paul (el hermano gay). Todos guapos, con una cara de salud que no pueden con ella pese a la vida disoluta que llevan.
Alguien podrá pensar que exagero, pero de verdad que me parece tan poco verosímil que su visión sólo puede llevar al mosqueo. Aún no entiendo como gano el Premio Especial del Jurado de San Sebastian 2009, debe ser por la fotografía que es realmente buena, pero me causa estupor que una incoherencia tal pueda ganar nada.
No voy a perder más el tiempo, están ustedes avisados. A mí me pareció un bodrio, pero claro yo soy de las que cree que la cosa de la heroína es para preocuparse y que la vida es algo más que dejarse llevar sin asumir las responsabilidades de lo que uno hace. Si lo llego a saber me voy a ver una de Walt Disney.
© Del Texto: Anita Noire

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