Bal (Honey): Aplausos y caras de circunstancia

BAL (HONEY) – SEMIH KAPANOGLOU – ZABALTEGUI (PERLAS)

Bal, Miel, es el escueto título de la coproducción germano-turca que presenta el director Semih Kaplanoglu en el apartado Perlas, de la Sección Zabaltegui. Obtuvo el Oso de Oro en Berlín este año y cuesta entender por qué. Parece que es la última parte de una trilogía que se compone de Huevos y Leche. Esto no es ninguna broma.
Es muy posible que los que hayan visto las anteriores tengan algún dato más que yo para comprender ésta, aunque me temo que no hay mucho que comprender. Es lenta y aburrida (y ya van dos, con participación alemana las dos, puede ser algo cultural.)
El caso es que es la historia de un niño (Bora Altas), un niño muy especial y de su vida, en unos valles perdidos en el corazón –imaginamos- de la Turquía profunda. Una naturaleza hermosísima. Su padre se dedica a recolectar miel, son humildes, buenos y limpios, el padre tiene una relación especial con su hijo y todo es bucólico y pastoril. Lógicamente la vida es dura y la naturaleza ingrata y esquiva, algo que ya hemos visto cien veces. Y el aprendizaje del niño de los signos en la escuela, arduo e iniciático porque vive en un mundo propio.
El niño tiene sueños, quizás premonitorios, que solo le cuenta al padre en voz baja; los de la madre son ilusiones. El padre sufre calladamente por intentar sacarlos adelante. Se quieren. Está bien contado.
Se soporta todo por el niño, es estupendo el muchachillo, con diez años y todo el peso de la película sobre los hombros, con aspecto de bueno, muy lindo, con sus pequeñas travesuras y un especial problema con la comunicación y el lenguaje. Está muy bien dirigido.


Hemos de imaginar que la película establece algún tipo de paralelismo entre la vida del niño y la naturaleza, enlazando el ciclo de la vida y el relevo generacional, de una manera muy abstracta, con un halcón que le guía por el bosque, las abejas y los sonidos de los montes. Parece también hablar de la comunión con el entorno y de un tiempo que se termina, para la naturaleza y para una cierta forma de vida. También puede hablar de algo que a mí, se me ha escapado.
Es una película muy poética, técnicamente bien hecha y algunas escenas, como la búsqueda del padre desaparecido en medio de una feria en las montañas, con los hombres y las mujeres danzando enlazados y el niño escurriéndose entre ellos, tienen magia. El fondo son colinas verdes escondidas en la niebla.
El filme termina de cualquier manera y nos deja con una sensación rara de haber perdido un poco el tiempo. Y buscando claves en los símbolos, porque de alguna manera aquí también hay huevos y leche.
A lo mejor en Berlín lo han entendido todos, todo y por eso le han dado el Oso, por eso y por la miel, claro. Les desafía a que la vean si es que alguien se anima a distribuirla.
En el Teatro Principal, la gente parece aplaudir por alivio o por compromiso y luego sale de la sala con cara de circunstancias.
Yo personalmente, estuve a punto de dormirme en un par de ocasiones.
© Del Texto: Ivor Quelch

Imagen de previsualización de YouTube


Comentarios cerrados.