Colours in the dark: Los eternos fundidos

SATTE FARBEN VON SCHWARZ (COLOURS IN THE DARK) – Sophie Heldman – SECCIÓN OFICIAL A CONCURSO


Es una pena, pero esta primera película de Sophie Heldman es lenta y desesperantemente aburrida. Hay después todos los matices que quieran y algún valor, pero son muchos más los desaciertos: unas secuencias infinitas e innecesarias; detalles sin importancia que se justifican una y otra vez como si no pudieramos razonar y sin embargo otros, el título mismo, que desafían, más que a la inteligencia, a la paciencia del espectador. Pretenden hacernos pensar y no consiguen nada porque nos ha dejado de interesar.
Una crisis en la vida de una pareja mayor, provocada por la enfermedad de él, es el pretexto del que se vale la directora para trabajar en una reflexión sobre la vejez y el final de la vida, pero lo hace utilizando unos recursos que consiguen que no nos creamos nada de lo que está pasando. Crea situaciones forzadas sin necesidad, por fallos narrativos y experimentos. No vemos la crisis. No de esas personas, ni en ese momento, ni en esos ambientes, ni con esa familia. Todo es frío y distante. No existe la emoción, ni intensidad y desde esa lejanía es imposible entrar esa situación poco creíble. Y eso no es un fallo de los actores sino de la dirección.
Cuando se acerca el final y empezamos a preverlo, hay como un destello de interés que salva la película del desastre, nos permite una reflexión sobre lo contado y la manera de contarlo, lo que no quita para que acabe de una manera burda y desarraigada (Donde valía con cualquiera de las elípsis con las que nos regaló durante 84 minutos.)
Quizás ese aire de mediocridad y de aburrimiento con el que ha conseguido crear esa atmósfera de un tiempo que se termina (y que no se termina nunca), sea el único acierto del filme.
Me atrevería a decir que el alargamiento de las secuencias, lo superfluo de algunas, lo redundante de miradas y movimientos; y ciertas pretensiones simbólicas, son objetivamente fallidos. ¡Por favor, se hacen eternos hasta los fundidos en negro!
Eso sí, la protagonista, Senta Berger (Anita), es la mujer mayor más guapa que he tenido la oportunidad de ver en mucho tiempo. Verdaderamente hermosa y aparentemente intocada. Tanto ella como Bruno Ganz (Fred), su partenaire hacen lo que pueden.
Por fortuna no es demasiado larga. Jamás pensé que el público en el Kursaal, en el pase de la mañana, descontado un goteo pequeño, pero continuo que abandonó en la primera mitad de la película, fuera a aplaudir generosamente, seguramente por el tema y muchos sencillamente, porque se hubiera terminado. También por el mérito de la directora de meterse en semejante berenjenal.
Me aburrí mucho.

© Del Texto: Ivor Quelch


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