Nothing personal: La estafa de lo extraño

Escribir para este blog no siempre es fácil. Debo reconocer que hoy es uno de esos días que me está costando un mundo. He ido al cine para ver Nothing personal, que no ha sido una película escogida expresamente, sino que era la que estaba a punto de comenzar cuando hemos pasado por la taquilla de la sala, mi acompañante y yo.
Acostumbro a llevar un bloc de notas en mi bolso, sea grande o pequeño. De esa manera, cuando se me pasa por la cabeza algo que creo que es ingenioso, lo anoto. Por lo general, cuando vuelvo a releer pienso que es un asco y ahí queda, anotado para el resto de los días. Les cuento esta costumbre porque cuando voy al cine uso ese cuaderno, o lo que pueda, nada más salir del cine. Una palabra en relación con la película vista. Hoy me siento incapaz. Les puedo asegurar que incluso cuando he ido a tomar un café al terminar he estado pensado, que mientras volvía a casa seguía pensado; y ahora, aún cuando ya estoy escribiendo, no sé cuál es la palabra que uniría a esta película.
Quizás sea más sencillo si empiezo por los detalles descriptivos de la película.  Nothing personal es una película de producción Holandesa e Irlandesa, dirigida y escrita por Urszula Antoniak y protagonizada por Stephen Rea y Lotte Verbeek. Supongo que tras estas palabras de relleno me toca entrar en materia, pero es que no sé por dónde empezar. Por ganar un poco de tiempo les diré que la película ha recibido distintos galardones: Premio a la mejor Actriz para Lotte Verkee y mejor Opera Prima en el festival de Locarno 2009. Giraldillo de Plata a la mejor película en el festival de cine europeo de Sevilla. Lo de los premios cada día lo entiendo menos, de verdad.
Si hablo de la fotografía sólo puedo alabarla. Está rodada en el condado de Galway (Irlanda) y eso siempre es garantía de que los paisajes serán espectaculares, como lo son y, en consecuencia, con ellos, la fotografía ganará muchos enteros. Si además tienen tendencia a la melancolía, no lo duden, el mar, la bruma y la lluvia que aparecen, les embriagará los sentidos. Pero como he dicho en otras ocasiones, la fotografía no lo es todo en una película, necesita de muchas otras cosas. Debo decir que los protagonistas, dos, sólo dos, están espectaculares. En esta filmación sólo hay dos personajes. No aparece nadie más, salvo en dos momentos muy puntuales, enla primera escena en la que aparecen unas personas revolviendo las pertenencias que –Tu- (así se hace llamar la protagonista) ha dejado en la calle tras vaciar su apartamento y, la última, en el pub del pueblo irlandés al que ha ido a parar desde su Amsterdam natal. Estas personas, que son intrascendentes en la historia, no tienen intervención alguna, ni siquiera en la condición de secundarios. Podrían haber sido sustituidos por perros husmeando las cosas o incluso eliminados sin mayor trascendencia. Es una película de a dos.
Ahora debería contarles de que va pero, sinceramente, aún no lo sé. Al comienzo de la proyección debo reconocer que pensé que me encontraba frente a la historia de una mujer a la que le explota el cerebro (en sentido figurado) tras romper, imagino, su matrimonio (más que nada porque aparece un apartamento vacio y quitándose una alianza). que decide empezar a buscarse partiendo de la nada, dejándolo todo atrás, ciudad, bienes, nombre, todo. Pero, esa primera apreciación, que incluso me gustó, se ha ido diluyendo hasta que todo se ha deslizado hasta un lugar que no es cual es, y a algo que tampoco reconozco. Pasé de pensar que me encontraba frente a alguien que se buscaba, a pensar que me encontraba frente a una enferma mental. Y la culpa se encuentra en la incapacidad de mostrar un desenlace coherente con el lío semi mudo en lo que se convierte esta película.
La guionista se carga la estructura que toda historia debe contener: inicio, nudo y desenlace, todo ello solvente; con lo que no consigue transmitirnos nada y su principal personaje, Tu, se queda a medio camino.
La directora, en un intento por ayudarnos a transitar por una filmación que apenas tiene diálogos y que es un disloque; de vez en cuando, haciendo trampa; nos anuncia diferente estados y situaciones mediante unos letreros y voz en off: soledad, el fin de una relación, matrimonio, sola, etc. para que nos enteremos de lo que va eso que nos muestra. Pero, a mi entender, creo que la propia directora/guionista se lía y no sabe ni dónde quiere llegar.
A medida que la película avanza, que la protagonista femenina se encuentra con el masculino (Stephen Rea, al que tampoco consigo poner nombre, pero del que se nos dice que es viudo, vive en una granja en una isla irlandesa, y que es la mar de culto, escucha ópera, jazz y aparece en innumerables ocasiones con un libro en la mano), parece que evoluciona desde la inicial cerrazón hasta un principio de apertura. Pero no se dejen engañar, a medio camino nos la da con queso.
No quiero contarles el final, véanla, pero sinceramente, es para dar de comer a parte a la guionista y directora. No por el final dramático, que ya está bien, sino porque parece que estamos frente la historia de la nada. No nos cuenta nada.
Lo que comenzó como una historia de introversión tras una decepción monumental (que imaginamos), termina como un esperpento, por obra y gracia de un guión que no es que sea raro, es rarísimo.
No puedo decirles demasiadas cosas más. Ahora sí que sé que palabra anotaría; implosión seguida de estafa, pero claro, ya es tarde.
© Del Texto: Anita Noire

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