El cuarto hombre: La inocencia de la mentira

El cine clásico tiene una gran carga de inocencia. El cine clásico está lleno de interpretaciones que se deslizan peligrosamente al histrionismo. El cine clásico muestra cierto abuso de los guionistas al explicar lo que ya está dicho. Pero el cine clásico es verdadero cine, la esencia de eso que se convierte hoy, con rapidez, en un alarde técnico y poco más.
Los muchachos jóvenes comienzan a despreciar esas películas en lo que todo era falso (decorados, efectos especiales y esas cosas). No entienden cómo podíamos tragarnos eso sin que nos pasara nada malo. Habría que explicarles que no nos tragábamos nada. Lo que sí hacíamos era sentarnos en las butacas de la sala de proyección colocando cada cosa en su sitio. La ficción era eso, ficción que podíamos convertir en cosa propia o no. Nadie buscó nunca lo real. Una representación, sí. Esa es la esencia de cualquier manifestación artística.
Volver a los clásicos permite que no confundamos las cosas. Hoy se hace cine, buen cine. Y mejor cuanto más falso es lo que cuenta. Antes se hacía buen cine. Con las mismas reglas de juego.
El cuarto hombre es de esas películas que se olvidan con dificultad. Los disparos son mentirosos, los puñetazos también, los decorados de exteriores de papel. Lo que quieran. Pero es una de las películas más pegadas a la realidad que yo he visto en toda mi vida. Inocente, llena de pequeños gazapos, pero muy de verdad. Cine negro en todo su esplendor. Cine a secas en estado puro.
La trama se trenza alrededor de un crimen perfecto en el que se ven envueltos los cuatro delincuentes, uno que pasa por allí y es acusado de ser el bandido y, por supuesto, una linda joven. Phil Karlson, el director, logra contar lo que quiere con solvencia, con credibilidad aunque todo sea falso y de cartón piedra. Quizás precipita un poco el desenlace, pero esto ocurría antes con más frecuencia que hoy para evitar metrajes excesivamente largos (para la época).
John Payne interpreta el papel de héroe (Joe Rolfe). Collen Gray es la linda dama (pone una cara bellísima a su personaje, Helen Foster). Los criminales son Preston Foster, Neville Brand, Lee Van Cleef y Phil Karlson (uno de los actores más feos de la historia del cine). Todos se desenvuelven francamente bien para lograr que el guión de George Bruce y Harry Essex luzca como lo que es, un excelente trabajo. Los diálogos son los justos, acompasados con el desarrollo de la trama y la evolución de los personajes. Por cierto, es un guión que va al grano desde el primer minuto. Ni una escena de relleno. Y cuenta un crimen perfecto en el que ganan los buenos, claro. Todo desde esa narración que roza el costumbrismo que es tan efectiva.
Una película para ver en familia. Una película para disfrutar comiendo palomitas en el sillón. Una película para poder recordar de qué va esto del cine. Una excelente película.
© Del Texto: Nirek Sabal

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