sep 7 2010

Carne muerta: Un insulto a la inteligencia

Hacía mucho tiempo que no me topaba con una película tan deplorable. Muertos vivientes que se dedican a morder a los pobres mortales (esto ya esta contando un millón de veces), actores que no hacen un gesto (ni uno solo) creíble; diálogos incoherentes, estúpidos y delirantes; un maquillaje propio de fiesta de cumpleaños, el movimiento de la cámara histérico e injustificable, casquería y más casquería, un montaje que se debió echar a suertes o algo así y una trama que da ganas de liarte a mordiscos como hacen los zombies (o lo que sean). Qué desastre de película.
La dirigió un tal Conor McHamon. El guión es de un tal Conor McHamon. Y la editó… Venga, a ver si lo adivinan. Exacto. McHamon. La fotografía fue responsabilidad de Andrew Legge. Supongo que este es el técnico de mantenimiento del foto matón. Creo yo, vamos. Y alguno más aparece en los créditos. Pero no me he fijado mucho.
Los actores o saltimbanquis o aficionados o ridículos o como quieran llamar a esos chicos se llaman no sé qué. Da igual. En fin, que me trae sin cuidado.
Bueno, este pestiño se titula Carne Muerta. En perfecto inglés se titula Dead Meat.
Y ya está. Todo lo que se me ocurre decir de este bodrio no puedo reproducirlo aquí. Si tienen una copia a mano, háganse un favor y tírenla por la ventana.
© Del Texto: Nirek Sabal

Imagen de previsualización de YouTube


sep 7 2010

Mis tardes con Marguerite: Más que amor

La tête en friche traducida al español como Mis tardes con Marguerite es la última película dirigida por Jean Becker y protagonizada por Gerard Depardieu , Gisèle Casadesus, y Patrick Bouchitey. Una historia de amor, de amistad, del descubrimiento de la literatura.
El cine de Becker se caracteriza por ofrecer siempre una mirada reposada del mundo, de la vida cotidiana. Sus anteriores películas Conversaciones con mi jardinero o Les enfants du marais así nos lo muestran.
Mis tardes con Marguerite basada en la novela de Marie-Sabine Roger, es la historia del encuentro entre Germain Chazes (Gerard Depardieu) , hombre de mediana edad, bruto, desconfiado, analfabeto, pero terriblemente amable y de una anciana (Gisèle Casadesu), culta, refinada y absolutamente deliciosa. La historia de una verdadera amistad que llega para cambiar la vida de sus protagonistas.
En un parque, Germain, de algo más de cincuenta años, que ha tenido una infancia difícil, alejado del cariño de sus padres y casi analfabeto, se encuentra con Margueritte, una frágil anciana apasionada por la lectura. Cuarenta años y cien kilos los separan. La casual coincidencia de ambos en el parque, al que el primero acude para estar con las palomas y al que la segunda acude a leer sus libros, provocará el inicio de la amistad que les cambiará la vida. Con los días, Margueritte comenzará a leer le extractos de novelas a Germain que descubrirá el mundo de los libros  que, hasta entonces, consideraba ajeno al suyo e imposible de alcanzar; de hecho apenas sabe leer. La transformación del hombre será tan evidente que sus amigos de siempre, los vecinos del pueblo donde ambos viven, dejarán de considerarle un tonto y empezarán a tomarle en cuenta. Sin embargo, Margueritte se está quedando ciega y, por supuesto, no podrá continuar leyendo. Esta circunstancia y el cariño de Germain por su anciana amiga hará que se aplique y aprenda a leer para que, llegado el momento, cuando ella no pueda seguir leyendo sus novelas, pueda hacerlo él. Un sacrificio y esfuerzo titánico en un hombre que nunca se familiarizó con las letras hasta que conoció a Margueritte.

Una película, tranquila sosegada que transpira humanidad por todos los costados. La elección de los actores fue sublime. El gigante Depardieu frente a la nonagenaria Casadesus, con una fragilidad física más que manifiesta, crea un contraste brutal que traspasa la pantalla sin que en ningún momento nos parezca poco creíble.
Al final de la película, a modo de epílogo, la voz de Depardieu repetirá en varias ocasiones que “en las historias de amor, no sólo hay amor. A veces ni tan siquiera hay un “te quiero”, pero hay mucho amor”. Estoy convencida de ello, de la misma manera que estoy convencida de que hay amistades que superan barreras inalcanzables y sin las cuales nuestra vida no sería, para nada, la misma.
Una película amable que les permitirá disfrutar del siempre camaleónico y genial Gerard Depardieur, con una línea argumental sencilla, sin extraños vericuetos, que nos transportarán a la gran verdad de que nunca es tarde para nada pese a que lo olvidemos continuamente.
© Del Texto: Anita Noire

Imagen de previsualización de YouTube


sep 7 2010

El libro de Eli: Yo soy el Alfa y el Omega

“Es The Road con doble de argumento, cuatro veces más munición y la mitad de cerebro: y probablemente recaudará diez veces más’’. Estas palabras las dijo un tal Ty Burr del Boston Globe. Razón no le falta, semejante tostón se lo enviaría a mi peor enemigo a ver si se convierte en buena persona…
Eli (Denzel Washington haciendo el papel de siempre) es un tipo duro que recorre el desierto de Estados Unidos, su objetivo es llegar al oeste pues porta la única copia que queda de un libro muy antiguo: La Biblia. En su periplo se encontrará con todo tipo de personajes, caníbales, mercenarios, malos muy malosos como Gary Oldman y todo tipo de analfabetos. Ah sí, se me olvidaba, nos situamos en un mundo post-apocalíptico, destruido por la mano del hombre. ¿Original, verdad?
Un pastiche kitsch que incluye western con género de acción mezclado con drama e intenciones moralistas cristianas, todo envuelto en una casposidad de guión que dan arcadas tras finalizar la película. Un mero panfleto sobre el bien y el mal, y en el que se da a entender que si uno sigue el camino cristiano será buena persona. Vaya por Dios, nunca mejor dicho.
En cuanto a las actuaciones… ¿las hay? Es decir, la película dura dos horas y prácticamente el único que actúa es Gary Oldman, porque Denzel Washington es como Keanu Reeves, para que se le mueva una ceja tiene que hacer demasiado sobreesfuerzo. Por no hablar de Mila Kunis, que da bastante penita para lo guapa que es. El resto… en fin…
Vale, con esta crítica estoy espeso. Igual que la película. Espesa… muy lenta para lo que cuenta(que no es nada nuevo), vacía en contenido, superficial hasta decir basta. Claro que habrá gente que mire profundidad en el conjunto cuando el héroe solitario va por la carretera y suena esa música anodina, pero yo no trago semejante mamarrachada. No. Que no lo trago.
Al principio hablaba de The Road, una película muchísimo más humilde, perfectamente llevada, con una fotografía espléndida, con mucha más chicha y menos florituras. Incluso era más realista. The Road y El Libro de Eli salieron prácticamente al mismo tiempo en nuestras salas. Para ser precisos, la segunda es el hermano feo. No hay más, lo único que se salva es la música para escucharla aparte, porque la fotografía de Don Burgess es penosa y tengo la sensación de que toda la película se ha trabajado en un maldito croma y luego se ha retocado mil veces en postproducción ya que ni los personajes parecen estar en el entorno, de hecho, lo único potable de la filmografía de este hombre son algunos trabajos con Robert Zemeckis. Del guión mejor ni hablemos. Y lo más irónico de la cinta, es que la salvación (ojo que va spoiler del final) se encuentra en San Francisco, y aún mejor…en la prisión de Alcatraz, donde se empieza a crear un museo y una especie de ciudad fortaleza, con suerte de imprenta y demás parafernalia. Increíble.
En definitiva, la salvación la tenemos al alcance de un libro donde se nos dice que el principio de la humanidad fue un hombre y una mujer puestos ahí porque una mano divina lo dispuso. Luego ya sabéis todo lo que vino, y aburre hasta a un santo.
Una cosa. ¿Por qué en toda suerte de película con rollo cristiano nos sueltan siempre los mismos pasajes una y otra vez? ¿Es que no hay más? ¿La Biblia es tan pequeña que solo contiene las mismas cuatro frases de siempre?
Vaya tostón épico. Adivinen cuál de las dos cosas.
Amén.
© Del Texto: Gwynplaine Thor

Imagen de previsualización de YouTube