Conocerás al hombre de tus sueños: Todo elegante y distinguido

Woody Allen siempre hace lo mismo. Ese suele ser el comentario. No es del todo cierto porque sabemos que puede meter la pata como todo el mundo (¡No me recuerden el promocional de Barcelona!), es capaz de internarse en el lado oscuro, como en Match Point, de ser infiel a la ciudad de sus sueños después de muchos años sin que la echemos de menos, o de utilizar una ocurrencia demencial como pretexto, como símbolo y como farsa para terminar con Un final made in Hollywood. Pero todos entendemos lo que se quiere decir y muchos lo agradecemos. Es lo que sabe hacer y lo borda. No soy yo nadie para afirmar lo incontestable: Es un guionista hábil, un estupendo director de actores y un maestro componiendo equipos. Además, sus seguidores hemos podido ver cómo ha ido perfeccionándose a lo largo de los años.
En Conocerás al hombre de tus sueños vuelve a la fórmula clásica, comedia romántica que arranca con una crisis inesperada en la vida de un personaje, amorosa, por supuesto, a partir de la cual podemos comprobar lo que suele ocurrir en la realidad, que debajo de las apariencias, cada uno tiene sus pequeñas, o grandes, frustraciones, angustias y aspiraciones. A lo largo de la película ese mundo se descoloca y se recompone y mientras lo vemos estamos entretenidos, reconociéndonos, quizás, en el guiño de alguna caricatura. La misma voz en off, eso sí, que cuando era la de Allen tenía mucha más fuerza y la misma música -da esa impresión- de siempre. (Menos mal. No me recuerden el promocional de Barcelona) ¿Hubiéramos esperado que terminara así?
Hay un par de vueltas de tuerca geniales.
Eso sí, como a mí me gusta, todo elegante y distinguido, hasta los que pasan problemas económicos viven como bobos, que es como llaman los franceses a los bohemios burgueses, (porque les recuerdo que, en francés, burgués, también empieza por bo). Todo muy british y muy trendy (galerista de arte, agente literario, escritor en ciernes, vidente perspicaz y actriz que se queda en el camino) lofts, Burlington Arcade y jardines opulentos, el Londres de toda la vida, vamos, sin cutreríos.
Los actores están impecables, especialmente Lucy Punch (Chermaine), exacta, veraz, inteligente, sexy, sooooberbia, en un papel que hubiera sido muy fácil que la devorara y que sin embargo ha exprimido hasta la última gota. Se come los planos, se come a Anthony Hopkins (Alfie), bueno, en realidad, se lo come todo. Los demás bien, Naomi Watts (Sally) también, Banderas (Greg) le pone la cara al capital español (no me recuerden el promocional de Barcelona) y cómo ha hecho un pacto con el diablo o con Pitanguy, está atractivo y correcto, tampoco se podía hacer más. A Gemma Jones (Helena) le va en el físico y solo con verla nos basta. Me apetece nombrar a Juliete Taylor, directora de reparto, que ha trabajado en casi todos los films de Allen y que algo debe de tener que ver en el asunto, aunque solo sea el acierto de contratar a Freida Pinto (Dia) (Slumdog Millionaire, ¿recuerdan?), elegante, morena y guapísima. Josh Broslin (Roy) no me gusta nada, deben de ser cosas mías. Por cierto, fíjense en la mujer que preside la mesa espiritista, ¿no se parece a Mia Farrow? ¡Qué fuerta!
Una película bien hecha, divertida y correcta.
Me gusta Woody Allen y pasé un buen rato. ¡No me recuerden…!

© Del Texto: Ivor Quelch

Imagen de previsualización de YouTube


Comentarios cerrados.