La sirenita: Disfrutando como niños

La última película de dibujos animados que vi en una sala de cine fue La sirenita. Lo pasé tan bien que me pareció alucinante. Debo reconocer que no acostumbro a ver películas de animación porque soy una romántica y me gusta conservar la idea original que tengo de las cosas. Tengo una idea preconcebida de los filmes de dibujos que construí viendo la televisión en blanco y negro, por lo general, y en la sesión continua del cine de mi barrio, las tardes de domingo, si había suerte. La edad me apartó de esas películas y la casualidad me llevo a ellas de nuevo.
Por eso, para mi fue toda una sorpresa, encontrarme de frente con La Sirenita, y retroceder mil años con una facilidad increíble, colgarme del brazo de Ariel, pasearme por el fondo del mar y salir del cine con la sonrisa pintada en la cara y que esta quedara así casi tatuada hasta que me acosté muchas horas después.
Esta película es un musical romántico que sirvió para que Disney volviera a colocarse en la cabeza, nuevamente, de las compañías que producen cine de animación. Leí en algún lugar que fue la última película que se coloreó. Lo que los entendidos dicen, a mano, a partir de ese momento, todo pasó a realizarse por ordenador.
Confieso que me gustó tanto que en su día compré la cinta de video alegando que era para regalar y que, tras la desaparición de estos, compré el DVD pretextando lo mismo. Y no sólo reconozco eso, sino que, debo confesar, que también soy la primera en colocarlo en el reproductor cuando entra un niño en esta casa.

No me cansa, me divierte, me pone de buen humor y, sólo por eso, creo que voy a conservarla sin dejar que ninguna visita enana se la lleve.
La historia, es la adaptación del cuento escrito por el danés Hans Christian Andersen en 1836, publicado en la colección Cuentos de hadas contados para niños. En el original, la sirenita había alcanzado la edad suficiente para subir a la superficie del mar. La primera vez que lo hace, rescata de morir ahogado a un príncipe del que quedará irremediablemente enamorada. Por su amado, hará un trato con una bruja, cambiará su aleta por unas piernas que le permitan vivir en tierra a cambio de entregarle su voz, de quedar muda para siempre, pero el príncipe se enamora de otra mujer. Ante esta situación Ariel puede volver al mar, pero para ello debe lastimar a su amado, por lo que finalmente decide no volver. Este sacrificio, que no llevará a que el príncipe se enamore de ella, sí la salvará finalmente de morir en la nada, convirtiéndose en aire.
Como pueden observar, la historia bien podría ser el argumento de una novela para adultos, el amor sacrificado que no lleva a nada, porque un amor no correspondido se convierte en dolor. Pero el mundo infantil tiene precisamente la gracia de transformar algo tan terrorífico como es la historia de La Sirenita en algo encantador y la factoría Disney, en este caso, lo bordó, no sólo lo mostró bonito, sino que dotó de nombre a la Sirenita, llamándola Ariel, cosa que en el cuento original no tenía, azucaró el argumento y lo dotó de un final feliz que, tampoco existe en el cuento de Andersen.
La Sirenita de Disney es almibarada al máximo, pero muy divertida. ¿Quién no recuerda la famosa canción Bajo del mar que cantan y bailan los peces, caballitos de mar, cangrejo incluido? En esta película todo es agradecido, delicioso, previsiblemente feliz, pero para eso están estas películas, para que los mayores volvamos a sentirnos como críos y los niños sigan disfrutando del desconocimiento de lo que un futuro aciago les depara.
No hay que correr. Las cosas llegan cuando tienen que llegar y no tiene nada de malo entregar grandes dosis edulcoradas de cine a los niños. Deben vivir la cara amable; es lo que les toca, las bofetadas y reveses de la vida ya les llegarán.
Hoy tengo un día regulín, creo que voy a volver a verla.
© Del Texto: Anita Noire

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1 Respuesta en “La sirenita: Disfrutando como niños”

  • Alicia Liddell ha escrito:

    Yo soy una gran admiradora de Disney. Técnicamente fue perfecto, y si no… a ver quién mejora esos enanitos de “Blancanieves”, dibujados y animados a mano, hace más de setenta años.

    Edulcoró cuanto cayó en sus manos y a varias generaciones de niños nos alegró la vida.

    Los cuentos tradicionales son muy crueles. Por seguir con “Blancanieves” la madrastra manda asesinar a la niña y que le lleven su corazón y su hígado para comérselos; las hermanas de “Cenicienta” se cortan el talón y los dedos de los pies para que les quepa el zapatito; al pobre lobo de “Caperucita” le llenan la barriga de piedras y le tiran a un rio… ¿o era el de “Los tres cerditos”?; en fin, son como son y ahora hay varias teorías sobre si se deben contar así o asá.

    La sociedad ha cambiado mucho desde aquellos años veinte (creo), en los que aparecieron los primeros dibujos animados. De las cursis parejas de las primeras películas a “Bella y Bestia” hay un abismo.

    Yo sigo viendo películas de dibujos animados, hechas a mano o por ordenador. Planas o 3D. Creo que las he visto toda mi vida y pena me da la birria de dibujos que ahora tienen que contemplar los niños. Me refiero a los que ven en la tele, sin ninguna calidad artística. Dificilmente les educará en el buen gusto. De otros valores no hablo, solo de estética.

    Y estoy contigo, los números musicales de las películas Disney son geniales.

    Los cuentos son muy crueles