Ego

Hoy hablaré sobre un capítulo, en especial, de esa gran serie de finales de los 80 y principios de los 90 llamada Historias de la Cripta. El capítulo en cuestión es Tenías razón, primer episodio de su segunda temporada en la que una joven Demi Moore hacía el papel de femme fatale gélida como el hielo venida a menos con aires de grandeza y, sobretodo, ambición por el dinero y los caprichos materiales.
Todo empieza con la visita a una vidente bastante excéntrica y aparentemente una persona normal que le pone en el sobreaviso de que en su trabajo la van a despedir, pero que muy rápidamente conseguiría otro (de camarera, valga la redundancia) y que pronto encontraría el amor de su vida, y que éste, sería un hombre rico. Todo sale como predice la adivina, para estupor de una pobre Demi que ve como su vida se va tornando en un pozo oscuro y sin fondo del que no saldrá viva. De oficinista a camarera depresiva en un garito de mala muerte donde se vende mucha carne, y ahí entra nuestro hombre. No entra un rico y guapo millonario de ojos azules, pelo rubio, de complexión fuerte y espartana, no, ni mucho menos. Es un tipo bastante grueso, de malos modales, que viste traje, y parece salido de un film cutre de gángsters, y por desgracia del destino, se enamora perdidamente de ella. Y el tío sin un duro. Ella, muy tonta, consulta a la adivina y le señala que ese es el hombre de su vida, heredará una gran fortuna.
La pobre Demi accede a la petición de casamiento de Fatman (si, así lo he bautizado). Y es en este momento cuando me siento realmente estúpido, o el mundo es estúpido, o el guionista nos ha dicho Sois estúpidos. Ciertamente, el mundo no ha cambiado mucho, ni ahora ni hace 500 años. Mujeres que van detrás de dinero, hombres que van detrás de sexo infinito…A veces hay excepciones, obviamente, y muchas veces llega a existir eso que se llama amor. No creo en el amor. Me parece una tontería hecha por dos. Otra cosa es ser romántico, eso funciona.
Así nuestra femme fatale tira por el retrete toda su vida, por una sola obsesión, trabajando en la casa y en el antro de turno mientras Fatman trabaja para ganar un sueldo que da bastante pena, esclavizada y expectante por la futura herencia de nuestro hombre. Pasan los meses sin ninguna novedad y, asqueada ya de aguantar al macho, acude a la vidente para ver qué es lo que pasa y cómo llegará el dinero. Y esta le responde que muy pronto. Acto seguido, nuestra Demi acude a la lavandería y, sorpresa, es la cliente un millón, y por lo tanto se lleva un millón de dólares. Alegre y dicharachera, llega a casa bien pija y cargada de compras para decirle a Fatman que lo abandona. Éste, roto el corazón, la mata a puñaladas con un cuchillo jamonero. Y para ironía, hereda la fortuna de Demi, pero en la silla eléctrica.
Este capítulo viene a ser el lado oscuro de Pretty Woman, película bastante infumable que marcó a una generación de mujeres que se anclaron en el cuento de Cenicienta. Y por eso lo adoro. Nos muestra algo más real, el egoísmo que llevamos dentro, las ganas de poseer cosas que no nos pertenecen, de querer más y más hasta ahogarnos. Es en este punto cuando me pregunto si muchas de las cosas que veo en la realidad tienen sentido, cuando ves que la ficción no lo es tanto y la realidad se mezcla con ello. Solo hay que coger un periódico, o ver un telediario para saber de lo que hablo.
Tan sólo me queda esperar que el capítulo de hoy os haya gustado chicos… y ya sabéis, la avaricia rompe el saco… moralina de la barata, nunca mejor dicho. Llega antes y se queda un largo tiempo.
© Del Texto: Gwynplaine Thor
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