Gangs of New York: Cuando escribí “me ha gustado”

Lo peor de ver una película más de dos o tres veces es que terminas olvidándolas. Puedes llegar a saber los diálogos de memoria, dónde hay gazapos casi invisibles o el color exacto de la ropa que usa el personaje en cada secuencia, pero olvidas lo esencial, lo que sentiste al ver esto o aquello, lo que evocó una frase determinada al escucharla por primera vez o ese gesto que te pareció único e inimitable.

He visto muchas veces Gangs of New York de Martin Scorsese. Y, seguramente, he perdido por el camino buena parte de lo esencial. Hasta aquí las malas noticias. Las buenas: En su momento anoté todo aquello  que supuso ver la película en una cuartilla de papel que aún conservo. Me parece mucho más interesante reproducir (tal como están) esas notas que buscar profundidades en lo que puedo ver ahora. Nunca es lo mismo. Es un poco semejante a esos experimentos que se suelen hacer con la música de, por ejemplo, Bach. Intentan interpretar con los instrumentos usados en la época, en una iglesia en la que ya se escuchó al estrenarse sus piezas y bla, bla, bla. Pero ¿Y el oído del publico, ese dónde se podrá alquilar? ¿No puede entenderse que esa forma de escuchar ya no existe, que la devoción por la música sacra es otra muy distinta? Nunca es igual. Ni ordenadores ni programas informáticos, ni historias. Nunca es igual. Así que copio esa nota que existe desde el año 2.002.

Este DiCaprio nunca parecerá mayor. Tendrá problemas de credibilidad cuando toque hacer papeles de adulto. Lo intenta arreglar todo poniendo cara de tipo de duro. Si pelea, si intenta ligar con la chica o si va a cantar a coro con sus amigos. Muy por debajo de Daniel Day-Lewis. Incluso de Liam Nesson que aparece un rato por la pantalla para llenarla del todo.

Daniel Day-Lewis es la película. Entera. No su personaje sino él. Amsterdam (DiCpario) y Bill El Carnicero (Day-Lewis) están a la misma altura en cuanto a importancia narrativa. Pero este actor está muy por delante del resto. Cameron Díaz es muy guapa. No puedo decir mucho más. Esa interpretación podría ser la de doscientas actrices cualquiera y no desmejorarían la de ella. Pero son más feitas.

Estética cercana al cómic. No aporta gran cosa a la película. Con otro registro hubiera conseguido efectos similares. Más que nada porque los personajes son muy de cine aunque sus aventuras pudieran cuadrar en el cómic o su vestuario sea, especialmente, extravagante. Los diálogos son más cercanos a lo literario que a los que se utilizan en la novela gráfica. No casan bien. Está gracioso el intento, pero poco más. Tengo la sensación que Scorsese lo usa más para meter de clavo alguna cosa que con una estética más convencional no colaría. Muy bien el vestuario. No podría haber imaginado mejor (yo) lo horteras que pudieron llegar a ser los norteamericanos de esa época. De algún sitio tendría que venir su aspecto actual.

El origen de la ciudad de Nueva York es (parece) lo que quiere ventilar el director. Centro del mundo civilizado, mezcla de razas y culturas de las que procede el nuevo mundo. Elige para ello el lugar más infecto de la ciudad. Five Points. Lo peor de lo peor para explicar lo mejor de lo mejor. Huele a patriotismo estúpido. Y más cuando resalta que aunque eran violentos, ladrones y analfabetos (los chicos de Five Points) tenían presentes los valores más universales y más puros. No cuela.

Sin embargo, la película me ha gustado mucho. No faltan buenos personajes, un intento por crear un clima exacto, unos diálogos que escapan de la pedantería y no caen en lo soez (con esos personajes era más que difícil), los actores y las actrices hacen lo que tienen que hacer y el que peor está lo hace bien. La propuesta en conjunto es atrevida y divertida.

Cuando escribo “me ha gustado mucho” tiendo a preguntarme el porqué. Todo lo anterior ya sería suficiente, pero hay algo más, algo mucho más importante que todo eso. El guión visto como un todo. La estética se acerca al cómic. El guión no. Roza lo literario y, justo cuando se va a mezclar con ello, el guionista se contiene sabiendo que tiene que hacer cine. Pero arrastra, por ejemplo, un concepto del tiempo narrativo, del tiempo histórico y del tempo más que notable. Con ese tempo acelera la acción o la pausa de modo que el tiempo histórico casa a la perfección con el narrativo. Una cosa que me ha llamado la atención son las dos elipsis que incluye ese guión. La primera que va desde el final de la primera pelea hasta que Amsterdam regresa a Five Points se justifica con la primera secuencia de Dicaprio saliendo del reformatorio. Funciona bien. La última más que chapucera la usa el director para explicar lo que ha estado contado durante la película. Sin embargo, evita, con ambas, cualquier especulación innecesaria del espectador. En ese sentido tenemos enfrente una película honesta. Y me gusta el cine honesto.

© Del Texto: Nirek Sabal


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