Robin Hood: Más de lo mismo

Bien saben los que me conocen que si algo me parece terrible para un autor (da igual si es literario, del mundo del cine o musical) es que no pueda resistir el impulso de imitarse a sí mismo. Una cosa es tener un estilo propio bien marcado. Otra bien distinta es contar lo mismo, de la misma manera y con los mismos materiales narrativos. Esas cosas se intentan camuflar, generalmente, eligiendo temas muy grandes o mitos enormes que deberían tapar el autoplagio, pero, casi siempre, es peor el remedio que la enfermedad porque el autor se carga el tema, el mito, su película, su reputación, y a sí mismo.
Ridley Scott es Ridley Scott y nos ha hecho descubrir algo terrible. Ahora ya sabemos que Robin Hood es el mismo personaje que aparecía en Gladiator, el general que interpretaba Russell Crowe. Por cierto, Crowe es Crowe y ha colaborado para que nuestro descubrimiento se produjera echando muy pocas ganas al asunto.
Les garantizo que las películas son muy parecidas. Mucho. Las similitudes son tantas como perjudiciales. Brian Helgeland, el guionista, se ha lucido. Y Scott se ha lucido. Pero el problema de ser una película ya vista la convierte en previsible, aburrida y prescindible. Desde el principio sabemos qué va a pasar, quién morirá, quién se enamorará. No se le escapa un detalle al espectador.
El reparto defiende como puede la bazofia que les entregó un Scott pletórico al decir que esta versión de Robin Hood sería memorable. Eso sí, bazofia envuelta en dólares y más dólares. No es que estén especialmente mal los actores, no, pero eso de repetir las cosas parece aburrido. Crowe imita a Crowe. Oscar Isaac imita a Joaquin Phoenix. Y, así, sucesivamente.

La gran novedad que presenta la película es que focaliza la acción en el periodo anterior al que nos tienen acostumbrados. Robin Longstride es un arquero al servicio del rey Ricardo Corazón de León. Aún no es el ladrón que robaría a los ricos para repartirlo entre los pobres poco después. Está llamado a ser un gran héroe pero, el rey Juan (sucesor de Ricardo) le convierte en traidor y perseguido después de un ataque de celos reales. No diré más sobre la trama por respeto a los que tengan intención de ver la película aunque me dan ganas por si puedo evitarlo. En cualquier caso, si han visto Gladiator ya saben qué pasará.

Un último aviso. Las escenas bélicas son lamentables. Por aburridas, porque no dejan ver lo que pasa y porque nunca sabemos quién está dando matarile. Lo intuimos, pero sólo eso.
Y no voy a gastar un minuto más de mi tiempo en esta castaña pilonga. Queda dicho.


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