Gordos: A medio gas

Cada vez acostumbro a hacer menos caso a las críticas de cine y muchísimo menos caso a las clasificaciones de género que de las películas se hacen. He llegado a pensar que los críticos se chutan algo antes de escribirlas o que la que se lo chuta soy yo cuando las leo. Me explico. Cuando creo que la película es un drama salgo del cine con agujetas de las risas que me he pegado, cuando leo que es una comedia salgo llorando y pensando que el mundo es una pena.
Pues eso mismo es lo que me ocurrió con Gordos. Había leído que se trataba de una comedia de Daniel Sánchez Arévalo graciosísima y yo, inocente de mí, volví a caer en la trampa entre otras cosas empujada por esas críticas que digo y por las ocho nominaciones a los premios Goya del año 2009. De hecho Raúl Arévalo gano el Goya al mejor actor de reparto.
Es una película inquietante. No negaré que tiene algunos golpes de humor, pero hay que tenerlo ciertamente negro para considerar que estamos frente a una comedia. Es un verdadero drama donde se barajan los conflictos típicos del amor, el sexo, la familia, etc, desde el punto de vista del que vive con la obsesión de su gordura y las limitaciones que de todo tipo le supone esa característica ¿física? No sé yo si ser gordo es sólo una cuestión física o tiene mucho de psíquico también.
Primer intento de golpe de efecto de la película: Hacernos comprender que no es lo mismo ser gordos que estar gordo. Segundo intento: clasificación de gordos: el gordo feliz, el gordo inducido, el gordo de circunstancias, el gordo reprimido, el gordo por necesidades del guión, el gordo traumatizado. Tercer y fallido intento: La terapia como medio para solventar carencias y dramas personales que, en este caso, se convierte en un lacónico peregrinar por la vida de distintos gordos. Un ladrillo insoportable, pesado como siete kilos de grasa metida en vena.
Tenía esperanzas en el trabajo de Daniel Sánchez Arévalo. Hacía algún tiempo vi la grandísima Azul oscuro casi negro, su ópera prima y pensé que tras tres años de espera, la película que nos iba a ofrecer iba a ser otra maravilla. Mala suerte, otra castaña al coleto. La película es larga, monótona, aburrida, a los personajes no se los cree ni el tato, las escenas pierden coherencia a medida que va avanzando el metraje , el mensaje y las historias: topicazo sobre topicazo y al final, el resultado es un tueste de impresión.
Contar las miserias humanas no garantiza el éxito de nadie, para eso hay que saber contarlas. Recrearse en ellas no es saber contarlas.

La trama pues está clara, un grupo de gorditos rellenos, que han llegado a gordos por distintos motivos y que se relacionan entre ellos a través de una terapia en la que coinciden todos ellos. Antonio de la Torre interpreta a un gay que es la imagen de una marca de pastillas para adelgazar. Píldoras que él mismo consume hasta quedarse como un figurín pero, vaya por Dios, el estilo le durará bien poquito, en un plis volverá ser gordito relleno. Roberto Enríquez, el terapeuta que conduce la terapia para que los gordos asuman su condición de gordos y aprenda a quererse tal cual y adelgazar, coge tirria a la compañera (Verónica Sánchez) que se ha puesto como una peonza al quedarse embarazada. Vamos que éste lo de predicar con el ejemplo no lo tenía nada claro. La contradicción personificada. Raúl Arévalo es un mojigato con una novia gordita que está más salida que las pistolas del coyote ante la inactividad sexual aparente del novio. Fernando Albizu y Teté Delgado interpretan a una pareja deliciosa, los dos la mar de gordos, la mar de estupendos.
En fin, una película coral que se queda a medio gas. Es verdad que el tema en sí mismo da para mucho, pero no se le ha sacado nada de partido con esta película. La descolocación del que no se acerca a los cánones de belleza imperantes en la sociedad, el desasosiego, desolación y frustración que todo ello genera, pueden ser afrontado desde distintos puntos de vista, la ironía, la comedia o el drama y que lleguen a decirnos algo. En este caso, la mezcla que pretende Sánchez Arévalo no funciona, no toca ni conmueve, la mayoría de las veces no te la crees y el resto está tan cargada de tópicos que dan ganas de salir corriendo. Si les he fastidiado la crítica se siente.
© Del Texto. Anita Noire


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