The Good heart: Humanidad por los cuatro costados

A veces, la cartelera proporciona unas más que agradable sorpresa. Tengo la suerte de tener cerca de casa una sala de cine, de esas que aún hoy en día, ponen buenas películas. No suele fallar. Versiones originales, cine poco comercial y auténticas maravillas.
Eso es precisamente lo que me ha ocurrido con The good heart.
No conocía apenas nada de su joven director Dagur Kari, de manera que entraba un poco a la aventura de descubrir que es lo que iba a encontrarme una vez se apagaran las luces. Puedo decir que la sorpresa fue mayúscula. Un guión bueno, muy bueno. Unos actores superiores. Una película islandesa, aunque totalmente filmada en inglés y en la ciudad de Nueva York, con la interpretación de actores algunos de ellos ya consagrados como Brian Cox (The boxer, El caso Bourne, Match Point, etc) o Paul Dano (La pequeña Miss Sunshine, Pozos de ambición, etc.), pero ni un euro de productoras americanas, lo cual podía ser cierta garantía de no caer en lo de siempre. Todo estaba por ver, el desarrollo del guión y su interpretación, y ello porque las buenas películas tiene eso, un magnífico guión y unos actores que lo bordan; sin esta combinación una película puede quedarse a medio gas o incluso ser una bazofia.
En esta película Dagur Kari nos cuenta la historia de Lucas (Paul Dano), un chico de buen corazón, generoso, amable y dulce, que es incapaz de ver su mundo, aquel en el que vive, una caja de cartón debajo del puente de Brooklyn. Un joven sin ningún futuro que intenta suicidarse sin conseguirlo. Terminará ingresado en un hospital en el que compartirá habitación con Jacques (Brian Cox), el dueño de un bar. Un hombre permanentemente malhumorado, grosero, amargado y cínico que ha sufrido un infarto. El bar es su única vida, y está decidido a que el mismo continúe funcionando cuando él no esté. Jacques decide a acoger a Lucas e instruirle en las extrañas y estrictas reglas con las que él dirige su vida y la de su bar. El método no es demasiado afortunado, gritos, desplantes, y unas normas tan extrañas como sólo atender a los clientes de siempre, no admitir mujeres, etc. Un método y reglas incomprensibles para el joven Luca. Pese a ello, traban una relación de amistad y complicidad que, se verá puesta en peligro cuando al bar llega April (Isild Le Besco), con un sinfín de problemas e historias y Lucas cree que tienen que ayudarla.Puede criticársele que es previsible, que tiene pocas sorpresas, pero es una película dramática realmente exquisita. Una película que respira humanidad por todos los costados en la conjugación entre una persona en el ocaso de su vida y la esperanza que deposita en un joven que nada tenía que esperar de la vida. Los diálogos son deliciosos y exquisitos. Dagur Kari logra una atmosfera acogedora, con una magnifica fotografía que ayuda a crear el clima que conjuga a la perfección con los estados de ánimo de los personajes. Debo reconocer que flojea en su final, pero me gusto tanto mientras la iba viendo que eso (el final) sólo es una pega superable, si uno se recrea en el resto de la película. Ah! y pese a su dramatismo puntual, alguna que otra sonrisa también les arrancará.
© Del Texto: Anita Noire


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