Las viudas de los jueves: Perdidos y quebrados

Si conocen la novela de Claudia Piñeiro, Las viudas de los jueves, seguro que se sentirán intrigados por saber como Marcelo Piñeyro ha traspasado a la pantalla la historia del fracaso que nos relataba. Debo confesar que me gusto. Mucho. Pero ya saben a mi lo argentino es que me tira mucho.
Pero no les voy a hablar de la novela, sino de la película. De una buena película coral en la que diez personajes principales se enredan una y otra para llegar a un trágico final. Los altos de la Cascada es un barrio de la ciudad de Buenos Aires. Una burbuja de lujo y bienestar dentro de una ciudad que empieza a sudar sangre. La vida es ideal, todos son estupendos, todos parecen grandes triunfadores. Una vida idílica de alto standing. Una urbanización separada de la realidad por altos muros y controlada por cámaras que lo ven absolutamente todo, como si fuera el gran hermano. Martín (Ernesto Alterio) es un abogado al que han despedido de su trabajo y no se atreve a confesárselo a su mujer. Gustavo (Juan Diego Botto), es una joven y triunfador empresario que tiene un gran secreto que esconde a todo el mundo. Plata quemada (Pablo Echarri), es el vecino más popular de la urbanización; y Ronnie (Leonardo Sbaraglia), un tipo desocupado que se ha convertido en un peligroso observador. El elenco femenino está compuesto por actrices que, en su mayoría, encaran su primer papel importante. En la piscina de la fashion urbanización aparecerán muertos tres de sus habitantes. La tranquilidad se tambalea, la burbuja se desmorona. El drama está servido.
Es una película estupenda, inteligente que ha sabido mostrarnos la cara de aquella parte de la sociedad argentina (que bien podría ser la de cualquier lugar del mundo), que creyendose segura en su mundo ideal se quiebra (como todas) cuando el país explota, como ocurrió en el año 2001, en Argentina, con el famoso “corralito”.
Esta película es un magnífico thriller, que puede llegar a poner los pelos de punta (así me los puso a mí), cuando vemos a una sociedad retratada y que es la nuestra, donde las clases pudientes, pese a la nefasta actuación de los políticos corruptos e ineptos, la aplaude hasta que a ellos les toca. Una sociedad enferma en la que lo material prima por encima de cualquier otra cosa. Nos estamos perdiendo y eso lo refleja muy bien esta película.
El director inicia la película por el trágico desenlace final y a partir de ahí, a través de la composición de un preciso engarce entre los personajes, montará un auténtico rompecabezas de sentimientos, intimidades y temores permanentemente ocultados en una sociedad donde todo pende de la irrealidad de lo aparente.
Una magnífica película que bien vale la pena ver. Para no perderse la banda sonora. Véanla y recuerden aquello de “Cuando las barbas de su vecino vea pelar…”, y ¡ojo! con las piscinas.
© Del texto: Anita Noire


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