El sexto sentido: Trampas repetidas


Nunca una película tan tramposa tuvo un éxito tan extraordinario. Nunca una película tan mal contada fue creída y aclamada por tantas personas.
No negaré que el director y guionista M. Night Shyamalan hizo un esfuerzo considerable para que nadie pudiera decir lo que digo yo. Pero ese esfuerzo por dejar pistas sobre lo que narraba ya es sospechoso en sí. Si no hubiera hecho trampas ocultando evidencias no le hubiera hecho falta justificar nada. Esas evidencias, que no están presentes en la película (al ser escatimadas), se cambiaron por detalles que sólo un muy buen espectador, o un espectador avisado, o una segunda oportunidad, los hacen visibles. Por ejemplo, Shyamalan debió pensar, que el psicólogo se siente frente a la madre sin hablar, como si no estuvieran juntos, así nadie podrá decir que hice el truco. Y no, querido Shyamalan, es justo al contrario, presentas al espectador eso y no otra cosa para hacer el lío. Más que nada lo hace, creo yo, porque la historia que cuenta es completamente absurda. De momento, lo narra desde el punto de vista del psicólogo. Eso significa que podemos ver este lado del mundo y el de los muertos. La película, entonces, deja de ser realista (tengo la sensación de que el director nos la quiere colocar como eso) para ser del género fantástico o de terror. Jugar a ser realista hace que el espectador sienta sienta angustia o miedo porque le están engañando. Shyamalan hace otra pirula (bastante utilizada en películas de este tipo) que consiste en meternos a un niño como protagonista. Y, de paso, a unos cuantos más, vivos o muertos, que dan un toque mucho más horrible al asunto. Que le pasen estas cosas a los niños ya es el colmo ¿verdad? (No me refiero de forma explícita a lo que pasa por si aún queda una persona en la tierra que no haya visto el film). Haley Joel Osment (el niño) fue nominado al Oscar como mejor actor secundario. Como suele ocurrir, eso obedeció más a lo que acabo de decir que a su interpretación. Un niño asustado y martirizado por los muertos siempre gusta.

Hablar de muertos y de sus deudas con la vida, de su descanso imposible salvo que alguien (vivo) les ayude es otro ingrediente muy efectivo que, por supuesto, aparece en El Sexto Sentido. Ir a la lágrima fácil (también está, también), al amor inolvidable, a la ternura de un niño… Trampas y más trampas. Lo metes todo en un recipiente más o menos vistoso, llamas a Bruce Willis para que de lustre al cartel, y ya está. Es posible que Willis no guste a muchos, pero hay que reconocerle que papel que le dan, papel que defiende con solvencia, y, si el director sabe trabajar le saca petróleo.
Entiendo, de verdad que sí, que la película guste. Hace pasar un rato agradable al que la ve. O desagradable, pero te la tragas con gusto. Aunque, hay otro problema y es que lo que cuenta ya lo han dicho cientos de veces otros directores y mejor, sin tanto fuego de artificio. Porque, al final, todo se resuelve de forma explosiva. Todo se prepara para ese momento final que dejará boquiabiertos a todos.

Pues eso, que si alguien no ha visto la película que lo haga. Sin esperar gran cosa. Un rato entretenido y poco más. Yo, desde luego, ya tuve bastante con una vez.
© Del Texto: Nirek Sabal

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