Cuando Harry encontró a Sally: Ding, dong, un “pero” llama a su puerta

La guerra de sexos. Un hombre y una mujer. ¿Pueden ser amigos? ¿Qué pasa con la maldita tensión sexual? ¿Hay vuelta atrás una vez que se cruza la línea de la intimidad sexual? ¿Qué pasa cuando dos amigos se enamoran?

Harry Burns (Billy Cristal) y Sally Albright (Meg Ryan) se conocen cuando ambos están en la universidad. Sally se ha comprometido a llevar a Harry hasta Nueva York en su coche. Durante las 18 horas que dura el viaje iniciarán una conversación sobre la amistad entre un hombre y una mujer. Acabarán discutiendo, pero a partir de ese momento surgirá, entre ellos, una relación que se mantendrá durante años. En la vida de ambos aparecerán matrimonios y relaciones frustradas, intentos de emparejar a sus amigos. Y, al lado, uno del otro, apoyándose en lo bueno y en lo malo, Harry y Sally.

Los dos llevan años intentando descubrir que es lo que hace que, pese a los años, sean amigos. Harry cree que dos personas de distinto sexo jamás pueden ser verdaderos amigos, pues esa relación terminará indefectiblemente en la cama o contrayendo matrimonio, con lo que la relación de amistad estará finiquitada. Sin embargo Sally, cree que un hombre y una mujer siempre pueden ser amigos.

Desde luego, quien tiene un amigo tiene un tesoro. Los que tenemos esa suerte y tenemos ese amigo, podemos afirmarlo con toda rotundidad. Es maravilloso tener a alguien a quien poder llamar a las tres de la madrugada para llorarle porque has descubierto que el amor de tu vida se ha fugado con la más odiosa de las mujeres.  Es maravilloso tener a quien llamar para decirle que sólo tienes ganas de llorar y que tienes la cara como un loro de tanto moquear a solas. Es maravilloso tener a alguien a quien contrarle hasta las más peregrina de las tonterías y poder reirte de eso mismo o enfadarte hasta los infiernos sin tener que guardar  las formas porque sabes que mañana nada de eso pesará. Y es maravilloso que ese a quien llames pueda ser un tipo estupendo con el que nunca querrías ni irte a la cama ni contraer matrimonio. Pero siempre surgen los peros ¿Qué ocurre cuando uno de los dos se da cuenta de que lo que quiere es precisamente levantarse cada día al lado de ese que, hasta ayer, no habría entrado jamás en esa parcela en la que sólo debe entrar ese a quien se supone que amas? Pues que el desastre está servido, porque o bien uno acaba descubriendo que ese era el hombre/mujer de su vida, o acaba perdiendo un amigo. Así son las cosas.

Cuando Harry encontró a Sally, la comedia de Nora Ephron (su guionista) ponía sobre la mesa el tan debatido tema de si es posible una relación de amistad entre un hombre y una mujer. A finales de los años 80, los reyes de la comedia americana fueron Billy Cristal y Meg Ryan. Esta película la bordaron. Creo que nadie ha superado la química que había entre estos dos actores. Los diálogos buenos y acertadísimos, sin artificios raros, donde todo se pone sobre la mesa (no tiene desperdicio la escena en que Sally muestra a Harry la capacidad de  las mujeres para fingir un orgasmo y echar por tierra su ilusión de ser un seductor). Se acompañó de una banda sonora extraordinaria y de la espectacular ciudad de Nueva York de fondo (los paseos por la ciudad, son indescriptibles). Todo ello hace que ésta sea una de las mejores comedias románticas de todos los tiempos.

No tengo ninguna duda. Esta es una de mis favoritas. Los años la han convertido en un clásico de esta casa, una película que, pese al tiempo transcurrido desde que fue estrenada, no ha perdido ni un ápice de su frescura, de su buen humor y de la realidad que a veces toca a la puerta de esos dos amigos que se convierten en especiales por el juego de la vida.

No se la pierdan. Una joya de las comedias románticas del siglo XX.

© Del Texto: Anita Noire


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