La boda de Muriel: Lo superficial a examen

Que la vida puede ser una porquería no es una novedad. Que las oportunidades de darnos unas risas suelen ser más escasas de lo que nos gustaría, eso lo sabemos todos. Que la gente es más falsa que un duro sevillano, pues también. Que todos buscamos nuestro lugar en el mundo es una realidad aplastante para los que tenemos dos dedos de frente (yo pese a mis cositas, creo que los tengo). Eso es lo que le pasa a Muriel, (Toni Collette) busca su lugar en el mundo. Lo de menos es que ABBA sea la banda sonora de su vida y su aspiración a casarse como si fuera la mismísima Lady Di una obsesión. Lo más importante es saber reconocer lo que uno quiere y salir en busca de ello. Muriel lo sabe y va en su búsqueda.
Una familia con un padre chanchullero metido en política, unos hermanos escapados de las cavernas, una madre permanentemente en la parra, la amante del padre una asesora de cosméticos, unas amigas que son unas harpías, sobrepeso y en la mente de Muriel, la mujer más hortera del mundo, la necesidad de encontrar su lugar en el mundo.
De momento, una escapada a la isla de Hibiscus, un encuentro casual con una antigua compañera del instituto, Rhonda (Rachel Griffiths) y su GPS, empiezan a marcar la ruta, que le llevarán a salir del entorno de una familia agobiante y marchar a Sidney en busca de una vida completamente distinta a la que ha tenido hasta el momento.
Puede parecernos una comedia, y a ratos lo es, pero es una película que pese a los momentos kistch que tiene, lo cierto es que hace una disección espectacular de la superficialidad que nos inunda. Muriel lleva toda su vida escuchando lo inútil que es, lo poco que vale, lo fea que es, lo gorda que está. En realidad, es una tragedia sobre una autoestima machacada por aquellos que deben ser el cinturón que ayude a que uno se sostenga en el mundo. Y es que esta película, bajo la apariencia de lo simple, nos pone frente a los ojos todo un repertorio, triste, de los fracasos personales y de la búsqueda de la libertad personal.
El guión de esta película australiana fue escrito por su propio director P. J. Hogan que consiguió el equilibrio perfecto en esta tragicomedia. Contiene una crítica hacia la vacuidad de la realidad que nos rodea. Las actrices Tony Collette (Que engordó 18 kilos para interpretar a su personaje) y Rachel Griffiths (que terminará en una silla de ruedas), están espectaculares. La acogida de esta película fue tal que P. J. Hogan preparó un remake edulcorado de la misma , que satisficiera más los gustos de los espectadores estadounidense, La boda de mi mejor amigo, pero yo, que como ya he dicho en otras ocasiones, soy muy mía, me quedo con La boda de Muriel, porque las dos tipas (Collette y Griffiths) son estupendas, porque una junto a la otra, tiran la basura por la borda , empiezan de nuevo y, por fin Muriel, empezará a aceptarse como lo que es, una mujer estupenda.
No es que se la recomiende es que casi debería obligarles a verla.
Disfrútenla al ritmo de ABBA o de quienes ustedes quieran, pero véanla.

© Del Texto: Anita Noire


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