El pastel de boda: La boda de todos

¿Tienen algo que ver el amor y el matrimonio? ¿Tiene algo que ver el aparente desastre con encontrar el orden natural de las cosas? ¿Puede algo que empieza fatal, seguir peor y terminar con un mensaje positivo?

¿Puede uno zamparse un pastel teniendo ardor de estómago?

Esas preguntas no las formulo para ahora darle un sermón. No, no va conmigo o sí, pero hoy no va a ser. Hágansela usted mismo. Piense en ellas o no y conteste lo que quiera o no.  Si todo lo anterior le aburre, siempre puede ir al cine y ver El pastel de Boda de Denys Granier-Deferre.

Me tocaba a mí escoger la película, así que miré la cartelera. No vi nada que me interesara. Tras repasarla di con esta película. Leí la sinopsis por aquello de saber con qué nos enfrentábamos. El crítico del periódico la clasificó como un drama  (bien), pero me resultó chocante que un título tan dulzón pudiera casar con un drama. Aún me descolocó más ver algunos fotogramas de la película y pensar en tragedias.

Íbamos a arriesgar. Hace unos años vi algunas películas de Granier-Deferre. Me gustaron y, por eso, no dudé más y nos fuimos  a verla. Debido al cruce mental que comentaba, fui sin esperar nada.

Bérengére (Clémence Poésy) y Vicent (Jérémie Renier) están a punto de casarse. Ella, ha decidido que la boda sea en una finca en el campo, en algún lugar de Burdeos, por el que su abuela siente especial predilección. La película discurre durante las horas que transcurre la boda. Empezando por el momento que los novios se encuentran vistiéndose de tal y finaliza una vez transcurrida la noche de boda (no lancen la imaginación a funcionar, no acertarán).

No se imaginen una boda convencional, pese a que los propios novios lo pretendían al organizar un casamiento la mar de burgués. Todos parecen exquisitos, el lugar encantador, la ornamentación preciosa pero, la vida de sus personajes, aproximadamente unos veintisiete, es un completo desastre. Ni siquiera los novios se libran de la acidez que destilamos las personas cuando la suspicacia y la desconfianza tocan a nuestra puerta. En unas horas todos los malos entendidos que puedan imaginar, todas las confesiones más intrigantes que su mente les lleve a pensar se sucederán y, en el ínterin, dos novios que se están casando sin saber si eso es lo que de verdad quieren hacer.

Y es que no siempre los designios del corazón van parejos a lo que vínculos matrimoniales. En la película varios ejemplos. Encontraran una historia de amor, oculta en el tiempo que termina por hacerse pública cuando sus protagonistas están llegando al ocaso de su vida. Varios matrimonios que se sostienen temblorosos. Personas que se sienten solas y, como decía, dos que no saben ni por donde navegan.

Debo confesar que me gustó, que era previsible hasta el final, pero me gustó. La fotografía es una preciosidad, los actores bordan sus papeles y, desde luego, tiene más miga que lo que parece.

Finalmente llegué a la conclusión de que no estaba frente a un drama, pero tampoco frente a una comedia. Sin embargo, debo reconocer que tiene varios momentos (entre ellos la propia ceremonia, o la confesión del amor de la abuela), que no tienen desperdicio.

Les recomiendo que la vean en versión original, en francés. Es deliciosa y tiene ese toque de sofisticación que sólo los franceses saben dar a su cine.

Una buena película tanto si les apetece pensar sobre ella como si sólo les apetece pasar unas horas de boda casi en directo. No se dejen los tocados y los tacones (eso las señoras), ni las bonitas corbatas (los caballeros) pues de lo contrario dudo que la hermana de la novia (sofisticada, clasista, insensible y borde), les deje participar en la misma.

Por último, disfruten de la banda sonora, bien vale la pena.

© Del Texto: Anita Noire


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